Camila Sepultada en la luz

Marybel Acevedo

“Encontrarse con el pasado es fuerte” 

Su cabello lanza unos visos azules y en la pantalla se muestra cálida y tranquila. “Acabo de salir de una clase de Feldenkrais”, dice Marybel Acevedo colombiana, docente, coreógrafa e investigadora, egresada de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, ASAB, perteneció a compañías de danza contemporánea como Deuxalamori en el rol de bailarina y ha desarrollado su trabajo como coreógrafa de una manera independiente. Su trabajo unipersonal Camila Sepultada en la luz multimedia sobre la escultora Camille

Claudel, fue beneficiada con la Beca de Colcultura 1990, donde obtuvo por su propuesta de danza y escultura una Mención de Honor en el Salón Nacional de Artistas 1991. Participa en la Primera Muestra de Acción Plástica en el Jorge Eliecer Gaitán 1993. Obtiene una beca de creación 2006 del Instituto Distrital de Cultura y Turismo por la pieza coreográfica “48.9 Pasado Meridiano”. Obtiene con dicha obra el Primer puesto en categoría de grupos en el 2007 y Mención de Honor Premio Nacional de Coreografía, Ministerio de Cultura 2008. Su trabajo transita entre la historia de la danza y las biografías de mujeres valiosas que tuvieron un pensamiento crítico y fueron olvidadas en narrativas oficiales. Hace parte del grupo Archivo Vivo “Cuerpos consagrados a la Escena”, Proyecto con

Idartes. 2019 Jurado en diferentes convocatorias de Idartes y Ministerio de Cultura 2019. Invitada al CLAIP. Brasil, Sao Paulo con la Obra: “María Cano, Aún tengo la Palabra” 2019 Ha publicado numerosos artículos en libros y revistas nacionales e internacionales en torno a temáticas de historia de la danza y creación coreográfica. 

 Nos acercamos a Marybel por medio de encuentros virtuales para conocer su obra de 1993 Camila sepultada en la luz, primera beca de creación de Colcultura. La obra es un solo de 45 minutos presentada en diferentes teatros, principalmente de la ciudad de Bogotá. La pieza cuenta con diferentes elementos gráficos, plásticos, sonoros y de movimiento que permiten concebirla como una obra de arte expandido pues no se queda en una sola disciplina, sino que se construye entre varias: La música, inspirada en el amigo cercano de Camille Claudel, Debussy, mezclada con algunos sonidos del cincel; el objeto escultórico como las llaves del manicomio, la cercanía al videoarte por la proyección de las obras de Claudel; la gestualidad material  desatada en la camisa de fuerza; la experiencia escultórica al moldear el plástico y su preparación con la luz; la danza expuesta en la dirección y coreografía por Marybel Acevedo con un esfuerzo de 9 meses en el taller de Artedos en el año 93. 

La obra de Marybel es una investigación exhaustiva y apasionante por la biografía de Camille Claudel, artista plástica del siglo XX (1864-1943), quien pasó a la historia como la sombra de su maestro Auguste Rodin. Sin embargo, bajo la mirada de Marybel, Camille es una artista que merece ocupar un espacio destacado en la historia del arte así como de las famosas galerías de exposición. La escultora resaltó por su sensibilidad y precisión para esculpir manos y pies, su perfección en el uso de las técnicas escultóricas de la piedra y su manera de comunicarse con esta materia, pues comprende la naturaleza de un elemento aparentemente inerte para forjar vida en su interior. 

Sin embargo, a Camille Claudel no se le ha relacionado de primera mano con su obra escultórica, por el contrario, fue opacada en su tiempo por su hermano Paul Claudel y por su maestro y amante Aguste Rodin. Ha tomado tiempo en la historia, reconocer que su obra contiene una autoreferencialidad al ser su propia modelo, que mantuvo una postura y expresiones propias respecto al arte, fidelidad a sus pensamientos y maneras de develar una mujer que comenzaba a cambiar radicalmente para una sociedad que había estado fijada en el desarrollo y trabajo de los hombres.

 

Volver al inicio es como mirarse en un espejo

A medida que transcurre la entrevista imagino a Marybel bailando a Claudel, más adelante imagino a Claudel esculpiendo el movimiento de Marybel. A veces una en la otra, a veces las dos. Volver a los inicios de la obra es como observar a Marybel mirarse en el espejo y hablar sobre lo que ve; lo curioso es que a veces parece que se viera a sí misma joven, otras veces es como si viera a la misma Camille y en otras es Marybel viéndonos a nosotros sin quedarse de pie frente al espejo. 

Marybel nos permitió ingresar en ese espejo, donde los recuerdos y elementos del contexto y de su vida permiten la reconstrucción de la memoria. Volver al inicio es todo un deleite para escuchar. Cuenta que llegó a Camille gracias a la biografía de Anne Delbee sobre la escultora, un libro que compró en la plaza Santander en Bogotá y que no la ha soltado hasta el presente. Con esta primera lectura encontró lo trascendental y difícil que fue la vida de esta mujer y luego de informarse más sobre ella tuvo la fortuna de viajar a Europa a conocer el museo Rodin, donde se encuentra minimizada la obra de Camille, quien, en palabras de Marybel “fue fundamental para el desarrollo de la obra de Rodin”, su maestro y amante. 

A partir de la investigación biográfica, Marybel comienza la creación de la obra. De las reflexiones y análisis sobre la vida de la mujer artista surge un elemento fundamental en la obra: la luz. Aquella que según Marybel sería el elemento con el cual estaría esculpiendo Camille si estuviese viva, y en esa medida pudo adaptarlo al escenario con diferentes intenciones: por un lado, porque le permitió crear atmósferas en la escena para pasar por las etapas de la obra, incluyendo aquí que el principio de la luz retratado también en la fotografía le permitió proyectar en su cuerpo y en el material plástico imágenes sobre la obra escultórica. Por otro lado, porque la luz es el símbolo que usó para volver a traer al presente, o a la historia, o simplemente al escenario, la vida de una mujer invisibilizada. En palabras de Marybel concibe que “Camille, como artista sepultada en la luz, tiene la potencia de atravesar el siglo”, perspectiva que probablemente le devuelve el espejo después de mirarlo por tanto tiempo. 

La luz también fue un detonante de movimientos, imágenes y preguntas, por medio de su idea de cómo ella hubiera realizado esa obra si estuviera viva en los años noventa. Curiosamente Marybel comenta que no conocía a la bailarina Loïe Fuller, a quien llegó diez años después de la realización de esta obra y en donde encontró “vasos comunicantes” entre Camile y Fuller, así como con Isadora Duncan, quien también era amiga de Rodin y Paul Claudel. 

Las preguntas por la creación comenzaron a surgir desde el “cómo hacer esa traducción de vidas”, ¿cómo contar que Claudel ha sido importante para la historia del arte por medio del movimiento?, “¿cómo presentar a una mujer escultora en la danza?”. Marybel conoce a Camile como su sombra, la detalla al punto de describir cómo elaboraba con fineza las manos y los pies, detalle que la sobresaltó, quizás por ser bailarina y reconocer la potencia de energía que se acumula allí, además de observar en las esculturas de Claudel una mujer con una postura retadora, dispuesta, abierta, aspectos que la cultura del temprano siglo XX difícilmente acataba. 

La indagación incluyó también el uso de plásticos para las proyecciones de las obras, el desarrollo de algunos elementos escultóricos claves como las llaves del manicomio en el que vivió 30 años Claudel y otros numerosos elementos que le ayudaron a contar su historia. 

En visión retrospectiva sobre el proceso, Marybel recuerda que la estructura de la obra le era funcional, que podía moverse más fácil por festivales de teatro que de danza, lo que nos da a entender que lo expandido de su obra también radica en esa incapacidad de ubicación en géneros definitivos. De hecho, la plástica de la obra también podría leerse como performance o como acto simbólico sobre Claudel. La influencia del teatro y la danza moderna en Marybel han sido importantes, así como el acercamiento a las artes plásticas, las lecturas y miradas hacia las mujeres que la historia no quiso sacar a la luz. 



El proceso de creación: Coincidir

Una de los aspectos que nos llaman la atención sobre la obra es la cantidad de coincidencias que tuvieron Marybel y Camille. Entre ellos es la fecha de muerte de Claudel que es el 19 de octubre de 1943 y la obra de Marybel se estrena el mismo día exactamente 50 años después. El cuerpo de Claudel queda como N.N. pues muere en el momento de la guerra, el cuerpo de Marybel la trae al escenario para recuperar la luz que nunca le fue dada. 

La obra se compone de relaciones entre las cualidades físicas de Camille Claudel, el movimiento de su vida con las artes plásticas, escultóricas, la luz, el vestuario y la fotografía. Con Camila sepultada bajo la luz, Marybel indaga cómo llevar el cuerpo al lenguaje de la escultura y ese lenguaje intermedio, ese punto de encuentro entre la danza y la escultura lo unió a través de la luz. Mas allá de una representación teatralizada, Marybel encarna a Camille, se reincorporiza con su espíritu, una encarnación o casi a la manera de una posesión vuduu; en sus palabras es “experimentar los estados desde lo más primario”. Hoy el espíritu de Camille regresa, serán las sincronías o esas coincidencias las que le muestren otra vez su presencia, como aquella coincidencia de estrenar la obra el día de los 50 años de muerte de Camille.

La estructura de la obra se divide en 3 partes que se unen entre sí por medio de intersticios, que hacen a su vez las veces de silencio, de una especie de estado místico y transformación en Camille y Marybel.

La primera parte denominada Camila o la figura silenciosa, contiene colores y texturas difíciles de reconocer a primera vista, porque ofrecen más bien una fiesta de imágenes creadas a partir de la manipulación del plástico y del cuerpo como instrumento movilizador. El intersticio correspondiente ocurre con un velo negro como evocando la memoria, con la luz blanca sobre una parte del escenario. 

La segunda parte es Camila descalza atravesando la luna. En este momento aparecen las obras proyectadas de Camille en Marybel, es el momento de mostrar a la escultora en su taller acompañada de la música de Debussy. De allí viene el intersticio a partir de la percusión y el silencio en el cual Camila rompe su obra como señal de los fuertes episodios paranoicos que la llevaron posteriormente al manicomio. En este momento, Marybel trabaja también con un alfabeto clásico compuesto por el cuerpo humano y elige la letra T la cual se lee también como una cruz, aquella que señala entre otras cosas, la relación con su hermano Paul Claudel, el poeta y cristiano francés. 

La tercera parte es Camila sepultada en la luz. Este momento se constituye como la muestra de que la Camille del futuro estaría esculpiendo con luz en vez de mármol. Es una parte delicada, el final, es la potencia de una mujer que ha sido apagada y que tan solo tiene una esquina en el museo que perfectamente podría llenar por completo. “Revivirlo ha sido muy conmovedor”, señala Marybel. 

Para la creación del movimiento, Marybel se apega primero a la idea de presentarla como una mujer creadora, que tenía una noción de cuerpo diferente al de la época y que a su vez tuvo una vida perturbada por decidir su camino. Luego aparece también la idea de hacer una traducción de la biografía a la danza, de allí aparecen juegos inspirados en palabras del texto, el desarrollo de un lenguaje en movimiento y la manera de improvisar en escena acompañada de algunos dispositivos de la coreografía que desarrolló de una manera más bien intuitiva. Otro detonante para moverse fue la importancia, maestría y delicadeza de las manos y los pies de las esculturas, así como la cojera que acompañó a Claudel durante su vida. Ese ritmo sincopado del caminar le permitió desplazarse de otra manera y a otro ritmo por el escenario. Por otra parte, pero sin dejar de ser fundamental para el movimiento, Marybel crea su obra a partir de la conversación con otros escultores, de impregnarse de las cualidades musicales, del trabajo fotográfico de Luis  Cruz, de la conversación con Hena Rodríguez y del taller abierto Artedos, en donde la danza cobraba vida por medio de otras disciplinas. 



Una obra sobre la luz para dar luz 

“El último día del primer festival Off de mujeres que presentaba la obra Camila sepultada en la luz, el teatro se quedó sin luz”, comenta Marybel.

La luz de Marybel alumbró inicialmente a Bogotá, la metrópoli que recibía a ciudadanos de todas partes del país para un porvenir mejor. La efervescencia de los años noventa tenía su epicentro cultural en Bogotá. Pasadas las Bienales

y Coloquios, los rastros del arte conceptual, el videoarte y la performancia se expandían como exploraciones colectivas de los artistas. Bodegas, cafés, estudios, talleres y academias congregaban a artistas de diferentes lenguajes y de manera espontánea se “colaboraban” entre sí. La danza comenzaba a ocurrir en una zona intermedia entre la improvisada contemporaneidad, el arraigado folclore, el escenificado ballet y la expresividad de la danza moderna. En esta amalgama de técnicas, el principio vital era experimentar. Aún no había rótulos como danzateatro, video danza, danza híbrida; ello mismo permitía crear de manera desprevenida en las formas coreográficas, para descubrirse un cuerpo, entender SU cuerpo e indagar por las experiencias íntimas de cada creador. Los focos se fueron encendiendo, y la naciente formación académica, junto con la proliferación de festivales, prometían un porvenir en la danza. 

Allí, estaba Marybel parada bajo la luz de su creación, quien pudo aprovechar la poca necesidad de rótulos para expandir la luminosidad hacia la gestión y realización del Festival Off para mujeres. Esta acción nace luego de reconocer que los festivales de teatro de Bogotá dejaban por fuera un material que seguía siendo interesante para el público y el fomento de la cultura. Por los años 1993 y 1994, Marybel junto con otras artistas de diferentes lugares del país prepararon un espacio donde era posible sacar a la luz sus obras, sin necesidad de pasar por el filtro selectivo de los festivales oficiales. 

Otra de los destellos de la obra Camila sepultada en la luz, fue la posibilidad de que la prensa relatara o criticara obras de danza en aquel entonces. Fue la opción de circular la obra dentro del país y de conocer otros espacios, sectores y personas que también se encontraban en sus propias búsquedas con respecto al movimiento en relación a otras disciplinas artísticas. De hecho, una de las anécdotas importantes para ella y, por ende para nosotras, es su encuentro con la escultora colombiana Hena Rodríguez. La artista que fue la única mujer que hizo parte del movimiento artístico colombiano Bachué, compartió con Marybel un par de encuentros que fueron realmente significativos debido a las coincidencias con Claudel. Ambas mujeres artistas plásticas, con una postura frente a la vida muy alejada del canon femenino de sus épocas correspondientes, ambas invisibilizadas en su momento por el mundo del arte y a cambio señaladas con los prejuicios de la sociedad que probablemente no comprendían sus maneras de ser y habitar. 

El reencuentro con la obra nos permite ver que Marybel, a pesar de haberla dejado atrás hace tantos años, se siente dispuesta a retomar alguna parte de ella. Quizás ahora con otro cuerpo que no sea el suyo, o quizás con el suyo como espejo a la mujer que incorporó en los años noventa a Camille. Este vestigio, queda como una provocación por ahora de la imaginación. Volver a Camille desde el cuerpo y la memoria es todo un reto, destapa lugares que a veces no son fáciles de revisitar; la obra mueve profundamente la vida de su creador y a aquellos que están a su alrededor, y para Marybel aparecen zonas que causan llanto, sonrisas, reflexiones, todas ellas impulsadas por la sensatez que permite la perspectiva y el tiempo. 

Camille Claudel ha representado el inicio de la investigación por otras mujeres importantes para la historia universal; frente a esto, Marybel se muestra como la artista que busca todo el tiempo maneras de contar esas vidas desde la suya, desde su vinculación con el movimiento y más allá de la danza, con la escena misma. “Siempre me he sentido acompañada por Camille”, dice Marybel y luego nos lanza una frase con la cual creo que puede resumirse su indagación y obra: “definitivamente Camille no se deja sepultar”. 

 

Los vasos comunicantes

En el archivo se puede observar la obra completa de Marybel, así como algunas imágenes que acompañaron el proceso. Notas de prensa, certificados de participación, diseños de piezas gráficas. 

Ficha técnica

Dirección: Marybel Acevedo

Coreografía: Marybel Acevedo

Intérprete: Marybel Acevedo

Imaginación fotográfica: Luis Cruz

Vestuario: Sandra Merchán

Técnica escenográfica: Victor Hoyos 

Proyectores y estudio de sonido: Andrés Silva, Frontera Audiovisual, Universidad Jorge Tadeo Lozano

Video: Fernando Noguera, Video Equipos, Arte Dos Gráfico, Silvia Krohne

Computador y video: Miguel Mateo Urrutia

Diseño gráfico: Claudia Vergara, Mónica Navas, Arte Dos Gráfico

Música: Juan Carlos Peregrino, Gonzalo Villamizar, Claude Debussy, Nina Hagen 

Texto: Camille Claudel, autora Anna Delbee. Editorial Circe 1997

Artista plástico: Alberto Riaño

Premio beca de creación Francisco de Paula Santander. Colcultura 1993

Mención de honor VI salón regional artistas

Presentada en XXXV Salón Nacional de artistas

Danza expandida en la obra

La pregunta de Marybel Acevedo sobre cómo crearía Camille Claudel su obra escultórica a finales del siglo XX, la condujo a una materia simbólica, a una esencia que en el arte revela u oculta: la luz.

A través de la luz, Marybel ilumina la presencia de Camille. ¿Cómo danzar la luz? Corporalizando esa presencia espectral que se revela con la iluminación; con la proyección de diapositivas sobre un lienzo carnal; con el uso del video como soporte simbólico; con los brillos sobre el plástico para moldearlo; con la tridimensionalidad de su cuerpo desnudo delineado por las sombras; con las sombras y la oscuridad de la soledad o las incandescencias maníacas de la locura; con esta obra cinemática de imágenes, kinética lumínica de danza e invocaciones, Marybel danza su luz.

Proponer a la luz como materia, transparenta la esencia (ousía) del arte, y resplandece su origen simbólico a la manera de revelaciones y hierofanías; apariciones espectrales, perceptuales físicas y mentales, que le indican al ser humano su porvenir, y así mismo, Marybel iluminada, ilumina, enfoca y alumbra la condena de una artista mujer, quien fuera silenciada, para revivir su permanencia en la historia.

Camila sepultada bajo la luz proyecta una danza expandida entre los espectros bajo las manifestaciones lumínicas, como medio de encarnación, como umbral de comunicación entre Camille y Marybel, una disolvencia de imágenes continuas, de flujos encadenados a la sobreimposición de imágenes reales y digitales que desatan a Camille, como un palimpsesto entre la tragedia de Camille y la pasión de Marybel.

Escultura cinética, obra multimedia, poesía en escena; mezcla de pintura, escultura, teatro, video, movimiento, luz, ritmo, efectos visuales; danza teatro; integración del arte y la ciencia; fueron las denominaciones que intentaban enmarcar este acontecimiento artístico. Es allí donde lo expandido aparece, para no dejarse fijar, para permanecer y no desvanecerse al apagar las luces; gracias a su descentramiento del tiempo calendárico, pues su contemporaneidad atraviesa la línea histórica desde el comienzo del siglo XX hasta nuestros días.

La volumetría de su cuerpo desnudo expone la fragilidad femenina, que descubierta por texturas naturales emula la manera en que la forma emerge de la arcilla para crear una escultura. Su cuerpo recompone los gestos escultóricos de Camille, con los detalles contenidos en sus manos y pies. La piel como lienzo de las proyecciones encarna las esculturas y les devuelve la vida, animándolas en el sentido de retornarles su ánima.

Marybel enfoca su movimiento en la encarnación de Camille, con un paso distante a la representación teatral; y más bien un paso cercano a la animación del espíritu. Durante meses de ensayos, se convoca para adentrarse en los estados de alucinación y lucidez de Camille, a sentir su cuerpo que cojea, a moldear la arcilla con sus manos, y atravesar la luminosidad de su presencia con la danza. La energía impuesta en sus impulsos son las provocaciones de un alumbramiento espiritual para fundirse entre su querida Camille y su proyectada Marybel.  

El tiempo real, escénico, es una proyección metafórica que recobra la vida y obra de Camille. Media hora transcurre entre intensidades emocionales que van dejando una impronta, una huella de Camille; en un espacio (si bien es la caja negra teatral) lumínico, cósmico de profundidades infinitas por las múltiples proyecciones, que envuelven el cuerpo de Marybel; una materia que va transformándose entre la luminosidad del espacio y la expresividad sonora, con exponentes musicales que motivan a la luz y la sombra, como Debussy y Nina Hagen; mezclados en la composición original que evoca las atmósferas luminiscentes de la escena.

La luz vincula, se manifiesta por medio de diferentes lenguajes como el video, la fotografía, la danza, la gestualidad, la plástica lumínica, la música y por supuesto, la escultura. En medio, Marybel con su cuerpo danzante nos acerca a la vivacidad de la creación femenina.

Investigación realizada con el apoyo del Programa Nacional de Concertación cultural.

Revista Paso al Paso, 2020. ISSN: 2711-4783 (En línea).

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