DANZA PARA RECOMPONER

Subterráneo (1993)

Beatriz Vélez Álvarez

En medio de la Medellín de los años noventa, (sí una vez más hay que decirlo, entre la violencia y las bombas de Pablo Escobar) las corrientes neopunk y metal eran un flujo de escape y rebeldía. Las voces de los jóvenes se alzaban y la música rock metal era un detonante para quemar sus desafíos con el pogo. Entre esos contrastes, el lugar de la feria de ganado,  acogió a estas tribus para realizar sus conciertos y encuentros. Presente, una joven, casi rapada, bailarina, musa de Peter Palacio, entre clases de danza y extenuantes ensayos, transeúnte de la ciudad, con una observación crítica, y rechazando los desbalances de la ciudad, emerge Subterráneo.

carrera / sobrevivir / flores podridas / underground / subterráneo

DANZA EXPANDIDA EN 'SUBTERRÁNEO'

Para visualizar a Subterráneo a la luz del concepto expandido,  es necesario ubicarse inicialmente en el contexto. Medellín de los años 90 es una ciudad con intenciones de progreso, simultáneo a ese avance, la cultura, la sociedad y el arte se abren nuevos caminos explorando con múltiples motivos e intenciones creativas. La danza comienza a tomar un lugar importante en los escenarios y los nuevos creadores se cuestionan otras relaciones con el movimiento, como es el caso de la obra de Beatriz Vélez. Ella quien además contaba con una formación importante en el terreno de la danza, se ubicó en una especie de ‘anti danza’ no porque no se moviera, sino porque lo hizo desde otros lugares: desde la relación de la corporalidad por medio de la cultura punk, el metal, la calle, la ciudad de Medellín, la confusión política, el mundo joven, los impulsos de crear y decir algo.

En ese sentido la obra expande la danza a cuestionamientos estéticos que estaban por fuera de una complacencia del público. Solo, sola, sus pares metaleros reconocieron en ese acontecimiento un momento destacable. Otros, creerían que era caprichos adolescentes, expresiones de juventud, inocencia e “inmadurez” en la danza. Sin embargo, con la traída de Subterráneo a la luz, podría decirse que aquella juvenil expresión underground obedecía claramente a la contemporaneidad, al ejercicio de poner en duda, de girar la realidad y ofrecerla en escena de otra manera; una elaboración que Beatriz asumió en parte desde la improvisación, desde la transformación del movimiento, desde la imagen compuesta en vivo, desde la música estridente, desde la naturalidad del rechazo, de gritar, de rebelarse.

El diseño del cuerpo en Subterráneo obedece al estallido. No es nada y es todo, está ahí como quiere estar, como siente que debe estar y moverse, sin las restricciones técnicas o estereotipadas de la danza contemporánea. Hay un ser andrógino en un escenario, solo, improvisado, pero con claridades en el desenvolvimiento. No es azaroso, está estudiado bajo la mirada de la antidanza. Contiene una contra posición a la feminidad conservadora de aquel momento. El cuerpo Subterráneo es ágil, versátil, mutante, casi oscuro, casi a toda luz y con la capacidad de transformarse en lo que quería comunicar.

Los movimientos de la obra se recuerdan por medio de las fotografías, (teniendo en cuenta que la misma Beatriz estudio esta disciplina por un tiempo). La antidanza, se inspira fuertemente en la música y los movimientos del pogo, además de apoyarse en las proyecciones del escenario para crear una atmósfera más completa. La improvisación en esta obra es un material escénico importante, si bien mantiene patrones de realización, ocurre por medio de las emociones evocadas por lo subterráneo.

Desde la relación con el tiempo, podría pensarse que lo más importante de la obra ocurre en el proceso, tanto así que una o dos veces presentadas, la obra termina definitivamente, quizás porque la indagación llegó a un punto final o suspensivo. También es curioso pensar que en aquel año las reacciones apuntaron a que la obra era un performance y no una obra de danza, tampoco tenía que ser alguna de las dos, podía ser ambas cosas al tiempo. En escena el solo de 20 minutos es suficiente para presentar el universo Subterráneo, así como la condensación de fotos puestas sobre música y estas a su vez en el cuerpo.

Respecto a la relación espacial, se observa que, aunque fue presentada en el Teatro Universitario Camilo Torres, fue vivida y experimentada en la calle, en la feria de ganado, en el campo de Santa Elena. Una obra recorrida en otros lugares para luego llevar todo ello a la caja negra. Sobre el tema, es clara la relación con la cultura punk mezclada con otros indicios underground, el metal, los signos callejeros. Todo ello mezclado con lo andrógino de un cuerpo en medio de una ciudad que buscaba para entonces una especie de progreso industrial. Nada clásico.

La música y la atmósfera de la obra se dirigen a la evocación de la cultura metal y punk, que aunque diferentes en sus características sonoras, surgen de movimientos culturales underground y bajo principios estético similares. La exploración con el movimiento de Beatriz, puso a Subterráneo en un ambiente híbrido, donde muchas personas encontraron identidad aun sin necesidad de inscribirse a una cultura específica. Este hecho, pone a la obra también como una ficción dentro de la ciudad pero que nace de allí mismo, considerando la cantidad de contradicciones que propone la Medellín de los 90: una tensión entre el progreso, el regreso, la imagen brillante y la podredumbre de una sociedad. Subterráneo se vale de las tensiones para crear su atmósfera apoyada en la luz, las proyecciones de imágenes de la ciudad, de fotografías propias, de un vestuario con costillas falsas, del cuerpo, del sonido metálico.

Finalmente la expansión de la obra alberga otros signos y lenguajes traídos de otras culturas, como por ejemplo las intervenciones a las fotografías bajo una especie de  signos de runas nórdicas, la exploración del movimiento en medio de la carnicería más grande de Medellín, unos indicios de simbología de ritual mezclada con las nociones de progreso industrial, el uso de elementos importantes para el punk y el metal como los colores oscuros, el uso del cabello, el cuero, lo metálico, entre otras.

En contra de todo

Subterráneo

Es el rechazo de la ciudad hosca de los noventas como era Medellín. La expresión juvenil, la creación colectiva y la improvisación sin límites, rompieron con los cánones de la danza escénica en la ciudad para aquel momento.  Por su descripción, es difícil imaginar una danza en calma, pues, la palabra metal es contundente, es rasante no concilia la belleza, es una declaración fulminante. Surge entonces la idea de una ‘antidanza’, destructiva hasta del propio cuerpo. Una menuda figura expulsando en potencia todas las técnicas habitadas en su cuerpo: ballet, moderno, contemporáneo y artes marciales.

Subterráneo es un collage de coincidencias que impulsaron la creación, por una parte el estímulo de la beca de Colcultura, y por otra, los amigos cercanos que crearon la música, la chica recomendada para el vestuario y las fotografías que fueron proyectadas con un proyector de diapositivas. El archivo está disperso, la memoria va retornando las sensaciones del movimiento. Cada fotografía despierta un recuerdo entre los huesos.

¿Cuál fue su impulso creativo para Subterráneo? ¨querer decir algo, comunicar, crear, indagar, experimentar, jugar¨ nos dice Beatriz.  La exploración, el laboratorio, el experimento, la improvisación como material de creación y como material de escena. En su proceso acontece una insistencia por crear, por comunicar por usar “la escena para decir cosas”. Desde Subterráneo sus impulsos creativos continuan moviéndola en esta dirección, en la cual el proceso es la obra misma, más allá del resultado, y explica que quizás por ello sus obras solo se presentan una sola vez, ha sido una coincidencia, pero también una forma de comenzar nuevas indagaciones.

Notaciones de Subterráneo (Fragmento)

Subterráneo fue un solo “una hora ¡yo solita en el escenario!, era demoledor” con música ultra metal en vivo del grupo Reencarnación (pioneros del metal en la ciudad, banda liderada por Víctor Raúl Jaramillo, quienes gestaron el subgénero ultra metal), estética punkera del 90 antioqueño, y diapositivas proyectadas sobre el cuerpo con signos abstractos o texturas de colores desgastados; la obra vinculó los pensamientos sobre la ciudad con la danza multidireccional, las fotografías, las proyecciones con juegos de luces, las sombras chinescas, el punk, un vestuario con seis costillas y el frenesí de una juventud al margen.

Al margen fue también el proceso de creación, con muchos ensayos en la sala de la casa de un “noviecito que tenía en ese tiempo”, itinerante entre salones de danza y la universidad; al margen de formalismos compositivos que le dieron la libertad y atrevimiento desenfreno de abordar un solo en escena con instancias improvisadas; de danzarse el ultra metal, un género enérgico y sin límites, contra armónico de la danza clásica como el ballet, y hasta incluso de la danza contemporánea que comenzaba a explorar; por fuera de estructuras dramáticas, y más cerca de instantes fotográficos como el movimiento des fragmentado de Muybridge.

Subterráneo es adentrarse en las realidades de una ciudad que muchas instancias sociales pretendían negar. Esas grietas que se abrían entre los diferentes sectores, siguen siendo atravesadas por la observación detallada de Beatriz Vélez, capacidad con la cual ha creado un leit motiv y cada vez, en cada obra, toma una perspectiva distinta, pues siempre tiene algo diferente para decir. Puede leerse en su discurso y creaciones, que Medellín le ha marcado contradicciones que se vuelven creaciones, hay un versus en sus obras algo de un lado y de otro que se confronta en escena.

Ante la pregunta de si remontaría la obra o la volvería a bailar, su respuesta contundente es: No. Respuesta fiel a sus maneras de creación, a su deseo por continuar indagando, a la permanente investigación,  puesto que regresar a una obra, es cruzar un espacio que ya fue indagado. Beatriz cuenta que una de las cosas de la cual ha tomado distancia es con los momentos de improvisación en la obra: “cada vez me parece más difícil esa situación, para quien lo haga, mis respetos, porque es difícil encontrar cómo no pegarse solo de la emoción en la improvisación¨. Hoy, 27 años después, su creadora y bailarina, reflexiona sobre el elegir que fuera un solo. Un formato que requiere un gran esfuerzo para sostener la escena. Hoy esa decisión no sería tan a la ligera. También se cuestiona sobre la relación con la música...

Su espíritu rebelde continua, ahora con el humor como acto de resistencia y de ironía. De aspecto tranquilo, se muestra en un espacio con colores en diferentes partes, nos permite acceder a su casa por medio de la cámara y la generosidad de su discurso lleno de datos e ideas relevantes que nos abren cada vez el paso dentro de su casa creativa. Aunque sabemos que la primera entrevista nos permite llegar solo a la sala, nosotras queremos entrar hasta el cuarto, sacar las cosas de los cajones y redescubrir aquellas ideas, nociones, creaciones que al día de hoy toman una vigencia diferente. Quizás es una lectura caprichosa, pero de eso se trata.

Beatriz Vélez suelta de a poco frases fulminantes en su discurso, son pensamientos construidos, argumentados y a veces nos dejan sin qué decir. Por ejemplo, al contarle sobre nuestra apreciación de su obra Subterráneo como una creación que explora el concepto de la ‘danza expandida’, ella se muestra sorprendida pues como nos dice, duda de que alguna de sus obras sean trabajos terminados y que más bien son experiencias en un lugar y momento específico y que probablemente por eso mismo no suele repetir mucho sus obras. Hablamos luego de otras obras...y de su sentido de creación, donde experimentar y el proceso para hacerlo es la razón misma. Como lo enuncia, sus obras escasamente se presentan más de una vez. No hace falta, eran eso, un experimento que se renueva con el siguiente. Por ello le han dicho que sus acciones son más cercanas a lo performático, es posible, sus acontecimientos han estado tanto fuera de la caja negra como adentro, o incluso en la caja de la pantalla como videodanzas.

La resistencia, metodología,  es seguir siendo fiel a sus juegos, sus indagaciones, sus exploraciones y sus laboratorios creativos. Como bailarina se ha presentado de manera polifacética, con la depuración de una técnica que su cuerpo ha moldeado para su libertad. Como coreógrafa, se resiste a caer en las convenciones, en los fascilismos, en las recetas que sabemos funcionan. En cambio, se reta y reta a sus bailarines, y de alguna manera magistral permite que el individuo emerja, pues cada bailarín así dance sincrónicamente con su grupo, es único en la energía y sinceridad de sus movimientos. Es comprensible que una mujer que rompió los moldes, proteja y exhale la libertad e individualidad de sus bailarines.

Recorriendo su archivo

Fotografías exploratorias en lugares abiertos y simbólicos como en la feria de ganado.
Piezas gráficas cuyo diseño cuidadoso da cuenta del tema de la obra
Notaciones y guiones, contrario a lo que podría pensarse sobre una obra cuyo insumo escénico fue la improsivación, las pautas estaban delimitadas y concebidas para un flujo del movimiento.

Biografía

"La danza es un infinito mundo de cosas que se vienen a la vez”. Beatriz Vélez Ávarez.

Beatriz Vélez Álvarez (1970 - ). Coreógrafa, docente y bailarina. Maestra en el método Feldenkrais. Inicia sus estudios de ballet a los cuatro años de edad en el Instituto de Bellas Artes, consecutivamente pasa a la Academia Marielena Uribe, el Ballet Gran Colombiano de Bogotá y la academia Danzarte de Medellín. A comienzos de los años noventa era una bailarina que reunía las características a nivel técnico e interpretativo para generar una danza con una identidad propia arraigada dentro de los presupuestos estéticos de esta época.

Impulsada por su instinto, comenzó a estudiar la danza y explorarla desde sus potencias interiores. Dedicada a su pasión, sin importar lo comlejo que era para aquella época pensar en se bailarín. En palabras de María Claudia Mejía:

“Pero con la misma Beatriz Vélez, la bailarina que traía una particular trayectoria en danza contemporánea, aprendió por diferentes circunstancias a practicar en lugares que no siendo los más apropiados le permitieron, en medio de la holgura, tener un mayor acierto en las preferencias del tránsito de su cuerpo. Una primera generación en la ciudad dijo: Asumiré la danza como mi proyecto de vida”.

Obtiene el título de especialista en producción y composición para danza en el Amsterdamse Hoogel School Voor de Kunsten en Ámsterdam, Holanda, en el departamento SNDO (Escuela para el Desarrollo de la Nueva Danza). Fue bailarina fundadora y asistente de coreografía en Danza Concierto, allí  participó en las obras: Los Hijos del Sol, Homenaje al Campesino, Benkos, La Bella Remedios, Recicle, Anamorfosis, 510 Lunas después,….Esa vana costumbre del Bolero, Entonces que…, La casa de Bernarda Alba y La Gaitana.

Exploraciones de Subterráneo en la Feria de Ganado de Medellín.

En Holanda, danzó bajo la dirección de Khosro Adibi, Ivana Müller y Joao Adreazzi. Como coreógrafa ha trabajado con el Taller de Teatro El Chisme, el grupo de proyección de la Escuela Popular de Arte (E.P.A), el Teatro Popular de Medellín (T.P.M), el Espectáculo Navideño de  Noel, La Mosca Negra, entre otros.

Entre sus obras se encuentran: Subterráneo (1993), ganadora del Premio Beca de Creación, Colcultura 1993; Canto salvaje (1995) con Francisco Cuervo; Es un sacrificio (1996), que obtuvo el primer puesto en el Concurso de Coreografía Ciudad de Bogotá, 1996; Is my space (1998); Casa Babylon (1999); Alba (2002); Tres por mil (2004); y Rufino (2008), creación colectiva con Juan Carlos Pabón, que obtuvo la Beca de Creación, 2008. La videodanza Bailando la Casa (2005).

En 1993 recibió la beca de creación para jóvenes creadores de Colcultura; en 1996 la obra Es un Sacrificio recibió el primer premio de coreografía “Una Ciudad que Sueña”, Bogotá.

En 1996 se le otorgó la beca Carolina Oramas del ICETEX para estudios en el exterior, en 2006 el videodanza Bailando la Casa fue beca de creación de la Secretaria de Cultura Ciudadana de Medellín, y en 2008 participa como co-creadora de la obra de danza Rufino, la cual recibe beca de creación de la Alcaldía de Medellín. Desde 1990 ha participado en festivales de danza, teatro y artes en Colombia, Venezuela, Ecuador, Costa Rica, México, Holanda, España, Chile y Perú.

Sobre su proceso de creación, en el libro Conversaciones con coreógrafos de la danza contemporánea en Medellín: “La temática de sus trabajos se define a partir de una pregunta personal que, la mayoría de las veces, traduce el deseo de transmitir o expresar una idea, una situación o una vivencia personal, o, simplemente, nace del gusto de crear danza. Para ella, es la experiencia la que valida la propuesta temática; son las sensaciones que el vivir cotidiano le ofrece las que, poco a poco, van marcando el camino de la creación. La incertidumbre de la vida es la estrategia con la que mejor se identifica a sí misma”.

Ha realizado talleres y diplomados con maestros nacionales e internacionales como Wilson Pico, Marianela Boan, Ann Vachon, Francesco Scavetta, David Zambrano, Katie Duck, Ed Kortlant, Lütz Forster, Maureen Fleming, Michael Moore, Scoth de la Hunta, Ric Allsop,  Domink Boroucki, Luis Viana, Álvaro Restrepo, Marie-France Delieuvin, Khosro Adibi, entre otros.

Su lugar de investigación, Cuerpo Espín, es el impulso de creación, investigación y enseñanza. Aunque no es propiamente una ‘compañía’ en él sí se gestan obras; es un espacio de creación, de intercambio de ideas, exploraciones, improvisaciones; propiamente contemporáneas.

En la actualidad se desempeña como directora de la Licenciatura en Danza de la Universidad de Antioquia, en los cursos de extensión de la Universidad Nacional y en la Academia Villa Danza. Es Magíster en Dramaturgia y Dirección de la Universidad de Antioquia, y continúa su investigación y exploración personal como creadora independiente.

Revista Paso al Paso, 2020. ISSN: 2711-4783 (En línea).

Todos los contenidos de la Revista Paso al Paso circulan bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 2.5 Colombia.