Relaciones propuestas entre la danza y el video: una Opinión

Por: Dana Isabel Jane Piedrahita   

Fotografía por Juan David Poveda

En la cátedra central del curso Historia y Teoría de la Danza de la Licenciatura en Danza de la Universidad de Antioquia, el pasado 7 de septiembre del 2020 la cátedra llevó por Título: “Movimientos del video: Derivas y expansiones del videoarte y videodanza” por el ponente invitado Juan Carlos Guerrero y la profesora Carolina Posada Restrepo; donde el diálogo interdisciplinar se llevó a cabo en un rico entramado de historia, evolución y conceptualización del videoarte y de la videodanza, a pesar del limitado tiempo de la cátedra se dejaron expuestas la diversidad de miradas que como espectadora me hizo formular preguntas como ¿Cuáles son las relaciones entre danza y video? y ¿Cómo se puede interpretar la idea de movimiento en el video? En primera instancia y como experimentadora de videodanzas, lo anterior me llevó a pensar en una relatividad entre la idea del tiempo, el espacio, la técnica, la tecnología y el movimiento que a continuación me propongo reflexionar aquí.  

Los principios del cine datan en la animación y estaba asociado a las artes del ilusionismo, donde a partir de diversas técnicas y engaños visuales se lograba producir en el espectador la sensación de ilusionismo a partir de la sumatoria de la conjugación del registro del movimiento, la artes plásticas, el arte de la edición y por supuesto la producción con complicados y detallados procedimientos análogos que en la actualidad se reemplazan por la digitalidad (Aguiar, 2020) si bien, más allá de señalar el origen del cine, me interesa en un primer momento señalar el registro como función del lenguaje audiovisual.  

La danza y el video han encontrado diálogo desde el momento en que evolucionadas las técnicas del video, como se demuestra en uno de los primeros registros realizados por los hermanos Lumière que fue la Danza de la Serpiente de Loie Fuller en el año 1896, donde se conjugan la capacidad de generar ilusión al mismo tiempo que se registra una danza para la posteridad; esta función de registrar junto con las magníficas evoluciones del lenguaje audiovisual en un diálogo permanente entre el lenguaje artístico y los desarrollos técnicos tecnológicos, han transformado incluso las otras artes como las artes del movimiento como ya veremos, si bien, contando con todas las evoluciones estéticas y extra-estéticas, el video no ha dejado de registrar, sigue registrando de la misma manera que sea un documental como una película ficcional, en el sentido de que registra para posteriormente permanecer, almacenar, modificar y crear, así las imágenes tienen un lugar físico al que aguardan y se ven modificadas por una sumatoria de técnicas, esta función de registrar la comparo con una función humana: la capacidad sociocognitiva de la memoria. Pero no solo el registro audiovisual espeja la capacidad de permanencia, éste es derivado de otras invenciones como la imprenta, la pintura, la escultura, inclusive caminando un poco más atrás la pintura rupestre que además de su función antropológica, son técnicas y formas de “dejar huella” como una especie de necesidad de dar cuenta de sí para la posteridad, esa memoria que comparte una naturaleza individual y global se expande a través de las diferentes técnicas. 

Ahora bien, retornando a la danza y al video creo que en general para las artes escénicas, dejar registro de las obras ha sido menester para la posteridad de este tipo de artes. El registro ha pasado por la hoja y el lápiz, la máquina de escribir, el computador y el registro audiovisual, éste último, parece ser más cercano del procesamiento de la memoria humana la cual es generadora de imágenes y por ende de sensaciones, si bien, desde mi mirada para las artes escénicas, el video no debe ser visto sólo como el registro de la obra, también el video puede pasar a ser una obra en sí misma, ya que tanto lo que se escribe como lo que se registra se torna en una obra de la obra por su carácter original y estético, aunque también sus usos determinan la legitimidad de la misma; por ejemplo, imagínese que está asistiendo un video de una obra de danza Butoh, que se grabó en un pequeño palco con luces frontales y de piso con una cámara fija que sigue los movimientos del cuerpo bailarín, con desplazamientos laterales, zoom in y zoom out, tilt y el chillido del trípode junto con la respiración de quien manipula la cámara, ésa puede ser vista como el registro de la obra para permanecer y difundir, pero al mismo tiempo es una obra de la obra, en tanto la máquina que especta y registra se torna en el ojo subjetivo y maquínico que al registrar ofrece dimensionalidades quizás no contempladas desde la escena pero si desde el lenguaje audiovisual, esto lleva a preguntarse, ¿será que se torna parte de la obra o en otra obra?  

Si bien, yendo más allá del registro de una danza, – que no por ser registro se torna menos importante o menos arte – existe la videodanza, que en el nombre que lleva ya evidencia una relación de por lo menos dos áreas que dialogan: la danza y el video o el movimiento y el video; así se propone entonces una relación simbiótica, donde el uno no es mayor que la otra, sino donde aquella interdisciplinariedad lleva a una transdisciplinariedad que se torna en una nueva disciplina contemporánea, con unas cualidades, temporalidades y circulaciones particulares. 

Desde mi mirada, en este punto es importante distinguir la videodanza del registro audiovisual de una danza, si bien, aunque ambas resuelven lo efímero del acontecimiento danzario, en la danza escénica de video o danza para la pantalla, la obra se sigue dando en el escenario y sigue siendo pensada para la escena, sólo que a ésta se le suma grandes y varias cámaras que registran en planos cerrados, generales y angulares que reúnen diversas perspectivas de una obra completa; normalmente es una obra ya hecha que se adapta para la cámara y por ende para la pantalla, más no es un proceso creativo pensado desde el inicio para y con la cámara ya que la finalidad es distinta en tanto es un producto audiovisual sobre algo ya creado.  

La videodanza, por su parte, ofrece una simbiosis de la cámara con el cuerpo danzarín o el objeto que se mueve, el espacio, los otros objetos, el tiempo, el sonido y quien manipula la cámara, donde la cámara posee por los menos tres objetivos, registrar, contar con una coreografía evidente o encriptada y al mismo tiempo ser el ojo del espectador.  

Por su naturaleza, si así se puede nombrar, la conjugación cuerpo, movimiento, audiovisual y concepto, desestructura los campos conocidos o deja en evidencia lo oculto, la relación de la técnica con el arte, ya que la videodanza como experimento nos acerca a la pregunta por los objetos, ¿cómo nos vinculamos con los objetos? ¿cómo se tornan extensiones de nuestro cuerpo orgánico? ¿cómo estos dispositivos ofrecen otras miradas fuera de la humana? y esto en el hacer, lleva a que muchas experiencias de videodanza rompan con la estructura jerarquizada del lenguaje audiovisual, por un lado, puede ser por la falta de presupuesto o por la facilidad de crear con nuestros dispositivos cercanos y accesibles y por el otro, por la falta de conocimiento del lenguaje audiovisual o por el deseo de hacer las cosas diferentes y porqué no, para emerger una danza desde nuestros dispositivos conceptuales, maquínicos y afectivos como sujetos contemporáneos; las motivaciones son muy diferentes y son sentido por el cual nos encontramos ante un panorama vasto sobre el quehacer de la videodanza. 

En el contexto pandémico, imposible de ignorar, nos vimos volcados a apreciar las obras desde nuestras pantallas, donde en el contexto inmediato percibimos que los tiempos de contemplación para una obra se reducen, donde las imágenes y el sonido imperan con grandeza para reemplazar al tacto prohibido e imposible, nuestros registros corpóreos para las aulas prácticas de movimiento se totalizan ante el recuadro de una pantalla de la tableta, celular o computador y mi generación se ha volcado a exhibir sus danzas en cortos videos de Reels o en casi insoportables 3 minutos de IGTV; como parte de esto percibo como los espacios determinan el apreciar una obra, como el arte y la destreza del movimiento se tornan en una banalidad cuando todo el tiempo el consumo de fotografías y videos de danzas cautivantes se encuentran en las redes sociales; la accesibilidad a las obras generan la sensación de que no importa generar exclusividad cuando ya todo está en la red social, entonces, ¿qué es lo que hace especial a la videodanza en una era de imperancia visual?  

Este es un reto, pero al mismo tiempo pienso que al arte lo hace el acontecimiento. Por su cualidad, las redes sociales son generadoras de emociones de asombro, emociones rápidas, fáciles de digerir y fáciles de olvidar y la videodanza se presenta ante esto, vista como un producto explotado en la pandemia por su facilidad de circulación y de creación, pero que al mismo tiempo precisa ser delimitada, agarrada, condensada, no para ser elitistas, sino para darle lugar y legitimidad al quehacer de la videodanza.  

Si bien, sobre el anterior punto no veo cómo continuar, las discusiones están y no me es imposible dejar pasar de largo las adaptaciones que como artistas hicimos para la pandemia, no sólo la danza se vio frente a un recuadro, las artes en general tuvieron que realizar adaptaciones al lenguaje audiovisual, parecer ser que esa invención que parecía aislada de todas las demás artes, ahora es casi indispensable para por lo menos la circulación de la gran mayoría de las artes.  

Para concluir me gustaría señalar que la relación danza y video es política, en tanto se construyen miradas y nociones del cuerpo simbiotizadas con el lenguaje audiovisual, que por un lado permanecen y por su formato permiten una fácil difusión en un mundo interconectado, además ofrece otras posibilidades de percepción de la danza, distinguida a la “gran danza” -aquella llevada a los grandes escenarios- La relación de video y danza nos abre el panorama de la creación, sugiriendo incluso, nuevas conceptualizaciones de cuerpo, de tecnología, de contexto, de espacio y de tiempo a partir de los registros corpóreos y contextuales que actualizamos como sujetos contemporáneos interconectados. 

Referencias Bibliográficas 
Cátedra Virtual Teatro Performativo y Artes Visuales. En Aguiar, C. D. (2020); Comunicación personal. 
Lachino, M; Benhumea, N. (2012) Videodanza de la Escena a la Pantalla. México. D. F: Dirección de Danza de la UNAM.  
Machala, L. C. (2020) VIDEODANÇA: dos agenciamentos à emergência. Belo Horizonte: Escola de Belas Artes da UFMG. 
*Bailarina formada en danzas tradicionales de Colombia en el Ballet Folklórico de Antioquia y el Ballet Folclórico de UNAULA. Intérprete y Artista formadora en la Compañía Al Paso Escénico de Medellín. En el año 2017 comenzó sus estudios en la Licenciatura en Danza de la Universidad de Antioquia y es profesional en Psicología de la Universidad de San Buenaventura. Desde el año 2018 hace parte del elenco de danza Afro contemporánea Matamba de la Fundación Casa Tumac en la dirección de la maestra Paola Vargas.
Creadora del proyecto Una Danza que nace en el año 2020 por la necesidad de crear una plataforma donde circular los trabajos de la artista y colaboraciones con una mirada para la Investigación-Creación en y para la danza desde la escritura somática, la imagen, la videodanza y el registro audiovisual. Ha experimentado con el lenguaje audiovisual en la dirección y creación de videodanzas, donde las nociones de lo cotidiano y los espacios comunes han sido el escenario para una danza extracotidiana, donde se evidencia su propia metodología de creación: Las Biografías del Movimiento. De sus videodanzas realizadas han participado de Muestras, Festivales y Encuentros de Danza en Colombia y en Brasil, como: Entre (2018) que participó de la muestra Maratón de Movimiento de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia en 2018 y en la muestra de BICICINE en Medellín en el 2019. Primavera en Belo una Coproducción entre Colombia y Brasil (2019) Seleccionada para ser exhibida en el Festival VideoMovimiento de Bogotá en el 2019, presentada en el cierre del Festival Curta-Dança, en el 2020 fue seleccionada en la mostra “Move Concreto Vídeo dança pela cidade» en Belo
Horizonte, Brasil y en la quinta mostra IMARP de São Paulo, Brasil 2020. Absoluto Disoluto (2019) y Ciclón: Parajes de Mujer en Codirección con Kelly Medina Ruíz (2019) Ambas presentadas en el Encuentro Endanzante de Medellín en el 2019. Ad Portas (2020) Videodanza selecciona por la Convocatoria Especial Estímulos por la Vida del Instituto de Cultura de Patrimonio en Antioquia y la videodanza y danza performance Canto Crepuscular. Ganadora de la Convocatoria de Estímulos El Poder de Estar Unidos del ICPA en el 2020. Como idealizadora y coreógrafa en diciembre del 2019 fue seleccionada como artista Internacional para el Festival Curta-Dança en Belo Horizonte, Brasil con el unipersonal de danza contemporánea Vasi(j)a Vacía de UNA sujeta múltiple en la dirección de Johans Moreno Betancur. Obra que ha sido seleccionada para la Agenda Cultural del Municipio de Medellín en el año 2020.
Por: Dana Isabel Jane Piedrahita   

Fotografía por Juan David Poveda

En la cátedra central del curso Historia y Teoría de la Danza de la Licenciatura en Danza de la Universidad de Antioquia, el pasado 7 de septiembre del 2020 la cátedra llevó por Título: “Movimientos del video: Derivas y expansiones del videoarte y videodanza” por el ponente invitado Juan Carlos Guerrero y la profesora Carolina Posada Restrepo; donde el diálogo interdisciplinar se llevó a cabo en un rico entramado de historia, evolución y conceptualización del videoarte y de la videodanza, a pesar del limitado tiempo de la cátedra se dejaron expuestas la diversidad de miradas que como espectadora me hizo formular preguntas como ¿Cuáles son las relaciones entre danza y video? y ¿Cómo se puede interpretar la idea de movimiento en el video? En primera instancia y como experimentadora de videodanzas, lo anterior me llevó a pensar en una relatividad entre la idea del tiempo, el espacio, la técnica, la tecnología y el movimiento que a continuación me propongo reflexionar aquí.  

Los principios del cine datan en la animación y estaba asociado a las artes del ilusionismo, donde a partir de diversas técnicas y engaños visuales se lograba producir en el espectador la sensación de ilusionismo a partir de la sumatoria de la conjugación del registro del movimiento, la artes plásticas, el arte de la edición y por supuesto la producción con complicados y detallados procedimientos análogos que en la actualidad se reemplazan por la digitalidad (Aguiar, 2020) si bien, más allá de señalar el origen del cine, me interesa en un primer momento señalar el registro como función del lenguaje audiovisual.  

La danza y el video han encontrado diálogo desde el momento en que evolucionadas las técnicas del video, como se demuestra en uno de los primeros registros realizados por los hermanos Lumière que fue la Danza de la Serpiente de Loie Fuller en el año 1896, donde se conjugan la capacidad de generar ilusión al mismo tiempo que se registra una danza para la posteridad; esta función de registrar junto con las magníficas evoluciones del lenguaje audiovisual en un diálogo permanente entre el lenguaje artístico y los desarrollos técnicos tecnológicos, han transformado incluso las otras artes como las artes del movimiento como ya veremos, si bien, contando con todas las evoluciones estéticas y extra-estéticas, el video no ha dejado de registrar, sigue registrando de la misma manera que sea un documental como una película ficcional, en el sentido de que registra para posteriormente permanecer, almacenar, modificar y crear, así las imágenes tienen un lugar físico al que aguardan y se ven modificadas por una sumatoria de técnicas, esta función de registrar la comparo con una función humana: la capacidad sociocognitiva de la memoria. Pero no solo el registro audiovisual espeja la capacidad de permanencia, éste es derivado de otras invenciones como la imprenta, la pintura, la escultura, inclusive caminando un poco más atrás la pintura rupestre que además de su función antropológica, son técnicas y formas de “dejar huella” como una especie de necesidad de dar cuenta de sí para la posteridad, esa memoria que comparte una naturaleza individual y global se expande a través de las diferentes técnicas. 

Ahora bien, retornando a la danza y al video creo que en general para las artes escénicas, dejar registro de las obras ha sido menester para la posteridad de este tipo de artes. El registro ha pasado por la hoja y el lápiz, la máquina de escribir, el computador y el registro audiovisual, éste último, parece ser más cercano del procesamiento de la memoria humana la cual es generadora de imágenes y por ende de sensaciones, si bien, desde mi mirada para las artes escénicas, el video no debe ser visto sólo como el registro de la obra, también el video puede pasar a ser una obra en sí misma, ya que tanto lo que se escribe como lo que se registra se torna en una obra de la obra por su carácter original y estético, aunque también sus usos determinan la legitimidad de la misma; por ejemplo, imagínese que está asistiendo un video de una obra de danza Butoh, que se grabó en un pequeño palco con luces frontales y de piso con una cámara fija que sigue los movimientos del cuerpo bailarín, con desplazamientos laterales, zoom in y zoom out, tilt y el chillido del trípode junto con la respiración de quien manipula la cámara, ésa puede ser vista como el registro de la obra para permanecer y difundir, pero al mismo tiempo es una obra de la obra, en tanto la máquina que especta y registra se torna en el ojo subjetivo y maquínico que al registrar ofrece dimensionalidades quizás no contempladas desde la escena pero si desde el lenguaje audiovisual, esto lleva a preguntarse, ¿será que se torna parte de la obra o en otra obra?  

Si bien, yendo más allá del registro de una danza, – que no por ser registro se torna menos importante o menos arte – existe la videodanza, que en el nombre que lleva ya evidencia una relación de por lo menos dos áreas que dialogan: la danza y el video o el movimiento y el video; así se propone entonces una relación simbiótica, donde el uno no es mayor que la otra, sino donde aquella interdisciplinariedad lleva a una transdisciplinariedad que se torna en una nueva disciplina contemporánea, con unas cualidades, temporalidades y circulaciones particulares. 

Desde mi mirada, en este punto es importante distinguir la videodanza del registro audiovisual de una danza, si bien, aunque ambas resuelven lo efímero del acontecimiento danzario, en la danza escénica de video o danza para la pantalla, la obra se sigue dando en el escenario y sigue siendo pensada para la escena, sólo que a ésta se le suma grandes y varias cámaras que registran en planos cerrados, generales y angulares que reúnen diversas perspectivas de una obra completa; normalmente es una obra ya hecha que se adapta para la cámara y por ende para la pantalla, más no es un proceso creativo pensado desde el inicio para y con la cámara ya que la finalidad es distinta en tanto es un producto audiovisual sobre algo ya creado.  

La videodanza, por su parte, ofrece una simbiosis de la cámara con el cuerpo danzarín o el objeto que se mueve, el espacio, los otros objetos, el tiempo, el sonido y quien manipula la cámara, donde la cámara posee por los menos tres objetivos, registrar, contar con una coreografía evidente o encriptada y al mismo tiempo ser el ojo del espectador.  

Por su naturaleza, si así se puede nombrar, la conjugación cuerpo, movimiento, audiovisual y concepto, desestructura los campos conocidos o deja en evidencia lo oculto, la relación de la técnica con el arte, ya que la videodanza como experimento nos acerca a la pregunta por los objetos, ¿cómo nos vinculamos con los objetos? ¿cómo se tornan extensiones de nuestro cuerpo orgánico? ¿cómo estos dispositivos ofrecen otras miradas fuera de la humana? y esto en el hacer, lleva a que muchas experiencias de videodanza rompan con la estructura jerarquizada del lenguaje audiovisual, por un lado, puede ser por la falta de presupuesto o por la facilidad de crear con nuestros dispositivos cercanos y accesibles y por el otro, por la falta de conocimiento del lenguaje audiovisual o por el deseo de hacer las cosas diferentes y porqué no, para emerger una danza desde nuestros dispositivos conceptuales, maquínicos y afectivos como sujetos contemporáneos; las motivaciones son muy diferentes y son sentido por el cual nos encontramos ante un panorama vasto sobre el quehacer de la videodanza. 

En el contexto pandémico, imposible de ignorar, nos vimos volcados a apreciar las obras desde nuestras pantallas, donde en el contexto inmediato percibimos que los tiempos de contemplación para una obra se reducen, donde las imágenes y el sonido imperan con grandeza para reemplazar al tacto prohibido e imposible, nuestros registros corpóreos para las aulas prácticas de movimiento se totalizan ante el recuadro de una pantalla de la tableta, celular o computador y mi generación se ha volcado a exhibir sus danzas en cortos videos de Reels o en casi insoportables 3 minutos de IGTV; como parte de esto percibo como los espacios determinan el apreciar una obra, como el arte y la destreza del movimiento se tornan en una banalidad cuando todo el tiempo el consumo de fotografías y videos de danzas cautivantes se encuentran en las redes sociales; la accesibilidad a las obras generan la sensación de que no importa generar exclusividad cuando ya todo está en la red social, entonces, ¿qué es lo que hace especial a la videodanza en una era de imperancia visual?  

Este es un reto, pero al mismo tiempo pienso que al arte lo hace el acontecimiento. Por su cualidad, las redes sociales son generadoras de emociones de asombro, emociones rápidas, fáciles de digerir y fáciles de olvidar y la videodanza se presenta ante esto, vista como un producto explotado en la pandemia por su facilidad de circulación y de creación, pero que al mismo tiempo precisa ser delimitada, agarrada, condensada, no para ser elitistas, sino para darle lugar y legitimidad al quehacer de la videodanza.  

Si bien, sobre el anterior punto no veo cómo continuar, las discusiones están y no me es imposible dejar pasar de largo las adaptaciones que como artistas hicimos para la pandemia, no sólo la danza se vio frente a un recuadro, las artes en general tuvieron que realizar adaptaciones al lenguaje audiovisual, parecer ser que esa invención que parecía aislada de todas las demás artes, ahora es casi indispensable para por lo menos la circulación de la gran mayoría de las artes.  

Para concluir me gustaría señalar que la relación danza y video es política, en tanto se construyen miradas y nociones del cuerpo simbiotizadas con el lenguaje audiovisual, que por un lado permanecen y por su formato permiten una fácil difusión en un mundo interconectado, además ofrece otras posibilidades de percepción de la danza, distinguida a la “gran danza” -aquella llevada a los grandes escenarios- La relación de video y danza nos abre el panorama de la creación, sugiriendo incluso, nuevas conceptualizaciones de cuerpo, de tecnología, de contexto, de espacio y de tiempo a partir de los registros corpóreos y contextuales que actualizamos como sujetos contemporáneos interconectados. 

Referencias Bibliográficas 
Cátedra Virtual Teatro Performativo y Artes Visuales. En Aguiar, C. D. (2020); Comunicación personal. 
Lachino, M; Benhumea, N. (2012) Videodanza de la Escena a la Pantalla. México. D. F: Dirección de Danza de la UNAM.  
Machala, L. C. (2020) VIDEODANÇA: dos agenciamentos à emergência. Belo Horizonte: Escola de Belas Artes da UFMG. 
*Bailarina formada en danzas tradicionales de Colombia en el Ballet Folklórico de Antioquia y el Ballet Folclórico de UNAULA. Intérprete y Artista formadora en la Compañía Al Paso Escénico de Medellín. En el año 2017 comenzó sus estudios en la Licenciatura en Danza de la Universidad de Antioquia y es profesional en Psicología de la Universidad de San Buenaventura. Desde el año 2018 hace parte del elenco de danza Afro contemporánea Matamba de la Fundación Casa Tumac en la dirección de la maestra Paola Vargas.
Creadora del proyecto Una Danza que nace en el año 2020 por la necesidad de crear una plataforma donde circular los trabajos de la artista y colaboraciones con una mirada para la Investigación-Creación en y para la danza desde la escritura somática, la imagen, la videodanza y el registro audiovisual. Ha experimentado con el lenguaje audiovisual en la dirección y creación de videodanzas, donde las nociones de lo cotidiano y los espacios comunes han sido el escenario para una danza extracotidiana, donde se evidencia su propia metodología de creación: Las Biografías del Movimiento. De sus videodanzas realizadas han participado de Muestras, Festivales y Encuentros de Danza en Colombia y en Brasil, como: Entre (2018) que participó de la muestra Maratón de Movimiento de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia en 2018 y en la muestra de BICICINE en Medellín en el 2019. Primavera en Belo una Coproducción entre Colombia y Brasil (2019) Seleccionada para ser exhibida en el Festival VideoMovimiento de Bogotá en el 2019, presentada en el cierre del Festival Curta-Dança, en el 2020 fue seleccionada en la mostra “Move Concreto Vídeo dança pela cidade» en Belo
Horizonte, Brasil y en la quinta mostra IMARP de São Paulo, Brasil 2020. Absoluto Disoluto (2019) y Ciclón: Parajes de Mujer en Codirección con Kelly Medina Ruíz (2019) Ambas presentadas en el Encuentro Endanzante de Medellín en el 2019. Ad Portas (2020) Videodanza selecciona por la Convocatoria Especial Estímulos por la Vida del Instituto de Cultura de Patrimonio en Antioquia y la videodanza y danza performance Canto Crepuscular. Ganadora de la Convocatoria de Estímulos El Poder de Estar Unidos del ICPA en el 2020. Como idealizadora y coreógrafa en diciembre del 2019 fue seleccionada como artista Internacional para el Festival Curta-Dança en Belo Horizonte, Brasil con el unipersonal de danza contemporánea Vasi(j)a Vacía de UNA sujeta múltiple en la dirección de Johans Moreno Betancur. Obra que ha sido seleccionada para la Agenda Cultural del Municipio de Medellín en el año 2020.

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  1. Responder

    Muy necesario este articulo, gracias por reflexionar acerca de la practica y las múltiples posibilidades que da la relación del movimiento y el audiovisual. Acoto que tambien en un sentido político el registro de obras tiene la categoría de archivo que da cuenta de unos acontecimientos que permiten construir memoria acerca de las practicas artísticas.

    Un abrazo gigante a todo el equipo, que se vengan muchos más PASO AL PASO.

Revista Paso al Paso, 2021. ISSN: 2711-4783 (En línea)

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