Laboratorios creativos: metodologías y perspectivas transdisciplinares en las artes

Por: Edgar Vite y Diana Palacio

Fotografías cortesía de los autores.

En este artículo planteamos una reflexión sobre los procesos creativos y la formación artística en el contexto contemporáneo, a partir de una experiencia que hemos tenido la oportunidad de compartir, durante más de seis años, llevando a cabo una serie de talleres teórico/prácticos, bajo el título de Cuerpo e imagen en movimiento. La finalidad principal de estos laboratorios creativos ha sido generar posibilidades expresivas y artísticas no convencionales, mediante el uso del propio cuerpo, la apropiación del espacio público y el uso de tecnologías accesibles, como cámaras digitales, celulares, tabletas o cualquier otro dispositivo de grabación. Tomando como referencia dicha experiencia, nos hemos enfrentado a una serie de cuestionamientos e inquietudes sobre las metodologías, las prácticas pedagógicas y los procesos creativos, poniendo especial atención a las conexiones de la danza con otras disciplinas artísticas; por lo que consideramos fundamental discutir el papel de la transdisciplinariedad, el diálogo entre campos del saber, así como con una comprensión más amplia y experimental sobre lo que significa la creación artística en nuestro tiempo.

A manera de introducción

Antes de comenzar a hablar de nuestra experiencia a partir de los talleres que hemos llevado a cabo, es indispensable plantear algunos puntos centrales en relación con las nuevas rutas que han surgido en los procesos pedagógicos y creativos en el campo de las artes. En primer lugar, cuando nos enfrentamos al tema de la creación desde una perspectiva contemporánea de las artes, se vuelve indispensable asumir una mirada multifacética, que incentiva la inter y la transdisciplinariedad, en campos tan diversos como las ciencias, las humanidades y las artes. Esta mirada que podríamos calificar como rizomática, no sólo refiere a la hibridación de elementos conceptuales, técnicos o de enunciación de las disciplinas, sino que involucra múltiples aspectos del individuo, incluyendo su dimensión emocional y su dimensión psicológica, lo que brinda espacio a su sensibilidad y a su creatividad, logrando ir más allá de la adquisición de información y contenidos específicos de un campo artístico determinado: 

Una episteme transdisciplinaria a la cual no se llega de manera directa y lineal para la solución de problemas, sino de manera indirecta, convergente, recursiva, integrada, complementaria, sistémica y compleja (…) Así tendríamos un proceso pedagógico abierto a la generación de cualidades de reflexión, comprensión, criticidad, creación e interacciones dialógicas y culturales que permitirán a los docentes y alumnos vivir, por intermedio de la investigación permanente, nuevas realidades desde lo global, lo emancipatorio, lo humano y lo dialógico. (Sánchez y Pérez, 2011: 161-162)

En segundo lugar, la transversalidad y el intercambio de saberes en la actualidad hace parte esencial de la producción artística, la exhibición de las obras y el consumo de estas por parte del público, con características cada vez más cambiantes y abiertas. La disposición de estos elementos juega un papel central en la construcción y orientación de un determinado tipo de espectador, quien cada vez tiene un rol más activo en su interacción con dichos espacios, objetos y experiencias. La estructura del mundo del arte permite entender por qué no puede simplificarse, ni reducirse a una forma única de experiencia, pero también pone de relevancia lo indispensable que es recurrir a una perspectiva inter y transdisciplinar de los procesos creativos, los formatos de exhibición, los procesos formativos y los proyectos curatoriales. 

Estas ideas y reflexiones nos han llevado a descubrir que los procesos de formación y creación en las artes, y no necesariamente las disciplinas artísticas por sí solas, se convierten en el epicentro del desarrollo de la experimentación y la transversalidad de la experiencia, tanto en el saber, como en el hacer. En el caso de los laboratorios creativos, que hemos realizado, estas inquietudes y cuestionamientos se han encauzado hacia una exploración continua con el cuerpo en movimiento, con la apropiación del espacio público, así como la incorporación de dispositivos tecnológicos y medios audiovisuales accesibles; con la intención de integrar todos elementos en un proceso de exploración y creación colectiva, del cual hablaremos detenidamente en los siguientes apartados. 

Estructura y finalidad de los Laboratorios Creativos

Desde hace más de seis años, hemos tenido la oportunidad de desarrollar una serie de laboratorios, titulados Cuerpo e imagen en movimiento, donde a través del movimiento corporal, el espacio urbano y el uso de recursos tecnológicos accesibles, buscamos proporcionar herramientas creativas y expresivas a públicos no especializados, de acuerdo con sus inquietudes e intereses. Estos laboratorios han implicado: desde la acción y la expresividad, la apertura a la experiencia del conocimiento práctico (Bourdieu, 2007) y desde el cuerpo (Jackson, 1983) una disposición al contacto y la estrecha interacción con los otros. Desde la apropiación del espacio, el re-habitar y resignificar la experiencia espacial del cuerpo en su cotidianidad, tanto en una dimensión privada, como pública. A partir de la construcción de imágenes, el uso de la fotografía y el video adquiere un lugar fundamental, no sólo explorando elementos formales, como la luz, el color, las texturas, el encuadre y la composición, sino también como una interpretación de las imágenes, a partir de su carga semiótica, cultural y simbólica. 

En lo correspondiente a las intenciones, nos parece importante enfatizar que, a través de estos ejercicios y experimentos creativos, no pretendemos generar un nivel de profesionalización o de experticia técnica en los asistentes, según una disciplina artística determinada, sino que más bien buscamos experimentar con dichos lenguajes, con la finalidad de ponerlos a disposición de las inquietudes y necesidades expresivas de los participantes. Durante las diversas sesiones, combinamos múltiples estímulos, reflexiones teóricas, referentes artísticos, materiales audiovisuales, dinámicas grupales y retos prácticos, buscando propiciar una experiencia directa, que involucre el cuerpo y la acción práctica de los asistentes.

Es por ello, que los laboratorios están abiertos a todo público interesado, sin importar si poseen o no formación en alguna disciplina artística. Se trata de mostrar a los asistentes el potencial creativo que poseen, sin que sea indispensable contar con experiencia previa en este tipo de procesos de creación. Resulta llamativo señalar que, en algunas ocasiones, al principio de los laboratorios, aquellos que poseen formación en alguna disciplina artística no son del todo abiertos, ni flexibles, pues se les dificulta cambiar de rol y sobre todo colocarse en una situación creativa distinta a la que suelen estar acostumbrados. Precisamente, una de las intenciones principales ha sido descolocar a los participantes y ponerlos en dinámicas y situaciones que les demanden salir de su área de confort, cuestionar sus procesos previos y experimentar desde otras perspectivas con la dimensión creativa de las artes.

Evidentemente la variedad de intereses de los participantes y sus múltiples formaciones vuelve más complejo el laboratorio y lo convierte en un reto pedagógico constante, pero a su vez esto lo enriquece enormemente, generando la necesidad de entrar en diálogo, de intercambiar, de transitar y de trascender los campos disciplinares del conocimiento. Por esta razón, consideramos fundamental trabajar de la mano con un equipo interdisciplinario y tener invitados distintos en cada ocasión, de manera que hemos vinculado a actores, bailarines, fotógrafos, cineastas y otros artistas, con la finalidad de ampliar en la práctica, la interacción entre campos disciplinares, y a su vez brindar a los participantes un amplio abanico de perspectivas y herramientas útiles. La apuesta por la interdisciplinariedad y la ruptura de límites entre saberes se procura en todos los momentos que constituyen al laboratorio; de manera que se trata de una propuesta metodológica, que a su vez se sustenta en una concepción epistemológica sobre el sujeto y la construcción de conocimiento. 

En la última parte del laboratorio se realiza un espacio de socialización sobre resultados, en donde los equipos conformados dejan ver sus creaciones y comparten las discusiones propias del proceso de exploración y los acuerdos a los que llegaron, en medio de toda la diversidad de experiencias y la heterogeneidad de ideas. En otras palabras, es el momento para entender cómo la interdisciplinariedad y la integración de saberes, se materializan en una obra concreta; el qué, el cómo y el para qué de los elementos apropiados, explorados y dispuestos en pro de una idea o una intención expresiva colectiva, fusionándose y dando forma a una propuesta artística.

A continuación, presentamos algunas de las ideas y reflexiones centrales que la figura del laboratorio nos ha permitido explorar, en clave de la transversalidad epistemológica y la transdisciplinariedad artística, a través de tres momentos constitutivos. Estos momentos permiten comprender cómo el laboratorio creativo aporta herramientas metodológicas, didácticas e imaginativas, a la vez que responde a los modos de ser y hacer del sujeto en el contexto contemporáneo. Dichos momentos constitutivos son los siguientes: 1) El diálogo y la horizontalidad de saberes, 2) La experiencia práctica y colectiva de la creación, 3) La transdisciplinariedad cognitiva y el intercambio creativo.

  1. El diálogo y la horizontalidad de saberes

En un primer momento, se lleva a cabo una revisión de referentes prácticos y teóricos de la Videodanza, entre otros ejemplos contemporáneos, sobre la inter y transdisciplinariedad en el campo del arte. Desde este momento, se da inicio al reconocimiento de experiencias, antecedentes y posibilidades para la exploración y creación, de allí que mediante la dimensión teórica del laboratorio se procure profundizar y ampliar la comprensión de los modos, sentidos y significados de la creación, para luego llevarlos a la práctica. 

El propósito de incluir un enfoque teórico y práctico de manera simultánea se debe en gran parte a que, en el contexto de los procesos pedagógicos y la formación educativa en las artes, desafortunadamente suelen desarticularse ambos componentes o suele dársele más peso a alguno de ellos. Sin embargo, estamos convencidos de que ambos momentos son fundamentales, en todo proceso creativo, pues la práctica se nutre conceptualmente de la teoría, a su vez la teoría se vuelve aplicable y tiene sentido gracias a la práctica. 

Incentivar este diálogo y conciliación constituye una apuesta epistemológica, la cual ha sido precisamente una de las metas centrales de los laboratorios que hemos realizado, considerando que en el arte no solamente es relevante la idea, como han pretendido muchos artistas conceptuales, sino que también es indispensable su formalización en una obra concreta, así como la experiencia sensible y las emociones que genera en los otros. Esta natural retroalimentación entre teoría y práctica se vuelve explícita, cuando se pone en evidencia cómo surge una idea para realizar un proyecto creativo, lo que incluye diversos momentos como la planeación, la creación y la postproducción, los cuales están íntimamente conectados en los distintos procesos artísticos, tal como lo señala Pisticelli: 

La historia ha trazado falsas líneas divisorias entre práctica y teoría, técnica y expresión, artesano y artista, productor y usuario. Afortunadamente tanto una reconceptualización y genealogía del artesano, como muchas prácticas del universo digital, muestran que hay maneras de utilizar las herramientas, de organizar los movimientos corporales y reflexionar acerca de los materiales. (Piscitelli, 2015: 6)

Desde nuestra perspectiva, la estrecha relación entre hacer y pensar constituye de fondo una posición pedagógica que cuestiona profundamente la jerarquización de los conocimientos y los agentes del conocimiento, rechazando concepciones tradicionales como el cientificismo y el positivismo, como fundamentos teóricos de la formación artística. Por ello, estamos convencidos de que es urgente deconstruir las estructuras dominantes en el ámbito de las artes y la pedagogía aplicada a éstas, además de que consideramos fundamental brindar mayor relevancia a los contextos locales. 

La forma en que funciona la horizontalidad al interior de los laboratorios, no se limita solamente a la disposición de los saberes teóricos y prácticos, sino que se refiere también a que una vez puesta en duda una jerarquía de los campos disciplinares, se hace posible abrir el diálogo a las experiencias y saberes de los participantes. Es decir, que se establecen las condiciones para que exista una relación igualitaria entre los diferentes lugares, modos de saber y de hacer, lo que incentiva el intercambio y nutre enormemente todo el proceso.

La figura del laboratorio como método para la creación colectiva, permite materializar perspectivas pedagógicas, que hablan de la democracia de los saberes, de la experiencia o el “aprender haciendo” (Gil, 2007). Al poner el cuerpo como eje central de las discusiones e indagaciones, desde la práctica misma y las actividades que llevamos a cabo en el laboratorio, debido a su naturaleza híbrida y disruptiva, se vuelve posible entablar un diálogo abierto, en todos los sentidos: donde los conocimientos, las experiencias, los cuestionamientos y las reflexiones de los participantes se entrecruzan, para propiciar una experiencia de aprendizaje, con connotaciones tanto estéticas, como políticas.

El reconocerse a sí mismo como explorador y creador, validado desde los saberes y experiencias propias, por incipientes o especializadas que éstas sean, motiva notablemente la interlocución y genera una apertura epistemológica que, desde nuestra perspectiva, implica una actitud y disposición, tanto de orden intelectual, como sensorial y emocional. De este modo, emergen nuevos modos de conocer, de experimentar y de crear; tan diversos y únicos como sus poseedores, dando lugar a un diálogo constante. 

  1. La experiencia práctica y colectiva de la creación.

Un segundo momento, está orientado a las acciones colaborativas de exploración y composición artística. Es el momento en que salimos al espacio público y nos disponemos a la creación desde las posibilidades que el espacio mismo, las ideas y los medios tecnológicos nos brindan. En esta fase nos centramos en el desarrollo del momento experimental y creativo en el que se conjugan el cuerpo, la práctica, el espacio físico, los dispositivos tecnológicos y el trabajo colaborativo; siendo así como la experiencia práctica entreteje las reflexiones que nos permiten advertir la relación entre cuerpo, praxis y acción, así como el trabajo con dispositivos y medio tecnológicos como insumos de los procesos creativos.

Se trata de poner el cuerpo y las ideas en directa relación con el entorno, con otros cuerpos y con el espacio urbano, a través de un conjunto de pautas provocadoras que detonan las exploraciones y generan una especie de acción performativa disruptiva de las acciones y de los modos en que se perciben y sienten los espacios públicos, las personas que lo habitan o transitan, y por supuesto, como ya se ha mencionado, de los modos de creación artística y pedagógica desde la potencia de lo colectivo, el acontecimiento y la acción creadora. Esta parte del laboratorio se divide a su vez en tres elementos, que explicaremos en los siguientes apartados.

2.1 La relación entre cuerpo, praxis y acción como detonantes de los procesos creativos

Una estrategia metodológica fundamental de nuestra propuesta consiste en poner el cuerpo alerta y en acción de los participantes, involucrándolos a través de diversas técnicas de movimiento, expresión corporal e incluso composición coreográfica. La disposición a la experiencia corporal es uno de los momentos más complejos, en tanto que intimida a algunos, a la vez que motiva a otros, volviéndose un punto de quiebre significativo; pues implica abrirse a los afectos del otro y lo otro, trastocar la perspectiva meramente contemplativa o reflexiva y, en cierta manera, quedar expuestos al devenir de la experiencia. 

En este momento de la experimentación y composición colectiva del laboratorio es esencial conducir a los participantes a poner el cuerpo en acción, moverse, interactuar y desde allí orientarse a la creación. Esto se debe a que nos interesa descolocar el pensar, entendiendo como señala el antropólogo, M. Jackson, que la potencia y el significado de la praxis corporal no siempre es reductible a operaciones cognitivas y semánticas:

Reconocer la corporalidad de nuestro “ser- en-el-mundo” es descubrir un terreno común donde yo y otro somos uno, por lo cual al usar el propio cuerpo del mismo modo que otros en el mismo entorno uno se encuentra a sí mismo impregnado por una comprensión que puede luego ser interpretada de acuerdo con la propia costumbre e inclinación, y que aun así permanece asentada en un campo de actividad práctica y por eso se mantiene en consonancia con la experiencia de aquellos entre los cuales uno ha vivido. (Jackson, 1989: 135) 

En la experiencia, el cuerpo vivido [1] no es un objeto, sino más bien un sujeto de la percepción, lo que permite jugar con las afecciones y crear con estas in situ. Ahora bien, esta forma de creación no sólo se da en la interacción con el entorno, sino también en la apertura a la experiencia intersubjetiva e intercorporal, en cuya reciprocidad se da paso a las construcciones simbólicas [2]. De esta manera, al igual que se constituyen los objetos de la cultura desde la construcción intersubjetiva de sentidos y significados, provocamos la creación de experiencias estéticas y la producción de objetos artísticos. Tal como afirma López, haciendo alusión a la comprensión de la Merleau Ponty de “action á deux”: 

Cuando veo el cuerpo del otro en acción, los objetos que se nos hacen significativos, de modo que es la intercorporalidad la que garantiza la objetividad y el sentido. La particularidad del otro no sólo se da en la comunicación verbal, sino también y, sobre todo, en sus acciones o actualizaciones de su modo de ser en el mundo. Actuar es posicionarse frente a los otros y al mundo. (López, 2004).

2.2 La relación entre cuerpo y espacio público

Otro de los aspectos que hemos explorado intensamente, a través del laboratorio Cuerpo e imagen en movimiento, consiste en la apropiación y resignificación del espacio público en las ciudades. Esto implica vivenciar, desde una nueva perspectiva los espacios de tránsito, de cruce y contacto estrecho en la cotidianidad, lo que en el contexto urbano, está plagado de complejidades, especialmente por el veloz ritmo de vida, por la conglomeración de personas, así como debido a la frialdad e indiferencia ante los otros. Mediante esta estrategia de apropiación de los espacios urbanos y su incorporación como espacios potenciadores para la creación, buscamos resignificar la experiencia cotidiana e interpretar de otra forma el tránsito en el espacio público. 

 Por otro lado, para los participantes estas intervenciones espaciales terminan convirtiéndose en el escenario donde acontece la performatividad de la creación. Esta es una de las principales razones por la que hemos escogido muy diversos espacios públicos para desarrollar el laboratorio desde su origen, como son las áreas verdes y el teatrino del Museo la Tertulia en la ciudad de Cali, en Colombia, el Centro Cultural Universitario en la Universidad Nacional Autónoma de México, en Ciudad de México, e incluso en las aulas, escaleras y pasillos de la Facultad de Artes Integradas, en la Universidad del Valle.

Una de las estrategias que empleamos para provocar las exploraciones y reinterpretaciones del espacio físico es la intervención corporal de éste desde el movimiento realizando ejercicios prácticos, a manera de circuitos, que se diseñan in situ según las posibilidades que el entorno seleccionado brinda. Tomando como referente la propuesta de entrenamiento de la compañía colombiana de danza Cortocinesis, llamada arquitectura móvil, puntualmente su idea de intervenir y re-crear los espacio desde el cuerpo y el movimiento, nos aventuramos a la generación de acciones que provocan nuevas relaciones corpóreo – espaciales. El cuerpo se dispone desde el movimiento con un tono muscular suave, alerta y fluido a interactuar con las formas, superficies y estructuras dadas por el espacio, por tanto, el cuerpo se transforma en y para el espacio, a la vez que el espacio va adquiriendo nuevos sentidos y significados. Desde estas intervenciones nuestra acción crea otras formas de espacio debido a la relación corporal – espacial in situ; es decir que en estos ejercicios nos hacemos espacio, a la vez que el espacio se hace con nosotros

El espacio físico ya existe, está ahí antes que nosotros, pero en las relaciones establecidas con éste se constituye la experiencia de lo espacial, en dos direcciones: nos hacemos en el espacio porque este constituye nuestra experiencia al ofrecernos recursos y modos de actuar sobre él, y al mismo tiempo, hacemos también al espacio porque lo constituimos al cargarlo con nuestras acciones, con los usos asignados a este. Nos hacemos en el espacio y el espacio se hace con nosotros, estableciendo una relación recíproca de continuas elaboraciones. (Palacio, 2017).

Estas relaciones corpóreo-espaciales podrían ser vistas como acciones performáticas pues trastocan las condiciones cotidianas del mismo tanto para los participantes como para los peatones. Desde la mirada del transeúnte puede ser entendida como el escenario de un acontecimiento, extraño y desconcertante, que descoloca su relación y sentido cotidiano con ese espacio que suele transitar y recorrer cotidianamente. Mientras que, desde la experiencia del participante, ahora hecho performer, se trata de apropiarse de un nuevo espacio escénico para el despliegue de su capacidad creativa y expresiva. Al final, la experiencia sobre la relación cuerpo-espacio, apoyada en el uso de dispositivos tecnológicos provee los insumos con los cuales se da paso a la producción de Videodanzas que, con base en lo mencionado hasta aquí, sería la constitución en obra de la experiencia performática del cuerpo en el espacio y del espacio en el cuerpo

2.3 Trabajo con dispositivos y medios tecnológicos

En esta parte ahondaremos sobre el papel que tienen los dispositivos y medios tecnológicos en relación con la metodología y los procesos creativos que se llevan a cabo a lo largo del laboratorio. En este sentido, el principal medio tecnológico y soporte de estos procesos creativos consiste en la realización de vídeos de corta duración, donde los participantes experimentan, a partir de las dinámicas realizadas en los diversos momentos, de acuerdo con sus inquietudes e intereses, dando por resultado la construcción de espontáneas imágenes en movimiento.

El laboratorio involucra la incorporación de ciertas herramientas técnicas sobre la composición fotográfica y la construcción de imágenes, como el papel de los enfoques, los encuadres, los planos, las perspectivas, entre otros. De manera que, se trata de familiarizar a los participantes con estos recursos, si bien no de forma exhaustiva, sí al menos con la intención de brindar algunas pautas técnicas y sobre todo algunas ideas para ser empleadas en la creación colectiva. Con este propósito, tomamos como referencia el lenguaje formal y expresivo de la Videodanza, que involucra precisamente una construcción coreográfica pensada exclusivamente para la cámara, contrastando con la danza escénica y con otras formas teatrales de la danza.  

La Videodanza como género híbrido contemporáneo, nos sirve como referente para mostrar la interdisciplinariedad, no sólo como un detonante del intercambio y del diálogo, sino también como una forma artística específica que puede ser adoptada por los participantes, en función de sus necesidades expresivas y comunicativas. En este mismo sentido, pensamos que la gran ventaja de la hibridación entre Danza y Artes Visuales es que involucra diversas herramientas formales, técnicas y estilísticas que pueden ser apropiadas por los participantes para crear sus Videodanzas experimentales.

En relación con este punto, tenemos muy claro que la cámara como dispositivo tecnológico se trata únicamente de un medio que sirve de soporte para comunicar ideas, dependiendo de las necesidades expresivas de un colectivo de personas, según sus intereses y a su potencial creativo. Es decir, que como cualquier dispositivo tecnológico, tiene sus ventajas y sus limitantes, simplemente consideremos que en nuestro tiempo las cámaras son un medio accesible y cuyo uso puede considerarse democratizado, lo que se nota también la proliferación de programas, herramientas y aplicaciones para crear y editar imágenes. Estas características ponen en evidencia el papel de la recursividad y la proliferación de fenómenos como la creación, consumo, apropiación y manipulación de imágenes en nuestro tiempo, lo que hace sumamente versátil a este lenguaje expresivo y revela su notable potencial creativo.

  1. Transdisciplinariedad e intercambio creativo

Una aproximación inter y transdisciplinar no debe interpretarse como un rechazo a los saberes disciplinares, sino más bien como una forma de reconocer los límites de los campos específicos del conocimiento, pero sobre todo comprender las estrechas interacciones y los profundos vínculos entre disciplinas artísticas. Este tipo de estrategias creativas y pedagógicas nos ha permitido reflexionar sobre los puentes, conexiones y convergencias entre las artes, pero a su vez nos ha estimulado a experimentar muy de cerca con dichos procesos creativos. 

La figura del laboratorio creativo, como método dialéctico e investigativo resulta flexible y versátil, pero sobre todo incentiva el intercambio, abriendo nuevas rutas imaginativas y de apropiación del conocimiento. De modo que, los distintos saberes se vuelven áreas complementarias y transversales, tal como ha quedado demostrado en los cruces generados entre la Danza y las Artes Visuales en los últimos años, lo que posibilita nuevas rutas educativas y formativas en el campo de las artes.

Mediante los laboratorios buscamos habilitar el intercambio y cruzamiento de saberes, experimentándolo en carne propia y encausándolo hacia la creación, permitiendo incorporar, abandonar, yuxtaponer o fusionar los elementos disciplinares necesarios para materializar un proyecto creativo. Es ahí, donde entran en acción y se validan los saberes particulares, así como la relevancia del trabajo participativo y colectivo entre los asistentes, lo que en cada ocasión da lugar a encuentros inusitados. 

Estas experiencias nos han llevado a repensar los procesos creativos en el contexto contemporáneo, así como las estrategias pedagógicas y los retos epistemológicos que esto conlleva, por lo que es indispensable asumir una posición autocrítica y reconocer las falencias de los paradigmas tradicionales. Desde nuestra perspectiva, estos procesos se nutren enormemente cuando están permeados profundamente por el intercambio y el diálogo, tanto como una estrategia didáctica, como una metodología de la investigación, donde se evidencian actitudes y valores fundamentales, como el respeto, la tolerancia, la empatía, la apertura de pensamiento, constituyéndose en un modus vivendi.

En el caso del rol del participante, sucede algo muy semejante, pues ya no se trata de asumir una posición pasiva ante su proceso creativo y formativo, sino que cada vez requiere una mayor interacción con su entorno y con los otros, lo traduciéndose en una mayor responsabilidad y autonomía epistémica. Precisamente, este nuevo perfil del participante es el que promovemos, se trata de hacer que las personas se apropien de su proceso cognitivo y sean capaces de establecer conexiones móviles, flexibles e inacabadas con otros campos del saber, de acuerdo con sus necesidades y cuestionamientos. 

Reflexión final sobre los laboratorios creativos

Las ideas desarrolladas a lo largo de este texto se han enfocado en los procesos creativos y pedagógicos asociados al campo de las artes. Sin embargo, también cabe señalar que las consecuencias epistemológicas y didácticas discutidas no se reducen al Arte; por el contrario son el resultado de un nuevo paradigma epistemológico en nuestro tiempo, permeado también por los recursos tecnológicos y los nuevos medios, que involucra entender la complejidad del sujeto, de las construcciones de su contexto cultural y social, de lo multidimensional de su existencia, que lo vincula con su entorno específico y que determina su relación con las otras personas.

Por ello, pensamos que las reflexiones planteadas en este texto pueden aplicarse a otros ámbitos del saber, como en el caso de las Ciencias y las Humanidades, por mencionar algunos, donde cada vez se vuelve más indispensable la apertura, los intercambios y los préstamos entre áreas del conocimiento. Es necesario enfatizar, que en ciertos ámbitos académicos formativos y en espacios tradicionales dedicados a la creación, existe una fuerte resistencia de apertura a estas nuevas perspectivas, razón por la cual el laboratorio Cuerpo e imagen en movimiento se aventura a explorar nuevas estrategias y dinámicas, que generen experiencias de reflexión y creación para públicos no especializados. 

Trascender los límites de los campos específicos y de los saberes especializados, permite desarrollar una perspectiva holista y heterogénea sobre el conocimiento, el mundo y los otros. En este mismo sentido la figura de los laboratorios creativos, como estrategia pedagógica y metodológica puede convertirse en una herramienta didáctica muy potente, tanto dentro, como fuera del aula, pues se caracteriza por impulsar la experimentación, la imaginación y la creatividad de cualquier persona, además de generar un fructífero intercambio, para alcanzar una meta en común.

Uno de los aspectos más valiosos se debe a la forma en que buscamos conjugar teoría y práctica; además de que en esa convergencia es donde el cuerpo propio y el cuerpo de los otros adquiere un lugar central. El hecho mismo de poner el cuerpo implica ya un cambio de actitud, sobre todo salir de la zona de confort y generar un vínculo distinto con las demás personas. Es por ello, que la encarnación de la experiencia, a través de las diversas dinámicas y ejercicios, amplía enormemente la vivencia de todo el proceso, lo que a su vez permite que fluyan notablemente cada uno de los momentos constitutivos del laboratorio. 

Finalmente, nos gustaría concluir diciendo que, en nuestra experiencia como facilitadores y guías de estos procesos, los laboratorios nos han brindado aprendizajes muy valiosos y significativos, sobre todo debido a que la interacción con cada grupo de personas ha sido un reto constante, en tanto que salimos al encuentro con una multiplicidad de construcciones subjetivas e intersubjetivas, que son el resultado de un diálogo abierto con la alteridad. Esto nutre enormemente al laboratorio, pues los participantes poseen inquietudes y conocimientos muy distintos entre sí, así como una historia personal, que enriquece las dinámicas, la interacción y colaboración con los otros. De manera que, todas estas características vuelven más compleja la figura del laboratorio y a su vez cada versión se convierte en un reto pedagógico, así como una experiencia de gran aprendizaje para nosotros.

Notas
[1] En el caso de la corriente filosófica de la Fenomenología, diversos pensadores como Sartre, Marcel y Merleau-Ponty coinciden en subrayar la índole existencial del vínculo entre el yo y el cuerpo. Para la fenomenología del cuerpo, el cuerpo es vivenciado, intuido y experimentado, es un ser-situado-corporalmente-en-el-mundo. (Gallo, 2006).
[2] Constituyo un mundo que también es constituido por los otros y hay reciprocidad constituyente, porque soy constituido por el mundo y por los otros que constituyo. (López, 2004: 58)
Referencias bibliográficas 
Acaso, M. (2015). Esto no debería ser una clase. Problema y preguntas de investigación. En. M. Acaso y P. Manzanera (Eds.), Esto no es una clase (pp. 19-28). Madrid: Fundación Telefónica y Editorial Ariel.
Bourdieu, P. (2007). El sentido práctico. Buenos Aires: Editorial Siglo XXI. 
Gil, M. (2007). Aportes de la pedagogía activa a la educación. Plumilla educativa, Vol. 4(1), 33-42. 
Jackson, M. (1989). En Citro, S. (2010). Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos. Buenos Aires: Editorial Biblos. 
López, Ma. C. (2004). Intersubjetividad como intercorporalidad. La lámpara de Diógenes, vol. 5, número 008 y 009 pág. 57 -70. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 
Park, D. (Octubre de 2015). La educación artística como elemento clave en el proceso de aprendizaje en la escuela. Ilustrafic. Congreso Internacional de Ilustración, Arte y Cultura Visual, Valencia, España.
Piscitelli, A. (2015). La educación nunca empieza, siempre continúa. Antecedentes. En M. Acaso y P. Manzanera (Eds.), Esto no es una clase (pp. 3-15). Madrid: Fundación Telefónica y Editorial Ariel.
Sánchez, J. y Pérez, C. (2011). Hacia un currículo transdisciplinario: una mirada desde el pensamiento complejo. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, (17), 143-164.
Por: Edgar Vite y Diana Palacio

Fotografías cortesía de los autores.

En este artículo planteamos una reflexión sobre los procesos creativos y la formación artística en el contexto contemporáneo, a partir de una experiencia que hemos tenido la oportunidad de compartir, durante más de seis años, llevando a cabo una serie de talleres teórico/prácticos, bajo el título de Cuerpo e imagen en movimiento. La finalidad principal de estos laboratorios creativos ha sido generar posibilidades expresivas y artísticas no convencionales, mediante el uso del propio cuerpo, la apropiación del espacio público y el uso de tecnologías accesibles, como cámaras digitales, celulares, tabletas o cualquier otro dispositivo de grabación. Tomando como referencia dicha experiencia, nos hemos enfrentado a una serie de cuestionamientos e inquietudes sobre las metodologías, las prácticas pedagógicas y los procesos creativos, poniendo especial atención a las conexiones de la danza con otras disciplinas artísticas; por lo que consideramos fundamental discutir el papel de la transdisciplinariedad, el diálogo entre campos del saber, así como con una comprensión más amplia y experimental sobre lo que significa la creación artística en nuestro tiempo.

A manera de introducción

Antes de comenzar a hablar de nuestra experiencia a partir de los talleres que hemos llevado a cabo, es indispensable plantear algunos puntos centrales en relación con las nuevas rutas que han surgido en los procesos pedagógicos y creativos en el campo de las artes. En primer lugar, cuando nos enfrentamos al tema de la creación desde una perspectiva contemporánea de las artes, se vuelve indispensable asumir una mirada multifacética, que incentiva la inter y la transdisciplinariedad, en campos tan diversos como las ciencias, las humanidades y las artes. Esta mirada que podríamos calificar como rizomática, no sólo refiere a la hibridación de elementos conceptuales, técnicos o de enunciación de las disciplinas, sino que involucra múltiples aspectos del individuo, incluyendo su dimensión emocional y su dimensión psicológica, lo que brinda espacio a su sensibilidad y a su creatividad, logrando ir más allá de la adquisición de información y contenidos específicos de un campo artístico determinado: 

Una episteme transdisciplinaria a la cual no se llega de manera directa y lineal para la solución de problemas, sino de manera indirecta, convergente, recursiva, integrada, complementaria, sistémica y compleja (…) Así tendríamos un proceso pedagógico abierto a la generación de cualidades de reflexión, comprensión, criticidad, creación e interacciones dialógicas y culturales que permitirán a los docentes y alumnos vivir, por intermedio de la investigación permanente, nuevas realidades desde lo global, lo emancipatorio, lo humano y lo dialógico. (Sánchez y Pérez, 2011: 161-162)

En segundo lugar, la transversalidad y el intercambio de saberes en la actualidad hace parte esencial de la producción artística, la exhibición de las obras y el consumo de estas por parte del público, con características cada vez más cambiantes y abiertas. La disposición de estos elementos juega un papel central en la construcción y orientación de un determinado tipo de espectador, quien cada vez tiene un rol más activo en su interacción con dichos espacios, objetos y experiencias. La estructura del mundo del arte permite entender por qué no puede simplificarse, ni reducirse a una forma única de experiencia, pero también pone de relevancia lo indispensable que es recurrir a una perspectiva inter y transdisciplinar de los procesos creativos, los formatos de exhibición, los procesos formativos y los proyectos curatoriales. 

Estas ideas y reflexiones nos han llevado a descubrir que los procesos de formación y creación en las artes, y no necesariamente las disciplinas artísticas por sí solas, se convierten en el epicentro del desarrollo de la experimentación y la transversalidad de la experiencia, tanto en el saber, como en el hacer. En el caso de los laboratorios creativos, que hemos realizado, estas inquietudes y cuestionamientos se han encauzado hacia una exploración continua con el cuerpo en movimiento, con la apropiación del espacio público, así como la incorporación de dispositivos tecnológicos y medios audiovisuales accesibles; con la intención de integrar todos elementos en un proceso de exploración y creación colectiva, del cual hablaremos detenidamente en los siguientes apartados. 

Estructura y finalidad de los Laboratorios Creativos

Desde hace más de seis años, hemos tenido la oportunidad de desarrollar una serie de laboratorios, titulados Cuerpo e imagen en movimiento, donde a través del movimiento corporal, el espacio urbano y el uso de recursos tecnológicos accesibles, buscamos proporcionar herramientas creativas y expresivas a públicos no especializados, de acuerdo con sus inquietudes e intereses. Estos laboratorios han implicado: desde la acción y la expresividad, la apertura a la experiencia del conocimiento práctico (Bourdieu, 2007) y desde el cuerpo (Jackson, 1983) una disposición al contacto y la estrecha interacción con los otros. Desde la apropiación del espacio, el re-habitar y resignificar la experiencia espacial del cuerpo en su cotidianidad, tanto en una dimensión privada, como pública. A partir de la construcción de imágenes, el uso de la fotografía y el video adquiere un lugar fundamental, no sólo explorando elementos formales, como la luz, el color, las texturas, el encuadre y la composición, sino también como una interpretación de las imágenes, a partir de su carga semiótica, cultural y simbólica. 

En lo correspondiente a las intenciones, nos parece importante enfatizar que, a través de estos ejercicios y experimentos creativos, no pretendemos generar un nivel de profesionalización o de experticia técnica en los asistentes, según una disciplina artística determinada, sino que más bien buscamos experimentar con dichos lenguajes, con la finalidad de ponerlos a disposición de las inquietudes y necesidades expresivas de los participantes. Durante las diversas sesiones, combinamos múltiples estímulos, reflexiones teóricas, referentes artísticos, materiales audiovisuales, dinámicas grupales y retos prácticos, buscando propiciar una experiencia directa, que involucre el cuerpo y la acción práctica de los asistentes.

Es por ello, que los laboratorios están abiertos a todo público interesado, sin importar si poseen o no formación en alguna disciplina artística. Se trata de mostrar a los asistentes el potencial creativo que poseen, sin que sea indispensable contar con experiencia previa en este tipo de procesos de creación. Resulta llamativo señalar que, en algunas ocasiones, al principio de los laboratorios, aquellos que poseen formación en alguna disciplina artística no son del todo abiertos, ni flexibles, pues se les dificulta cambiar de rol y sobre todo colocarse en una situación creativa distinta a la que suelen estar acostumbrados. Precisamente, una de las intenciones principales ha sido descolocar a los participantes y ponerlos en dinámicas y situaciones que les demanden salir de su área de confort, cuestionar sus procesos previos y experimentar desde otras perspectivas con la dimensión creativa de las artes.

Evidentemente la variedad de intereses de los participantes y sus múltiples formaciones vuelve más complejo el laboratorio y lo convierte en un reto pedagógico constante, pero a su vez esto lo enriquece enormemente, generando la necesidad de entrar en diálogo, de intercambiar, de transitar y de trascender los campos disciplinares del conocimiento. Por esta razón, consideramos fundamental trabajar de la mano con un equipo interdisciplinario y tener invitados distintos en cada ocasión, de manera que hemos vinculado a actores, bailarines, fotógrafos, cineastas y otros artistas, con la finalidad de ampliar en la práctica, la interacción entre campos disciplinares, y a su vez brindar a los participantes un amplio abanico de perspectivas y herramientas útiles. La apuesta por la interdisciplinariedad y la ruptura de límites entre saberes se procura en todos los momentos que constituyen al laboratorio; de manera que se trata de una propuesta metodológica, que a su vez se sustenta en una concepción epistemológica sobre el sujeto y la construcción de conocimiento. 

En la última parte del laboratorio se realiza un espacio de socialización sobre resultados, en donde los equipos conformados dejan ver sus creaciones y comparten las discusiones propias del proceso de exploración y los acuerdos a los que llegaron, en medio de toda la diversidad de experiencias y la heterogeneidad de ideas. En otras palabras, es el momento para entender cómo la interdisciplinariedad y la integración de saberes, se materializan en una obra concreta; el qué, el cómo y el para qué de los elementos apropiados, explorados y dispuestos en pro de una idea o una intención expresiva colectiva, fusionándose y dando forma a una propuesta artística.

A continuación, presentamos algunas de las ideas y reflexiones centrales que la figura del laboratorio nos ha permitido explorar, en clave de la transversalidad epistemológica y la transdisciplinariedad artística, a través de tres momentos constitutivos. Estos momentos permiten comprender cómo el laboratorio creativo aporta herramientas metodológicas, didácticas e imaginativas, a la vez que responde a los modos de ser y hacer del sujeto en el contexto contemporáneo. Dichos momentos constitutivos son los siguientes: 1) El diálogo y la horizontalidad de saberes, 2) La experiencia práctica y colectiva de la creación, 3) La transdisciplinariedad cognitiva y el intercambio creativo.

  1. El diálogo y la horizontalidad de saberes

En un primer momento, se lleva a cabo una revisión de referentes prácticos y teóricos de la Videodanza, entre otros ejemplos contemporáneos, sobre la inter y transdisciplinariedad en el campo del arte. Desde este momento, se da inicio al reconocimiento de experiencias, antecedentes y posibilidades para la exploración y creación, de allí que mediante la dimensión teórica del laboratorio se procure profundizar y ampliar la comprensión de los modos, sentidos y significados de la creación, para luego llevarlos a la práctica. 

El propósito de incluir un enfoque teórico y práctico de manera simultánea se debe en gran parte a que, en el contexto de los procesos pedagógicos y la formación educativa en las artes, desafortunadamente suelen desarticularse ambos componentes o suele dársele más peso a alguno de ellos. Sin embargo, estamos convencidos de que ambos momentos son fundamentales, en todo proceso creativo, pues la práctica se nutre conceptualmente de la teoría, a su vez la teoría se vuelve aplicable y tiene sentido gracias a la práctica. 

Incentivar este diálogo y conciliación constituye una apuesta epistemológica, la cual ha sido precisamente una de las metas centrales de los laboratorios que hemos realizado, considerando que en el arte no solamente es relevante la idea, como han pretendido muchos artistas conceptuales, sino que también es indispensable su formalización en una obra concreta, así como la experiencia sensible y las emociones que genera en los otros. Esta natural retroalimentación entre teoría y práctica se vuelve explícita, cuando se pone en evidencia cómo surge una idea para realizar un proyecto creativo, lo que incluye diversos momentos como la planeación, la creación y la postproducción, los cuales están íntimamente conectados en los distintos procesos artísticos, tal como lo señala Pisticelli: 

La historia ha trazado falsas líneas divisorias entre práctica y teoría, técnica y expresión, artesano y artista, productor y usuario. Afortunadamente tanto una reconceptualización y genealogía del artesano, como muchas prácticas del universo digital, muestran que hay maneras de utilizar las herramientas, de organizar los movimientos corporales y reflexionar acerca de los materiales. (Piscitelli, 2015: 6)

Desde nuestra perspectiva, la estrecha relación entre hacer y pensar constituye de fondo una posición pedagógica que cuestiona profundamente la jerarquización de los conocimientos y los agentes del conocimiento, rechazando concepciones tradicionales como el cientificismo y el positivismo, como fundamentos teóricos de la formación artística. Por ello, estamos convencidos de que es urgente deconstruir las estructuras dominantes en el ámbito de las artes y la pedagogía aplicada a éstas, además de que consideramos fundamental brindar mayor relevancia a los contextos locales. 

La forma en que funciona la horizontalidad al interior de los laboratorios, no se limita solamente a la disposición de los saberes teóricos y prácticos, sino que se refiere también a que una vez puesta en duda una jerarquía de los campos disciplinares, se hace posible abrir el diálogo a las experiencias y saberes de los participantes. Es decir, que se establecen las condiciones para que exista una relación igualitaria entre los diferentes lugares, modos de saber y de hacer, lo que incentiva el intercambio y nutre enormemente todo el proceso.

La figura del laboratorio como método para la creación colectiva, permite materializar perspectivas pedagógicas, que hablan de la democracia de los saberes, de la experiencia o el “aprender haciendo” (Gil, 2007). Al poner el cuerpo como eje central de las discusiones e indagaciones, desde la práctica misma y las actividades que llevamos a cabo en el laboratorio, debido a su naturaleza híbrida y disruptiva, se vuelve posible entablar un diálogo abierto, en todos los sentidos: donde los conocimientos, las experiencias, los cuestionamientos y las reflexiones de los participantes se entrecruzan, para propiciar una experiencia de aprendizaje, con connotaciones tanto estéticas, como políticas.

El reconocerse a sí mismo como explorador y creador, validado desde los saberes y experiencias propias, por incipientes o especializadas que éstas sean, motiva notablemente la interlocución y genera una apertura epistemológica que, desde nuestra perspectiva, implica una actitud y disposición, tanto de orden intelectual, como sensorial y emocional. De este modo, emergen nuevos modos de conocer, de experimentar y de crear; tan diversos y únicos como sus poseedores, dando lugar a un diálogo constante. 

  1. La experiencia práctica y colectiva de la creación.

Un segundo momento, está orientado a las acciones colaborativas de exploración y composición artística. Es el momento en que salimos al espacio público y nos disponemos a la creación desde las posibilidades que el espacio mismo, las ideas y los medios tecnológicos nos brindan. En esta fase nos centramos en el desarrollo del momento experimental y creativo en el que se conjugan el cuerpo, la práctica, el espacio físico, los dispositivos tecnológicos y el trabajo colaborativo; siendo así como la experiencia práctica entreteje las reflexiones que nos permiten advertir la relación entre cuerpo, praxis y acción, así como el trabajo con dispositivos y medio tecnológicos como insumos de los procesos creativos.

Se trata de poner el cuerpo y las ideas en directa relación con el entorno, con otros cuerpos y con el espacio urbano, a través de un conjunto de pautas provocadoras que detonan las exploraciones y generan una especie de acción performativa disruptiva de las acciones y de los modos en que se perciben y sienten los espacios públicos, las personas que lo habitan o transitan, y por supuesto, como ya se ha mencionado, de los modos de creación artística y pedagógica desde la potencia de lo colectivo, el acontecimiento y la acción creadora. Esta parte del laboratorio se divide a su vez en tres elementos, que explicaremos en los siguientes apartados.

2.1 La relación entre cuerpo, praxis y acción como detonantes de los procesos creativos

Una estrategia metodológica fundamental de nuestra propuesta consiste en poner el cuerpo alerta y en acción de los participantes, involucrándolos a través de diversas técnicas de movimiento, expresión corporal e incluso composición coreográfica. La disposición a la experiencia corporal es uno de los momentos más complejos, en tanto que intimida a algunos, a la vez que motiva a otros, volviéndose un punto de quiebre significativo; pues implica abrirse a los afectos del otro y lo otro, trastocar la perspectiva meramente contemplativa o reflexiva y, en cierta manera, quedar expuestos al devenir de la experiencia. 

En este momento de la experimentación y composición colectiva del laboratorio es esencial conducir a los participantes a poner el cuerpo en acción, moverse, interactuar y desde allí orientarse a la creación. Esto se debe a que nos interesa descolocar el pensar, entendiendo como señala el antropólogo, M. Jackson, que la potencia y el significado de la praxis corporal no siempre es reductible a operaciones cognitivas y semánticas:

Reconocer la corporalidad de nuestro “ser- en-el-mundo” es descubrir un terreno común donde yo y otro somos uno, por lo cual al usar el propio cuerpo del mismo modo que otros en el mismo entorno uno se encuentra a sí mismo impregnado por una comprensión que puede luego ser interpretada de acuerdo con la propia costumbre e inclinación, y que aun así permanece asentada en un campo de actividad práctica y por eso se mantiene en consonancia con la experiencia de aquellos entre los cuales uno ha vivido. (Jackson, 1989: 135) 

En la experiencia, el cuerpo vivido [1] no es un objeto, sino más bien un sujeto de la percepción, lo que permite jugar con las afecciones y crear con estas in situ. Ahora bien, esta forma de creación no sólo se da en la interacción con el entorno, sino también en la apertura a la experiencia intersubjetiva e intercorporal, en cuya reciprocidad se da paso a las construcciones simbólicas [2]. De esta manera, al igual que se constituyen los objetos de la cultura desde la construcción intersubjetiva de sentidos y significados, provocamos la creación de experiencias estéticas y la producción de objetos artísticos. Tal como afirma López, haciendo alusión a la comprensión de la Merleau Ponty de “action á deux”: 

Cuando veo el cuerpo del otro en acción, los objetos que se nos hacen significativos, de modo que es la intercorporalidad la que garantiza la objetividad y el sentido. La particularidad del otro no sólo se da en la comunicación verbal, sino también y, sobre todo, en sus acciones o actualizaciones de su modo de ser en el mundo. Actuar es posicionarse frente a los otros y al mundo. (López, 2004).

2.2 La relación entre cuerpo y espacio público

Otro de los aspectos que hemos explorado intensamente, a través del laboratorio Cuerpo e imagen en movimiento, consiste en la apropiación y resignificación del espacio público en las ciudades. Esto implica vivenciar, desde una nueva perspectiva los espacios de tránsito, de cruce y contacto estrecho en la cotidianidad, lo que en el contexto urbano, está plagado de complejidades, especialmente por el veloz ritmo de vida, por la conglomeración de personas, así como debido a la frialdad e indiferencia ante los otros. Mediante esta estrategia de apropiación de los espacios urbanos y su incorporación como espacios potenciadores para la creación, buscamos resignificar la experiencia cotidiana e interpretar de otra forma el tránsito en el espacio público. 

 Por otro lado, para los participantes estas intervenciones espaciales terminan convirtiéndose en el escenario donde acontece la performatividad de la creación. Esta es una de las principales razones por la que hemos escogido muy diversos espacios públicos para desarrollar el laboratorio desde su origen, como son las áreas verdes y el teatrino del Museo la Tertulia en la ciudad de Cali, en Colombia, el Centro Cultural Universitario en la Universidad Nacional Autónoma de México, en Ciudad de México, e incluso en las aulas, escaleras y pasillos de la Facultad de Artes Integradas, en la Universidad del Valle.

Una de las estrategias que empleamos para provocar las exploraciones y reinterpretaciones del espacio físico es la intervención corporal de éste desde el movimiento realizando ejercicios prácticos, a manera de circuitos, que se diseñan in situ según las posibilidades que el entorno seleccionado brinda. Tomando como referente la propuesta de entrenamiento de la compañía colombiana de danza Cortocinesis, llamada arquitectura móvil, puntualmente su idea de intervenir y re-crear los espacio desde el cuerpo y el movimiento, nos aventuramos a la generación de acciones que provocan nuevas relaciones corpóreo – espaciales. El cuerpo se dispone desde el movimiento con un tono muscular suave, alerta y fluido a interactuar con las formas, superficies y estructuras dadas por el espacio, por tanto, el cuerpo se transforma en y para el espacio, a la vez que el espacio va adquiriendo nuevos sentidos y significados. Desde estas intervenciones nuestra acción crea otras formas de espacio debido a la relación corporal – espacial in situ; es decir que en estos ejercicios nos hacemos espacio, a la vez que el espacio se hace con nosotros

El espacio físico ya existe, está ahí antes que nosotros, pero en las relaciones establecidas con éste se constituye la experiencia de lo espacial, en dos direcciones: nos hacemos en el espacio porque este constituye nuestra experiencia al ofrecernos recursos y modos de actuar sobre él, y al mismo tiempo, hacemos también al espacio porque lo constituimos al cargarlo con nuestras acciones, con los usos asignados a este. Nos hacemos en el espacio y el espacio se hace con nosotros, estableciendo una relación recíproca de continuas elaboraciones. (Palacio, 2017).

Estas relaciones corpóreo-espaciales podrían ser vistas como acciones performáticas pues trastocan las condiciones cotidianas del mismo tanto para los participantes como para los peatones. Desde la mirada del transeúnte puede ser entendida como el escenario de un acontecimiento, extraño y desconcertante, que descoloca su relación y sentido cotidiano con ese espacio que suele transitar y recorrer cotidianamente. Mientras que, desde la experiencia del participante, ahora hecho performer, se trata de apropiarse de un nuevo espacio escénico para el despliegue de su capacidad creativa y expresiva. Al final, la experiencia sobre la relación cuerpo-espacio, apoyada en el uso de dispositivos tecnológicos provee los insumos con los cuales se da paso a la producción de Videodanzas que, con base en lo mencionado hasta aquí, sería la constitución en obra de la experiencia performática del cuerpo en el espacio y del espacio en el cuerpo

2.3 Trabajo con dispositivos y medios tecnológicos

En esta parte ahondaremos sobre el papel que tienen los dispositivos y medios tecnológicos en relación con la metodología y los procesos creativos que se llevan a cabo a lo largo del laboratorio. En este sentido, el principal medio tecnológico y soporte de estos procesos creativos consiste en la realización de vídeos de corta duración, donde los participantes experimentan, a partir de las dinámicas realizadas en los diversos momentos, de acuerdo con sus inquietudes e intereses, dando por resultado la construcción de espontáneas imágenes en movimiento.

El laboratorio involucra la incorporación de ciertas herramientas técnicas sobre la composición fotográfica y la construcción de imágenes, como el papel de los enfoques, los encuadres, los planos, las perspectivas, entre otros. De manera que, se trata de familiarizar a los participantes con estos recursos, si bien no de forma exhaustiva, sí al menos con la intención de brindar algunas pautas técnicas y sobre todo algunas ideas para ser empleadas en la creación colectiva. Con este propósito, tomamos como referencia el lenguaje formal y expresivo de la Videodanza, que involucra precisamente una construcción coreográfica pensada exclusivamente para la cámara, contrastando con la danza escénica y con otras formas teatrales de la danza.  

La Videodanza como género híbrido contemporáneo, nos sirve como referente para mostrar la interdisciplinariedad, no sólo como un detonante del intercambio y del diálogo, sino también como una forma artística específica que puede ser adoptada por los participantes, en función de sus necesidades expresivas y comunicativas. En este mismo sentido, pensamos que la gran ventaja de la hibridación entre Danza y Artes Visuales es que involucra diversas herramientas formales, técnicas y estilísticas que pueden ser apropiadas por los participantes para crear sus Videodanzas experimentales.

En relación con este punto, tenemos muy claro que la cámara como dispositivo tecnológico se trata únicamente de un medio que sirve de soporte para comunicar ideas, dependiendo de las necesidades expresivas de un colectivo de personas, según sus intereses y a su potencial creativo. Es decir, que como cualquier dispositivo tecnológico, tiene sus ventajas y sus limitantes, simplemente consideremos que en nuestro tiempo las cámaras son un medio accesible y cuyo uso puede considerarse democratizado, lo que se nota también la proliferación de programas, herramientas y aplicaciones para crear y editar imágenes. Estas características ponen en evidencia el papel de la recursividad y la proliferación de fenómenos como la creación, consumo, apropiación y manipulación de imágenes en nuestro tiempo, lo que hace sumamente versátil a este lenguaje expresivo y revela su notable potencial creativo.

  1. Transdisciplinariedad e intercambio creativo

Una aproximación inter y transdisciplinar no debe interpretarse como un rechazo a los saberes disciplinares, sino más bien como una forma de reconocer los límites de los campos específicos del conocimiento, pero sobre todo comprender las estrechas interacciones y los profundos vínculos entre disciplinas artísticas. Este tipo de estrategias creativas y pedagógicas nos ha permitido reflexionar sobre los puentes, conexiones y convergencias entre las artes, pero a su vez nos ha estimulado a experimentar muy de cerca con dichos procesos creativos. 

La figura del laboratorio creativo, como método dialéctico e investigativo resulta flexible y versátil, pero sobre todo incentiva el intercambio, abriendo nuevas rutas imaginativas y de apropiación del conocimiento. De modo que, los distintos saberes se vuelven áreas complementarias y transversales, tal como ha quedado demostrado en los cruces generados entre la Danza y las Artes Visuales en los últimos años, lo que posibilita nuevas rutas educativas y formativas en el campo de las artes.

Mediante los laboratorios buscamos habilitar el intercambio y cruzamiento de saberes, experimentándolo en carne propia y encausándolo hacia la creación, permitiendo incorporar, abandonar, yuxtaponer o fusionar los elementos disciplinares necesarios para materializar un proyecto creativo. Es ahí, donde entran en acción y se validan los saberes particulares, así como la relevancia del trabajo participativo y colectivo entre los asistentes, lo que en cada ocasión da lugar a encuentros inusitados. 

Estas experiencias nos han llevado a repensar los procesos creativos en el contexto contemporáneo, así como las estrategias pedagógicas y los retos epistemológicos que esto conlleva, por lo que es indispensable asumir una posición autocrítica y reconocer las falencias de los paradigmas tradicionales. Desde nuestra perspectiva, estos procesos se nutren enormemente cuando están permeados profundamente por el intercambio y el diálogo, tanto como una estrategia didáctica, como una metodología de la investigación, donde se evidencian actitudes y valores fundamentales, como el respeto, la tolerancia, la empatía, la apertura de pensamiento, constituyéndose en un modus vivendi.

En el caso del rol del participante, sucede algo muy semejante, pues ya no se trata de asumir una posición pasiva ante su proceso creativo y formativo, sino que cada vez requiere una mayor interacción con su entorno y con los otros, lo traduciéndose en una mayor responsabilidad y autonomía epistémica. Precisamente, este nuevo perfil del participante es el que promovemos, se trata de hacer que las personas se apropien de su proceso cognitivo y sean capaces de establecer conexiones móviles, flexibles e inacabadas con otros campos del saber, de acuerdo con sus necesidades y cuestionamientos. 

Reflexión final sobre los laboratorios creativos

Las ideas desarrolladas a lo largo de este texto se han enfocado en los procesos creativos y pedagógicos asociados al campo de las artes. Sin embargo, también cabe señalar que las consecuencias epistemológicas y didácticas discutidas no se reducen al Arte; por el contrario son el resultado de un nuevo paradigma epistemológico en nuestro tiempo, permeado también por los recursos tecnológicos y los nuevos medios, que involucra entender la complejidad del sujeto, de las construcciones de su contexto cultural y social, de lo multidimensional de su existencia, que lo vincula con su entorno específico y que determina su relación con las otras personas.

Por ello, pensamos que las reflexiones planteadas en este texto pueden aplicarse a otros ámbitos del saber, como en el caso de las Ciencias y las Humanidades, por mencionar algunos, donde cada vez se vuelve más indispensable la apertura, los intercambios y los préstamos entre áreas del conocimiento. Es necesario enfatizar, que en ciertos ámbitos académicos formativos y en espacios tradicionales dedicados a la creación, existe una fuerte resistencia de apertura a estas nuevas perspectivas, razón por la cual el laboratorio Cuerpo e imagen en movimiento se aventura a explorar nuevas estrategias y dinámicas, que generen experiencias de reflexión y creación para públicos no especializados. 

Trascender los límites de los campos específicos y de los saberes especializados, permite desarrollar una perspectiva holista y heterogénea sobre el conocimiento, el mundo y los otros. En este mismo sentido la figura de los laboratorios creativos, como estrategia pedagógica y metodológica puede convertirse en una herramienta didáctica muy potente, tanto dentro, como fuera del aula, pues se caracteriza por impulsar la experimentación, la imaginación y la creatividad de cualquier persona, además de generar un fructífero intercambio, para alcanzar una meta en común.

Uno de los aspectos más valiosos se debe a la forma en que buscamos conjugar teoría y práctica; además de que en esa convergencia es donde el cuerpo propio y el cuerpo de los otros adquiere un lugar central. El hecho mismo de poner el cuerpo implica ya un cambio de actitud, sobre todo salir de la zona de confort y generar un vínculo distinto con las demás personas. Es por ello, que la encarnación de la experiencia, a través de las diversas dinámicas y ejercicios, amplía enormemente la vivencia de todo el proceso, lo que a su vez permite que fluyan notablemente cada uno de los momentos constitutivos del laboratorio. 

Finalmente, nos gustaría concluir diciendo que, en nuestra experiencia como facilitadores y guías de estos procesos, los laboratorios nos han brindado aprendizajes muy valiosos y significativos, sobre todo debido a que la interacción con cada grupo de personas ha sido un reto constante, en tanto que salimos al encuentro con una multiplicidad de construcciones subjetivas e intersubjetivas, que son el resultado de un diálogo abierto con la alteridad. Esto nutre enormemente al laboratorio, pues los participantes poseen inquietudes y conocimientos muy distintos entre sí, así como una historia personal, que enriquece las dinámicas, la interacción y colaboración con los otros. De manera que, todas estas características vuelven más compleja la figura del laboratorio y a su vez cada versión se convierte en un reto pedagógico, así como una experiencia de gran aprendizaje para nosotros.

Notas
[1] En el caso de la corriente filosófica de la Fenomenología, diversos pensadores como Sartre, Marcel y Merleau-Ponty coinciden en subrayar la índole existencial del vínculo entre el yo y el cuerpo. Para la fenomenología del cuerpo, el cuerpo es vivenciado, intuido y experimentado, es un ser-situado-corporalmente-en-el-mundo. (Gallo, 2006).
[2] Constituyo un mundo que también es constituido por los otros y hay reciprocidad constituyente, porque soy constituido por el mundo y por los otros que constituyo. (López, 2004: 58)
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Jackson, M. (1989). En Citro, S. (2010). Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos. Buenos Aires: Editorial Biblos. 
López, Ma. C. (2004). Intersubjetividad como intercorporalidad. La lámpara de Diógenes, vol. 5, número 008 y 009 pág. 57 -70. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 
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Piscitelli, A. (2015). La educación nunca empieza, siempre continúa. Antecedentes. En M. Acaso y P. Manzanera (Eds.), Esto no es una clase (pp. 3-15). Madrid: Fundación Telefónica y Editorial Ariel.
Sánchez, J. y Pérez, C. (2011). Hacia un currículo transdisciplinario: una mirada desde el pensamiento complejo. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, (17), 143-164.

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Revista Paso al Paso, 2021. ISSN: 2711-4783 (En línea)

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