Percepción sobre la obra «Tus pedazos de papel»

Por: Yonatan Esneider Gómez

00:00 a 18:20

La magia que se mueve en un cuerpo es el alma. Cuando bailamos, usualmente -al menos así lo siento-, nos preocupamos por mover el cuerpo, no el alma. Algunos se consideran demasiado escépticos para tal afirmación, pero nada más alejado de la realidad. Si un bailarín no lograra percibir su cuerpo y más que su cuerpo, sería -a mi pobre juicio-, un seudo-bailarín. Cuando nos movemos en un escenario, no sentimos solo un cuerpo, un conjunto de órganos conectados entre sí por nervios, venas y el comando central del cerebro; los nervios que sentimos en un escenario son mucho más que señales de frío, calor, o temor. 

Al principio, me intrigó el silencio musical, pero luego tomó mucho sentido: la danza se vive en silencio. ‘¿Qué! Me dirán algunos’. Sí, pues incluso en medio de la música, ya sea de orquesta o la del salón de clases, el bailarín posee una vivencia individual de su cuerpo, de la música, de la danza; más aún, posee una vivencia solitaria, porque dentro del bailarín es como si pudiéramos poner “silencio” al mundo exterior, y solo escucha su respiración, su inquietud, su sudor, su dolor, en una palabra: su danza. Experiencia que ningún profesor puede dar a un alumno, porque es una vivencia fundamentalmente espiritual, que viene de lo más profundo del ser del bailarín y es inmutable e intercambiable. Esa experiencia de soledad me logró ser transmitida por el breve momento de silencio que acompañó a la bailarina al principio. 

18:21 a 22:26 

Profundamente impactante. Me sorprendieron mucho dos aspectos. El primero fue el señalamiento con el dedo índice; el segundo fue el enfoque que tenía la cámara. 

Es bien conocido por todos,  los primeros significados o los más evidentes de este signo. Lo novedoso que encuentro es sentir que no solo señala, no solo “juzga” sino también, dirige. Un bailarín dirige. Dirige sus impulsos, sus movimientos, sus acciones, su danza, su vida ¿Y por qué? ¿De dónde viene esta autonomía! Del reconocimiento de sus propios límites, obtenido por conocer su cuerpo, sus cualidades y disposiciones; el bailarín -al menos desde lo que me planteo en cuanto intento ser tal- logra reconocer una imagen acertada, concreta, auténtica y real de sí mismo, y de este reconocimiento viene todo un desarrollo personal que va a ayudarle en la creación y aceptación de ideales, proyectos, principios, moral, es decir, va a ayudarle a forjarse un carácter. Y del carácter naturalmente, viene el poder dirigir la propia existencia. 

Las historias se cuentan, “de pies a cabeza”, relación muy bien ilustrada en este tramo de la obra, pues muchas historias se pueden crear a partir de los movimientos, silencios y sonidos que hace (¿La bailarina?) con sus dedos. Se dice mucho, pero no sé dice nada, y yo no concibo, aún, una forma de expresarse mejor que esta. Puedo imaginar que pasaría por la mente de la bailarina en esta escena, donde todo parece mezclarse entre la realidad presente y efímera, los recuerdos existencialmente sempiternos, y los sueños que no dejamos de concebir nunca. ¡Qué maravilla es bailar! Bailar desde adentro, bailar desde uno mismo, bailar desde el alma. 

 22:27 a 25:42 

Nuestras obras determinan nuestros pensamientos, y pocas veces es al contrario. “Cogito ergo sum” dijo Descartes, y de algún modo estoy de acuerdo, pero la obra (en este tramo al menos), mas allá de una discusión dialéctica existencialista, me dio una premisa espiritual, a la manera de los apotegmas hindúes antiguos. “Nuestras obras, nos determinan” y en efecto, si pensamos y luego existimos, por lo tanto obramos, la fundamentación del pensamiento sería base de toda nuestra existencia; esto suena muy bello pero es irreal. Pues somos cotidianamente irracionales, nosotros no pensamos todo cuanto hacemos, por ejemplo, ¿Conoces todos los componentes de aquel producto que te acabas de consumir? Más aún, ¿Conoces la composición al menos elemental, del vehículo en el que te movilizaste hoy! Eso quiere decir que son las obras inconscientes y experienciales las que nos hacen pensar: “tal vehículo me lleva; x producto es saludable” y no el conocimiento de ellos. En este sentido, me parece totalmente acertado afirmar que las obras que hacemos son quienes determinan nuestro pensamiento. Esto no es nuevo, pues toda la teología afirma que quien vive más y más en pecado, se imposibilitará más y más para conocer a Dios, suma verdad. Es decir, las obras sin Dios, terminan por hacer el pensamiento sin Dios. 

25:42 a 35:14

Recordé varias veces una bella jaculatoria de Laudes “Dame Señor, como te lo pido: concordia de cuerpo y alma”. Estoy leyendo un ensayo titulado “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” y me parece que hay un punto en común: los grandes detalles, es decir, aquellos gestos pequeños que normalmente pasan desapercibidos, tienden a ser captados por personas espirituales, pues se intenta ver en todo un sentido más profundo del evidente. El cuerpo de Sara, me parece la más perfecta definición del ser humano: cuerpo y alma. No sólo por el sentido que ya he mencionado del alma, que podrá ser para algunos romanticismo; sino por la coherencia que se respira de sus movimientos y sus posibles pensamientos. Yo no conozco a la bailarina, pero ya tengo tan fuertes impresiones de su ser como espectador,  probablemente se ganaría mi confianza y respeto muy rápido. Una asimilación profunda y real de la propia persona es lo que nos lleva -opino-, a los verdaderos senderos de nuestras existencia. Cuando se está peleado con uno mismo, somos como veletas de un barco, movidos de aquí a acullá según diversas voces nos lo indiquen, y acá caemos con terrible frecuencia los jóvenes. En cambio, cuando uno se reconoce a sí mismo como un ser individual, integral, pleno, capaz de ser, entonces empezamos a ser el capitán de nuestras decisiones. Poder gloriarse uno de alguna manera, de vencerse a sí mismo, de conocerse, de amarse, de construirse. ¡Cuán olvidado todo esto de lo que nos enseña hoy la sociedad! 

33:30 a 43:00 

Creo que es de aquellos momentos a los cuales mis compañeros se dirigieron como “planos”, pues lo percibí un poco. Considero que es por desconocimiento experiencial. Es decir, francamente no sé qué signifique cada movimiento de este periodo de tiempo en mi cuerpo, porque no los he hecho. Me hace falta una referencia vivida que llene de sentido mi percepción, es decir, tengo una visión pobre experiencial-mente hablando, y creo que esto es un factor muy importante y que casi nadie toma en cuenta a la hora de hablar sobre una obra, especialmente de danza. 

43:00 a 46:00 (días después de lo anterior) 

¿Los sentimientos nos condicionan? Pienso que uno no puede tener absoluto y total control de las emociones, es decir, de las reacciones que tenemos ante diversos estímulos como la belleza de una persona. Pero, las acciones sí podemos controlarlas. Aunque no absolutamente. Pero los límites de ello son muy borrosos, no es claro en muchas personas hoy día la línea entre sentimientos y acciones. ¿Por qué? Supongo que es por el poco carácter que hoy tenemos los jóvenes. 

46:00 – 51:00 

Hay muchas voces que hoy intentan persuadirnos de que existe una lucha entre el individuo y la sociedad, entre el hombre y la mujer, entre el obrero y el estado… etc. 

Más allá de si existe o no, lo curioso es ver cómo eso nos amarra, como nos pega del piso, de sus fundamentos y no nos permite movernos por nosotros mismos. Pretendiendo ser la cura es solo un cambio de esclavitud; más o menos igual que lo que pasó con nuestra independencia… 

En el mundo de «Todo es permitido, excepto…» no puede haber ni libertad, ni muchos menos dignidad o dignificación del hombre. Muchos de los líos que he conocido en mi vida y en la de mis cercanos, han sido por no poder moverse de un lugar, al que solo le ataban pequeñeces, pero que uno consideraba indispensables. Sin embargo pienso que son las pequeñeces, las circunstancias más importantes de la vida…

Por: Yonatan Esneider Gómez

00:00 a 18:20

La magia que se mueve en un cuerpo es el alma. Cuando bailamos, usualmente -al menos así lo siento-, nos preocupamos por mover el cuerpo, no el alma. Algunos se consideran demasiado escépticos para tal afirmación, pero nada más alejado de la realidad. Si un bailarín no lograra percibir su cuerpo y más que su cuerpo, sería -a mi pobre juicio-, un seudo-bailarín. Cuando nos movemos en un escenario, no sentimos solo un cuerpo, un conjunto de órganos conectados entre sí por nervios, venas y el comando central del cerebro; los nervios que sentimos en un escenario son mucho más que señales de frío, calor, o temor. 

Al principio, me intrigó el silencio musical, pero luego tomó mucho sentido: la danza se vive en silencio. ‘¿Qué! Me dirán algunos’. Sí, pues incluso en medio de la música, ya sea de orquesta o la del salón de clases, el bailarín posee una vivencia individual de su cuerpo, de la música, de la danza; más aún, posee una vivencia solitaria, porque dentro del bailarín es como si pudiéramos poner “silencio” al mundo exterior, y solo escucha su respiración, su inquietud, su sudor, su dolor, en una palabra: su danza. Experiencia que ningún profesor puede dar a un alumno, porque es una vivencia fundamentalmente espiritual, que viene de lo más profundo del ser del bailarín y es inmutable e intercambiable. Esa experiencia de soledad me logró ser transmitida por el breve momento de silencio que acompañó a la bailarina al principio. 

18:21 a 22:26 

Profundamente impactante. Me sorprendieron mucho dos aspectos. El primero fue el señalamiento con el dedo índice; el segundo fue el enfoque que tenía la cámara. 

Es bien conocido por todos,  los primeros significados o los más evidentes de este signo. Lo novedoso que encuentro es sentir que no solo señala, no solo “juzga” sino también, dirige. Un bailarín dirige. Dirige sus impulsos, sus movimientos, sus acciones, su danza, su vida ¿Y por qué? ¿De dónde viene esta autonomía! Del reconocimiento de sus propios límites, obtenido por conocer su cuerpo, sus cualidades y disposiciones; el bailarín -al menos desde lo que me planteo en cuanto intento ser tal- logra reconocer una imagen acertada, concreta, auténtica y real de sí mismo, y de este reconocimiento viene todo un desarrollo personal que va a ayudarle en la creación y aceptación de ideales, proyectos, principios, moral, es decir, va a ayudarle a forjarse un carácter. Y del carácter naturalmente, viene el poder dirigir la propia existencia. 

Las historias se cuentan, “de pies a cabeza”, relación muy bien ilustrada en este tramo de la obra, pues muchas historias se pueden crear a partir de los movimientos, silencios y sonidos que hace (¿La bailarina?) con sus dedos. Se dice mucho, pero no sé dice nada, y yo no concibo, aún, una forma de expresarse mejor que esta. Puedo imaginar que pasaría por la mente de la bailarina en esta escena, donde todo parece mezclarse entre la realidad presente y efímera, los recuerdos existencialmente sempiternos, y los sueños que no dejamos de concebir nunca. ¡Qué maravilla es bailar! Bailar desde adentro, bailar desde uno mismo, bailar desde el alma. 

 22:27 a 25:42 

Nuestras obras determinan nuestros pensamientos, y pocas veces es al contrario. “Cogito ergo sum” dijo Descartes, y de algún modo estoy de acuerdo, pero la obra (en este tramo al menos), mas allá de una discusión dialéctica existencialista, me dio una premisa espiritual, a la manera de los apotegmas hindúes antiguos. “Nuestras obras, nos determinan” y en efecto, si pensamos y luego existimos, por lo tanto obramos, la fundamentación del pensamiento sería base de toda nuestra existencia; esto suena muy bello pero es irreal. Pues somos cotidianamente irracionales, nosotros no pensamos todo cuanto hacemos, por ejemplo, ¿Conoces todos los componentes de aquel producto que te acabas de consumir? Más aún, ¿Conoces la composición al menos elemental, del vehículo en el que te movilizaste hoy! Eso quiere decir que son las obras inconscientes y experienciales las que nos hacen pensar: “tal vehículo me lleva; x producto es saludable” y no el conocimiento de ellos. En este sentido, me parece totalmente acertado afirmar que las obras que hacemos son quienes determinan nuestro pensamiento. Esto no es nuevo, pues toda la teología afirma que quien vive más y más en pecado, se imposibilitará más y más para conocer a Dios, suma verdad. Es decir, las obras sin Dios, terminan por hacer el pensamiento sin Dios. 

25:42 a 35:14

Recordé varias veces una bella jaculatoria de Laudes “Dame Señor, como te lo pido: concordia de cuerpo y alma”. Estoy leyendo un ensayo titulado “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” y me parece que hay un punto en común: los grandes detalles, es decir, aquellos gestos pequeños que normalmente pasan desapercibidos, tienden a ser captados por personas espirituales, pues se intenta ver en todo un sentido más profundo del evidente. El cuerpo de Sara, me parece la más perfecta definición del ser humano: cuerpo y alma. No sólo por el sentido que ya he mencionado del alma, que podrá ser para algunos romanticismo; sino por la coherencia que se respira de sus movimientos y sus posibles pensamientos. Yo no conozco a la bailarina, pero ya tengo tan fuertes impresiones de su ser como espectador,  probablemente se ganaría mi confianza y respeto muy rápido. Una asimilación profunda y real de la propia persona es lo que nos lleva -opino-, a los verdaderos senderos de nuestras existencia. Cuando se está peleado con uno mismo, somos como veletas de un barco, movidos de aquí a acullá según diversas voces nos lo indiquen, y acá caemos con terrible frecuencia los jóvenes. En cambio, cuando uno se reconoce a sí mismo como un ser individual, integral, pleno, capaz de ser, entonces empezamos a ser el capitán de nuestras decisiones. Poder gloriarse uno de alguna manera, de vencerse a sí mismo, de conocerse, de amarse, de construirse. ¡Cuán olvidado todo esto de lo que nos enseña hoy la sociedad! 

33:30 a 43:00 

Creo que es de aquellos momentos a los cuales mis compañeros se dirigieron como “planos”, pues lo percibí un poco. Considero que es por desconocimiento experiencial. Es decir, francamente no sé qué signifique cada movimiento de este periodo de tiempo en mi cuerpo, porque no los he hecho. Me hace falta una referencia vivida que llene de sentido mi percepción, es decir, tengo una visión pobre experiencial-mente hablando, y creo que esto es un factor muy importante y que casi nadie toma en cuenta a la hora de hablar sobre una obra, especialmente de danza. 

43:00 a 46:00 (días después de lo anterior) 

¿Los sentimientos nos condicionan? Pienso que uno no puede tener absoluto y total control de las emociones, es decir, de las reacciones que tenemos ante diversos estímulos como la belleza de una persona. Pero, las acciones sí podemos controlarlas. Aunque no absolutamente. Pero los límites de ello son muy borrosos, no es claro en muchas personas hoy día la línea entre sentimientos y acciones. ¿Por qué? Supongo que es por el poco carácter que hoy tenemos los jóvenes. 

46:00 – 51:00 

Hay muchas voces que hoy intentan persuadirnos de que existe una lucha entre el individuo y la sociedad, entre el hombre y la mujer, entre el obrero y el estado… etc. 

Más allá de si existe o no, lo curioso es ver cómo eso nos amarra, como nos pega del piso, de sus fundamentos y no nos permite movernos por nosotros mismos. Pretendiendo ser la cura es solo un cambio de esclavitud; más o menos igual que lo que pasó con nuestra independencia… 

En el mundo de «Todo es permitido, excepto…» no puede haber ni libertad, ni muchos menos dignidad o dignificación del hombre. Muchos de los líos que he conocido en mi vida y en la de mis cercanos, han sido por no poder moverse de un lugar, al que solo le ataban pequeñeces, pero que uno consideraba indispensables. Sin embargo pienso que son las pequeñeces, las circunstancias más importantes de la vida…

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Revista Paso al Paso, 2021. ISSN: 2711-4783 (En línea)

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