“Cada danza tiene su espíritu, que te libera y te hace danza”: Eibar Guzmán

Por: Carolina Posada

Eibar Guzmán es danzante y habita el territorio ancestral Nasa de Paniquitá, en el municipio de Totoró, Cauca. Danza desde pequeño, su cuerpo se ha movido por el impulso de la vida, de la naturaleza, al ritmo de los sonidos del golpeteos de palos y tapas de ollas. “Vivo con mi esposa y compañera de Danza, quien también es profesora e intérprete de la Danza, mi complemento. Karime Velasco Falla, indígena Nasa de Paniquitá y también tengo otra fuente de inspiración que son mi dos fiw «semillas» mi hija mayor Yut de 15 años, que traduce Flor de Alta Pureza o flor de remedio en Nasa Yuwe quien también disfruta y es intérprete de la música y la Danza y la menor se llama Itzel de Origen maya que traduce lucero del atardecer o hija de la luna. «A’te». Cumple 3 añitos y tiene gran gusto y destreza para Danzar. Son mi inspiración y fiel legado para seguir en el contacto con la Danza”.

A los cinco años, en la edad de escolaridad, se trasladó con su familia a vivir en Popayán, ciudad conservadora y católica, buscando un mejor futuro y educación para él y sus hermanos. “En la ciudad las cosas son muy distintas y ahí empecé a tener un momento de remolino, un momento de desconexión”. 

Hay que retomar, ser consciente de las raíces, a veces se está en un remolino del río que nos mantiene ahí, pero al hacer de nuevo la consciencia retomamos las raíces. Pues si la danza es la vida entonces hay que entender por qué la vida es danza

Eibar Guzmán.

El remolino de la vida

Su primera relación con las danzas tradicionales fue bailando cumbia en una presentación del colegio, porque quería bailar con una niña que le gustaba mucho. El día anterior la profesora de danza les indicó tres pasos y con ellos bailaron toda la canción, sin más indicaciones. Luego de la presentación, sus compañeros y amiguitos que lo habían visto bailar, lo sumergieron en el remolino, “ahora lo llaman bullying”, dice Eibar, porque las burlas recibidas lo llevaron a renunciar a la danza, nunca más danzó, ni siquiera en las fiestas familiares. Pero él “sentía que estaba dentro de un remolino”. Una sensación de vergüenza inmovilizó su cuerpo por muchos años. Pero dentro de Eibar, algo esencial faltaba: la danza, su danza.

En décimo grado, impulsado por un profesor, regresó a la danza. Eibar tenía ese don, le habían entregado el don de danzar, y de no regresar a él estaría desvaneciéndose con su cuerpo y su espíritu.

Reencontrarse a través de la danza y encontrarse con la danza

El llamado fue atendido. Comenzó sus estudios en danzas y tradiciones de manera autodidacta, de la mano de lecturas y textos de autores como Guillermo Abadía Morales, pues en Cauca no había un lugar ‘academico’ para estudiar las danzas ancestrales. Aprovechó cada uno de los talleres de danza que pasaban por su localidad, como folclor, tango y danza contemporánea. Su cuerpo experimentó diferentes técnicas, las puso en diálogo con sus tradiciones, con sus sentires de la danza, aprendió de éstas, y le reafirmaron que su danza indígena, autóctona, ancestral, es el movimiento que revitaliza a su ser, su familia y su comunidad.

Comprender su don, enaltecer el legado que había recibido lo condujo hacia preguntas sobre los procesos pedagógicos, de cómo enseñar la danza para no exponerse a una mala experiencia como le pasó a Eibar, pues por falta de una guianza inicial en sus tempranos cinco años, fue criticado fuertemente por el público. Las puertas se abrían y cerraban, diversos talleristas les impartían metodologías occidentalizadas enfocadas en la repetición, reconstrucción de repertorios, en la práctica adecuada de una técnica, más orientados a la materia que a la energía. Pero en Eibar aún quedaba una pregunta, sentía que la danza era mucho más profunda, más allá de la superficie del dominio de la técnica o la espectacularidad, y sin embargo, sus profesores en ese momento “no daban a entender que era un concepto más profundo”.

Esta reflexión que hizo Eibar, es una pregunta que necesitamos continuar haciéndonos, en cuanto a las metodologías pedagógicas que concentran sus esfuerzos en la técnica y abandonan la pregunta por la cultura, por las tradiciones y por el arte. Además, el legado occidental aún se sostiene de manera dominante, dejando poco espacio para nuestras prácticas ancestrales, y para incorporar la etnoeducación, cuyas metodologías son armónicas con la cultura y la tradición.

En este sentido, el trasegar de Eibar ha sido constante y persistente para conformar maneras de enseñanza, transmisión, despertar sensibilidades. En los espacios físicos que ha creado junto a su comunidad, orientado por sus mayores, su vocación traspasa el objetivo de enseñar a bailar, y en cambio se amplía para vivir en la danza y las tradiciones. “La danza es vida” y por ello estos lugares comunitarios de expresiones culturales, como son llamados por Eibar y sus mayores, se alejan de las denominaciones formales y estructurales como academias, escuelas o institucionales porque si bien destaca que hay procesos importantes en estos espacios para la formación técnica de bailarines, carecen de pedagogías que buscan enaltecer e ir hacia la esencia del bailarín.

La danza está viva

“Es muy diferente bailar (que es externo), que danzar (es una consciencia)”. Danzar, explica Eibar, es abrir el camino con algo que invite a despertar los sentidos, más allá de lo físico y lo técnico. Es lograr esa conexión y por ello es muy importante cómo se comparte, cómo se interioriza, y qué es lo que se quiere transmitir. La danza debe estar equilibrada, entre la materia y la energía.

Comienza sus encuentros (clases), siempre preguntándose por cómo están, para equilibrar la energía y revelar la disposición hacia la danza. Este balance se va encontrando con el manejo de la respiración, con visualizaciones que convoquen la conexión con la tierra, con la palabra, con el tacto por medio de masajes para conectarse con el interior, con el olfato de plantas que huelen muy lindas y con la bebida tradicional. Todos los sentidos se disponen, se activan y conectan, “para darle a la danza un sentido de vivir”. La danza es un acontecimiento, no una representación, y allí está ese eslabón que se desvincula entre la repetición y la vivencia.

Su búsqueda está encaminada a prácticas danzarias de estructuras pedagógicas horizontales. Por ejemplo, explica que muchos danzantes inician sus procesos en grupos de danzas cuyos objetivos son verticales y se orientan para desarrollar explícitamente un repertorio de ‘Danzas para cubrir eventos’. “El dilema es poder hacer esa transición o reconocimiento de lo que surge o pasa en esas prácticas con los cuerpos y su manera de pensar y comportarse cuando se entra al ‘mundo’ de la danza. Entonces la definición entre hacer un trabajo de ‘danzas’ sería muy distinto al pasar a desarrollar procesos de formación en ‘danza’ cuyo objetivo es más horizontal. Al hacer esta transición, habrá un mejor tratamiento para los beneficiarios de la danza, para el desarrollo social del ser de cada danzante y del propio director. Un beneficio ilimitado. Eso en relación con la diferencia que estimo entre las danzas y la danza. Que no quiero suponer cuál es la más importante porque de todas maneras la una está incluida dentro de la otra”.

“La danza es como cada uno la quiera expresar”

La fuerza: su comunidad, su familia

En su búsqueda por esa profundidad en la danza, comienza a reconocerse y reconocer sus raíces afro e indígenas, dejadas al margen. En las  conversaciones con padres, con sus mayores, recorrió su pasado, las memorias de sus mayores y encontró en el ritual una manera para trabajar la conexión con sigo mismo, no solo como una ceremonia.

Sus raíces fueron apareciendo y creciendo mientras se conectaba con sus movimientos y sus pensamientos propios. Su trabajo en las comunidades Nasa le permitió conocer y comunicarse con los mayores para seguir sus conexiones.

En esencia, los pueblos indígenas comparten ideas sobre su cosmosivión, la diversidad se encuentra en las prácticas. En la comunidad Nasa, el ser respetuosos, agradecer, hacer ofrendas, permite estar siempre en conexión con la tierra y el cosmos, la estructura vital para la comunidad. La ley de origen de cada pueblo indígena tiene sus dioses. Los nasa son los hijos del agua, del trueno y la laguna, y allí nace el gran cacique, Juan Tama. En escrituras de la colonia encontradas en Ecuador, aparece el nombre de Juan Tama y su relato de cómo inicia el trabajo de la liberación de tierras de ese territorio. “Él tenía forma de serpiente y se amamantaba de siete mujeres vírgenes, es decir no se amamantaba de leche sino de esa energía, para poder crecer”. 

Aprendió de la mano de los mayores que la danza no podía ir sola, sino que está acompañada del tejido, la música y la lengua materna (nasayó). La danza no es un asunto de memoria y grabarla para repetirla sino que está VIVA, y hace parte del tejido que elabora la cosmovisión Nasa.

Saakhelu, el gran ritual

Es la celebración de las semillas, y se realiza entre la luna llena de agosto y la luna llena de septiembre con el arribo de las lluvias. Es la celebración del año nuevo con la revitalización de las semillas, abierta al público de cualquier parte de Colombia.

En el 2019 (del calendario gregoriano), Eibar fue elegido por cateo (las consultas que hacen los médicos tradicionales a la naturaleza y reciben sus respuestas) para ser el danzante principal del Saakhelu. De igual manera son los abuelos, quienes por cateo, explican cuál es el árbol a sacrificar, dónde se encuentra y cuál es el lugar donde se va a celebrar el gran ritual, como también enuncian los demás danzantes, padrinos y personas que participarán (cocineros, músicos, etc.), todas elegidas por cateo. En días previos se realizan rituales de limpieza y armonía para quienes fueron llamados por cateo.

Las respuestas por el cateo llegan a manera de señas, llegan a la pierna derecha, a la pierna izquierda, o abajo, arriba, en el medio o por luces, o con las nubes, o por la aparición de algún animal, todas esas son respuestas de la naturaleza que los médicos tradicionales saben interpretar. La noche anterior al gran ritual, se definirá el árbol, como también las danzas y el orden de éstas para ser danzadas, durante los cuatro días de la gran celebración.

En el centro se erige el árbol sagrado (tewala) gran abuelo, el cual es elegido por cateo, y la naturaleza define cuál árbol es y en qué lugar está (que a veces puede estar muy lejos del lugar de la comunidad) para ser sacrificado durante el gran ritual. A veces son dos árboles, un macho y una hembra. Se llega a la madrugada, se hace música, se le canta, se le pide permiso y luego se entrega en sacrificio para llevarlo al lugar de celebración del gran ritual. 

“La Experiencia de ser el danzante principal del gran ritual Saakhelu es llevar la responsabilidad de las dos mil personas que vienen detrás de ti danzando, y se debe danzar cuatro días seguidos, mañana, tarde y noche. Es tratar de lograr la conexión con todas las personas que vienen atrás para que la danza salga bien, pues si la danza llega a salir mal, si hay un error, toda la responsabilidad recaerá sobre el danzante principal y sobre su familia en forma de mal”. Por ejemplo si se enredan en la danza del espiral, se daña la figura, hay una gran consecuencia, y deben, según los mayores, hacer inmediatamente una limpieza al danzante principal y volver a comenzar la danza. 

“No solamente es llevar la figura, hacer el paso básico, sino una concentración que hay que llevar para manejar las energías de las personas que hay detrás tuyo y para que el objetivo de la danza termine bien, y es una gran responsabilidad a la vez que una experiencia única”. En su orden, comienzan a danzar, elegidos por cateo, los dos danzantes principales, un hombre y una mujer, luego vienen otros 20 danzantes principales, y detrás vienen los padrinos, quienes tienen una gran responsabilidad y detrás viene toda la comunidad. “Hay muchos grupos de música tocando por todo el espacio, especialmente una chirimía, entonces la música le da mucha fuerza a uno…y mascar coca ayuda a equilibrar las energías para no desconcentrarse”.

El orden y duración de las danzas dependen del cateo por los médicos tradicionales. Hay variedad de danzas que se realizan: la danza del colibrí (las espirales son por fuera del árbol sagrado, hacia los cuatro puntos cardinales del territorio y los movimientos son muy veloces), la danza del caracol (despertar y hacer quitar la pereza), la danza del gallinazo (una gran espiral con la intención de llamar al espíritu de arriba, rodeando el árbol sagrado, entrando y saliendo, es una danza muy hermosa), la danza de la culebra verde (la que cuida de los bosques) la danza a la luna, la danza del llamado a la lluvia y el trueno…Cada una tiene una forma diferente, una concentración distinta para que se logre el llamado, algunas son en la mañana, otras en la tarde o en la noche. La última danza es el ‘despertar de las semillas’, que se hace con todas las semillas que llevan los asistentes, semillas para revitalizarlas, fortalecerlas y compartirlas, y quienes están llamados a revitalizar las semillas son los niños. La danza comienza desde las 4 am con todos los niños y se hace la danza, quienes con una varita y su movimiento, van despertando a las semillas, para hacer “el compartir de las semillas”.

Danzar durante cuatro días a pesar de tener los pies destruidos

“No sentía ni cansancio, era el que más fuerte tenía que estar y el más concentrado…a través de la planta, la bebida, la energía y la música lograba esa concentración, por que es solamente eso: concentración. Que en el cuerpo y en la mente no hubiera algo que te hiciera desconcentrar”.

Durante la danza, la fuerza y la energía a veces proviene de quienes van detrás, otras veces la energía sale del danzante principal, quien con la ayuda de la bebida tradicional (chirrinchi) y de los músicos que van a lado de los danzantes, tocando y tocando todo el día y la noche, encuentran la concentración para entrar en la disposición que requiere el gran ritual. Siempre están acompañados por 4 o 6 tewalas quienes están trabajando para orientar, para dar fuerza, para ver qué más hacer, para guiar, dependiendo de cómo la naturaleza responda a las danzas, a las ofrendas, porque todo lo que se está realizando en el territorio es para armonizar, y por eso ellos tienen que tomar decisiones y hacer cambios, por ejemplo hacer más largas las danzas y desarrollarlas hasta cuando la naturaleza responda. 

Sobre el desarrollo de las danzas, cómo se preparan las danzas, explica que por una parte es el trabajo de preparación corporal: lo físico, lo mental y lo espiritual. En ese espacio, se experimenta mucho con todos los sentidos y hacer consciencia del cuerpo. Y por otra parte es la intención, la conexión y concentración en la danza para llamar al espíritu que se quiere comunicar.

El espíritu de la danza

La danza está viva, lleva su espíritu y cuando se danza se invoca a su espíritu. Por ejemplo, explica Eibar, la danza de la chucha es una danza comunitaria y es una danza viva, al realizar una danza ancestral es importante tener la intención de todas las partes que se manifiestan en la danza, los diferentes momentos de la danza, para que al final termine bien. Tiene un desarrollo según cómo los han orientado los mayores. Se busca no solamente hacer la ‘representación’ sino que se viva el espíritu de esa danza que se está haciendo, por ejemplo qué es la chucha, qué representa la chucha y qué se busca con la danza. Es hacer a la danza viva. Por ello al inicio hay una preparación, con un ritual, para la disposición, para disponer el cuerpo para la danza. 

“Eso es lo que podría definir lo que tu llamas como catharsis, interiorizar el espíritu de esa danza, para no solamente hacer una representación. Cada danza tiene su espíritu. La catharsis es ese espíritu que te llama, te invoca y te permite hacer el movimiento, te libera y te hace danza”.

Es posible que algún niño por ejemplo, pueda ‘repetir’ la danza porque se ha preparado previamente, pero si se está desconcentrando, no se logrará transmitir al público. “Si al final el público se lleva las semillas es que el mensaje llegó, que el espíritu estuvo ahí, conmovió al público y los llamó de tal manera para que se llevaran las semillas y eso era el objetivo. Busco que la danza tenga un valor adicional al hecho de moverme, y es tratar que lo espiritual sea un agregado dentro de la formación del cuerpo”. 

En estos tiempos de incertidumbre, experiencias como las de Eibar enriquecen las perspectivas, muestran caminos a través de la danza y sobre todo, tan bellamente lo enuncia, es llamar al espíritu de la danza que te libera y te hace danza.

Çxute pay. Seguimos en conexión. 

Por: Carolina Posada

Eibar Guzmán es danzante y habita el territorio ancestral Nasa de Paniquitá, en el municipio de Totoró, Cauca. Danza desde pequeño, su cuerpo se ha movido por el impulso de la vida, de la naturaleza, al ritmo de los sonidos del golpeteos de palos y tapas de ollas. “Vivo con mi esposa y compañera de Danza, quien también es profesora e intérprete de la Danza, mi complemento. Karime Velasco Falla, indígena Nasa de Paniquitá y también tengo otra fuente de inspiración que son mi dos fiw «semillas» mi hija mayor Yut de 15 años, que traduce Flor de Alta Pureza o flor de remedio en Nasa Yuwe quien también disfruta y es intérprete de la música y la Danza y la menor se llama Itzel de Origen maya que traduce lucero del atardecer o hija de la luna. «A’te». Cumple 3 añitos y tiene gran gusto y destreza para Danzar. Son mi inspiración y fiel legado para seguir en el contacto con la Danza”.

A los cinco años, en la edad de escolaridad, se trasladó con su familia a vivir en Popayán, ciudad conservadora y católica, buscando un mejor futuro y educación para él y sus hermanos. “En la ciudad las cosas son muy distintas y ahí empecé a tener un momento de remolino, un momento de desconexión”. 

Hay que retomar, ser consciente de las raíces, a veces se está en un remolino del río que nos mantiene ahí, pero al hacer de nuevo la consciencia retomamos las raíces. Pues si la danza es la vida entonces hay que entender por qué la vida es danza

Eibar Guzmán.

El remolino de la vida

Su primera relación con las danzas tradicionales fue bailando cumbia en una presentación del colegio, porque quería bailar con una niña que le gustaba mucho. El día anterior la profesora de danza les indicó tres pasos y con ellos bailaron toda la canción, sin más indicaciones. Luego de la presentación, sus compañeros y amiguitos que lo habían visto bailar, lo sumergieron en el remolino, “ahora lo llaman bullying”, dice Eibar, porque las burlas recibidas lo llevaron a renunciar a la danza, nunca más danzó, ni siquiera en las fiestas familiares. Pero él “sentía que estaba dentro de un remolino”. Una sensación de vergüenza inmovilizó su cuerpo por muchos años. Pero dentro de Eibar, algo esencial faltaba: la danza, su danza.

En décimo grado, impulsado por un profesor, regresó a la danza. Eibar tenía ese don, le habían entregado el don de danzar, y de no regresar a él estaría desvaneciéndose con su cuerpo y su espíritu.

Reencontrarse a través de la danza y encontrarse con la danza

El llamado fue atendido. Comenzó sus estudios en danzas y tradiciones de manera autodidacta, de la mano de lecturas y textos de autores como Guillermo Abadía Morales, pues en Cauca no había un lugar ‘academico’ para estudiar las danzas ancestrales. Aprovechó cada uno de los talleres de danza que pasaban por su localidad, como folclor, tango y danza contemporánea. Su cuerpo experimentó diferentes técnicas, las puso en diálogo con sus tradiciones, con sus sentires de la danza, aprendió de éstas, y le reafirmaron que su danza indígena, autóctona, ancestral, es el movimiento que revitaliza a su ser, su familia y su comunidad.

Comprender su don, enaltecer el legado que había recibido lo condujo hacia preguntas sobre los procesos pedagógicos, de cómo enseñar la danza para no exponerse a una mala experiencia como le pasó a Eibar, pues por falta de una guianza inicial en sus tempranos cinco años, fue criticado fuertemente por el público. Las puertas se abrían y cerraban, diversos talleristas les impartían metodologías occidentalizadas enfocadas en la repetición, reconstrucción de repertorios, en la práctica adecuada de una técnica, más orientados a la materia que a la energía. Pero en Eibar aún quedaba una pregunta, sentía que la danza era mucho más profunda, más allá de la superficie del dominio de la técnica o la espectacularidad, y sin embargo, sus profesores en ese momento “no daban a entender que era un concepto más profundo”.

Esta reflexión que hizo Eibar, es una pregunta que necesitamos continuar haciéndonos, en cuanto a las metodologías pedagógicas que concentran sus esfuerzos en la técnica y abandonan la pregunta por la cultura, por las tradiciones y por el arte. Además, el legado occidental aún se sostiene de manera dominante, dejando poco espacio para nuestras prácticas ancestrales, y para incorporar la etnoeducación, cuyas metodologías son armónicas con la cultura y la tradición.

En este sentido, el trasegar de Eibar ha sido constante y persistente para conformar maneras de enseñanza, transmisión, despertar sensibilidades. En los espacios físicos que ha creado junto a su comunidad, orientado por sus mayores, su vocación traspasa el objetivo de enseñar a bailar, y en cambio se amplía para vivir en la danza y las tradiciones. “La danza es vida” y por ello estos lugares comunitarios de expresiones culturales, como son llamados por Eibar y sus mayores, se alejan de las denominaciones formales y estructurales como academias, escuelas o institucionales porque si bien destaca que hay procesos importantes en estos espacios para la formación técnica de bailarines, carecen de pedagogías que buscan enaltecer e ir hacia la esencia del bailarín.

La danza está viva

“Es muy diferente bailar (que es externo), que danzar (es una consciencia)”. Danzar, explica Eibar, es abrir el camino con algo que invite a despertar los sentidos, más allá de lo físico y lo técnico. Es lograr esa conexión y por ello es muy importante cómo se comparte, cómo se interioriza, y qué es lo que se quiere transmitir. La danza debe estar equilibrada, entre la materia y la energía.

Comienza sus encuentros (clases), siempre preguntándose por cómo están, para equilibrar la energía y revelar la disposición hacia la danza. Este balance se va encontrando con el manejo de la respiración, con visualizaciones que convoquen la conexión con la tierra, con la palabra, con el tacto por medio de masajes para conectarse con el interior, con el olfato de plantas que huelen muy lindas y con la bebida tradicional. Todos los sentidos se disponen, se activan y conectan, “para darle a la danza un sentido de vivir”. La danza es un acontecimiento, no una representación, y allí está ese eslabón que se desvincula entre la repetición y la vivencia.

Su búsqueda está encaminada a prácticas danzarias de estructuras pedagógicas horizontales. Por ejemplo, explica que muchos danzantes inician sus procesos en grupos de danzas cuyos objetivos son verticales y se orientan para desarrollar explícitamente un repertorio de ‘Danzas para cubrir eventos’. “El dilema es poder hacer esa transición o reconocimiento de lo que surge o pasa en esas prácticas con los cuerpos y su manera de pensar y comportarse cuando se entra al ‘mundo’ de la danza. Entonces la definición entre hacer un trabajo de ‘danzas’ sería muy distinto al pasar a desarrollar procesos de formación en ‘danza’ cuyo objetivo es más horizontal. Al hacer esta transición, habrá un mejor tratamiento para los beneficiarios de la danza, para el desarrollo social del ser de cada danzante y del propio director. Un beneficio ilimitado. Eso en relación con la diferencia que estimo entre las danzas y la danza. Que no quiero suponer cuál es la más importante porque de todas maneras la una está incluida dentro de la otra”.

“La danza es como cada uno la quiera expresar”

La fuerza: su comunidad, su familia

En su búsqueda por esa profundidad en la danza, comienza a reconocerse y reconocer sus raíces afro e indígenas, dejadas al margen. En las  conversaciones con padres, con sus mayores, recorrió su pasado, las memorias de sus mayores y encontró en el ritual una manera para trabajar la conexión con sigo mismo, no solo como una ceremonia.

Sus raíces fueron apareciendo y creciendo mientras se conectaba con sus movimientos y sus pensamientos propios. Su trabajo en las comunidades Nasa le permitió conocer y comunicarse con los mayores para seguir sus conexiones.

En esencia, los pueblos indígenas comparten ideas sobre su cosmosivión, la diversidad se encuentra en las prácticas. En la comunidad Nasa, el ser respetuosos, agradecer, hacer ofrendas, permite estar siempre en conexión con la tierra y el cosmos, la estructura vital para la comunidad. La ley de origen de cada pueblo indígena tiene sus dioses. Los nasa son los hijos del agua, del trueno y la laguna, y allí nace el gran cacique, Juan Tama. En escrituras de la colonia encontradas en Ecuador, aparece el nombre de Juan Tama y su relato de cómo inicia el trabajo de la liberación de tierras de ese territorio. “Él tenía forma de serpiente y se amamantaba de siete mujeres vírgenes, es decir no se amamantaba de leche sino de esa energía, para poder crecer”. 

Aprendió de la mano de los mayores que la danza no podía ir sola, sino que está acompañada del tejido, la música y la lengua materna (nasayó). La danza no es un asunto de memoria y grabarla para repetirla sino que está VIVA, y hace parte del tejido que elabora la cosmovisión Nasa.

Saakhelu, el gran ritual

Es la celebración de las semillas, y se realiza entre la luna llena de agosto y la luna llena de septiembre con el arribo de las lluvias. Es la celebración del año nuevo con la revitalización de las semillas, abierta al público de cualquier parte de Colombia.

En el 2019 (del calendario gregoriano), Eibar fue elegido por cateo (las consultas que hacen los médicos tradicionales a la naturaleza y reciben sus respuestas) para ser el danzante principal del Saakhelu. De igual manera son los abuelos, quienes por cateo, explican cuál es el árbol a sacrificar, dónde se encuentra y cuál es el lugar donde se va a celebrar el gran ritual, como también enuncian los demás danzantes, padrinos y personas que participarán (cocineros, músicos, etc.), todas elegidas por cateo. En días previos se realizan rituales de limpieza y armonía para quienes fueron llamados por cateo.

Las respuestas por el cateo llegan a manera de señas, llegan a la pierna derecha, a la pierna izquierda, o abajo, arriba, en el medio o por luces, o con las nubes, o por la aparición de algún animal, todas esas son respuestas de la naturaleza que los médicos tradicionales saben interpretar. La noche anterior al gran ritual, se definirá el árbol, como también las danzas y el orden de éstas para ser danzadas, durante los cuatro días de la gran celebración.

En el centro se erige el árbol sagrado (tewala) gran abuelo, el cual es elegido por cateo, y la naturaleza define cuál árbol es y en qué lugar está (que a veces puede estar muy lejos del lugar de la comunidad) para ser sacrificado durante el gran ritual. A veces son dos árboles, un macho y una hembra. Se llega a la madrugada, se hace música, se le canta, se le pide permiso y luego se entrega en sacrificio para llevarlo al lugar de celebración del gran ritual. 

“La Experiencia de ser el danzante principal del gran ritual Saakhelu es llevar la responsabilidad de las dos mil personas que vienen detrás de ti danzando, y se debe danzar cuatro días seguidos, mañana, tarde y noche. Es tratar de lograr la conexión con todas las personas que vienen atrás para que la danza salga bien, pues si la danza llega a salir mal, si hay un error, toda la responsabilidad recaerá sobre el danzante principal y sobre su familia en forma de mal”. Por ejemplo si se enredan en la danza del espiral, se daña la figura, hay una gran consecuencia, y deben, según los mayores, hacer inmediatamente una limpieza al danzante principal y volver a comenzar la danza. 

“No solamente es llevar la figura, hacer el paso básico, sino una concentración que hay que llevar para manejar las energías de las personas que hay detrás tuyo y para que el objetivo de la danza termine bien, y es una gran responsabilidad a la vez que una experiencia única”. En su orden, comienzan a danzar, elegidos por cateo, los dos danzantes principales, un hombre y una mujer, luego vienen otros 20 danzantes principales, y detrás vienen los padrinos, quienes tienen una gran responsabilidad y detrás viene toda la comunidad. “Hay muchos grupos de música tocando por todo el espacio, especialmente una chirimía, entonces la música le da mucha fuerza a uno…y mascar coca ayuda a equilibrar las energías para no desconcentrarse”.

El orden y duración de las danzas dependen del cateo por los médicos tradicionales. Hay variedad de danzas que se realizan: la danza del colibrí (las espirales son por fuera del árbol sagrado, hacia los cuatro puntos cardinales del territorio y los movimientos son muy veloces), la danza del caracol (despertar y hacer quitar la pereza), la danza del gallinazo (una gran espiral con la intención de llamar al espíritu de arriba, rodeando el árbol sagrado, entrando y saliendo, es una danza muy hermosa), la danza de la culebra verde (la que cuida de los bosques) la danza a la luna, la danza del llamado a la lluvia y el trueno…Cada una tiene una forma diferente, una concentración distinta para que se logre el llamado, algunas son en la mañana, otras en la tarde o en la noche. La última danza es el ‘despertar de las semillas’, que se hace con todas las semillas que llevan los asistentes, semillas para revitalizarlas, fortalecerlas y compartirlas, y quienes están llamados a revitalizar las semillas son los niños. La danza comienza desde las 4 am con todos los niños y se hace la danza, quienes con una varita y su movimiento, van despertando a las semillas, para hacer “el compartir de las semillas”.

Danzar durante cuatro días a pesar de tener los pies destruidos

“No sentía ni cansancio, era el que más fuerte tenía que estar y el más concentrado…a través de la planta, la bebida, la energía y la música lograba esa concentración, por que es solamente eso: concentración. Que en el cuerpo y en la mente no hubiera algo que te hiciera desconcentrar”.

Durante la danza, la fuerza y la energía a veces proviene de quienes van detrás, otras veces la energía sale del danzante principal, quien con la ayuda de la bebida tradicional (chirrinchi) y de los músicos que van a lado de los danzantes, tocando y tocando todo el día y la noche, encuentran la concentración para entrar en la disposición que requiere el gran ritual. Siempre están acompañados por 4 o 6 tewalas quienes están trabajando para orientar, para dar fuerza, para ver qué más hacer, para guiar, dependiendo de cómo la naturaleza responda a las danzas, a las ofrendas, porque todo lo que se está realizando en el territorio es para armonizar, y por eso ellos tienen que tomar decisiones y hacer cambios, por ejemplo hacer más largas las danzas y desarrollarlas hasta cuando la naturaleza responda. 

Sobre el desarrollo de las danzas, cómo se preparan las danzas, explica que por una parte es el trabajo de preparación corporal: lo físico, lo mental y lo espiritual. En ese espacio, se experimenta mucho con todos los sentidos y hacer consciencia del cuerpo. Y por otra parte es la intención, la conexión y concentración en la danza para llamar al espíritu que se quiere comunicar.

El espíritu de la danza

La danza está viva, lleva su espíritu y cuando se danza se invoca a su espíritu. Por ejemplo, explica Eibar, la danza de la chucha es una danza comunitaria y es una danza viva, al realizar una danza ancestral es importante tener la intención de todas las partes que se manifiestan en la danza, los diferentes momentos de la danza, para que al final termine bien. Tiene un desarrollo según cómo los han orientado los mayores. Se busca no solamente hacer la ‘representación’ sino que se viva el espíritu de esa danza que se está haciendo, por ejemplo qué es la chucha, qué representa la chucha y qué se busca con la danza. Es hacer a la danza viva. Por ello al inicio hay una preparación, con un ritual, para la disposición, para disponer el cuerpo para la danza. 

“Eso es lo que podría definir lo que tu llamas como catharsis, interiorizar el espíritu de esa danza, para no solamente hacer una representación. Cada danza tiene su espíritu. La catharsis es ese espíritu que te llama, te invoca y te permite hacer el movimiento, te libera y te hace danza”.

Es posible que algún niño por ejemplo, pueda ‘repetir’ la danza porque se ha preparado previamente, pero si se está desconcentrando, no se logrará transmitir al público. “Si al final el público se lleva las semillas es que el mensaje llegó, que el espíritu estuvo ahí, conmovió al público y los llamó de tal manera para que se llevaran las semillas y eso era el objetivo. Busco que la danza tenga un valor adicional al hecho de moverme, y es tratar que lo espiritual sea un agregado dentro de la formación del cuerpo”. 

En estos tiempos de incertidumbre, experiencias como las de Eibar enriquecen las perspectivas, muestran caminos a través de la danza y sobre todo, tan bellamente lo enuncia, es llamar al espíritu de la danza que te libera y te hace danza.

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Revista Paso al Paso, 2021. ISSN: 2711-4783 (En línea)

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