Amazrojo: Desfragmentación en fotografía, danza y video

Contexto

La relación de la tecnología como video, láser, interactividad obligan a hablar de una nueva materialidad de la obra de arte. En esta relación, el cuerpo ocupa un lugar esencial. La proliferación de imágenes del cuerpo registrada en el siglo XX es un indicador de crisis y no de conquista, es la inaccesibilidad a la figura corporal. Con la posmodernidad se asiste a lo incierto, al cuerpo como fórmula inestable, como figura que se esquiva, que se escapa. La imagen intermedial, postproducida en video, fotografía o cine, es lo actual en el arte contemporáneo. Presupone la coexistencia o rivalidad de los medios. Es una variante en la interacción entre imagen y medio. Esta interacción conlleva al enigma del ser y la apariencia. El cuerpo busca en el doble y contradictorio terreno del simulacro lo artificial, lo posorgánico de lo tecnológico, lo traumático. Es el epicentro del deseo, de las identidades, del género, de la escritura y de lo tecnológico en lo individual. En lo social es un cuerpo exhibido en un espectáculo abierto “(…) a la esfera pública de la experiencia”.

Este cuerpo expandido fluctúa en varias direcciones: el cuerpo proteico, como lo enuncia Paul Virilio, es un cuerpo obsoleto que necesita de prótesis para sobrevivir el desafío tecnológico. Nace entonces como objeto un híbrido que Donna Haraway denominó el cyborg. El cuerpo reconstruido es otra dirección en cuanto al desarrollo de la ciencia médica en especial de la cirugía; la ortopedia tecnológica y la genética. Se da por lo tanto una nueva dimensión en cuanto el cuerpo es físicamente modificable, donde la metamorfosis es posible y también la búsqueda de su eterna juventud. El cuerpo ausente entendido como entidad física y lugar de vida que Craig Owens define como una lógica de atracción por lo fragmentario, lo imperfecto, lo incompleto. En esencia es una articulación entre el tiempo y la fugacidad de la vida bajo la memoria, la huella, el resto o el fragmento. El modo en el cual deja de presentarse este cuerpo es en un no estar, una oclusión del cuerpo, pero es un cuerpo ausente que no ha perdido su contorno y que aún es identificable. El cuerpo narrativo también interesa en cuanto es el protagonista de un microrelato o de una secuencia de acontecimientos donde se da una descomposición de la acción realizada por el cuerpo o un proceso de continua transformación del mismo. No es el espacio donde se da un desarrollo argumental, sino por el contrario es un sistema de retroalimentación causal y no condicionado.

El cuerpo fragmentado entrega el cuerpo en pedazos representados a través de primeros planos o detalles de éste. Paul Virilio explica que el brutal fortalecimiento de las “tele-visiones” ha producido un desprecio por las dimensiones del propio cuerpo. El cuerpo fragmentado es por lo tanto un cuerpo derruido, desarticulado, su unidad no es más que la aglutinación de escombros, deja de poseer su carácter de unidad y se vuelve mutable e intercambiable. En el cuerpo transformado esa fragmentación se retoca a través de los efectos digitales, los morphings y repetición en la imagen del cuerpo.

Esta transformación produce otra imagen sustancialmente diferente al original.

El cuerpo era EL LUGAR, en tanto como imagen para abordar la pluralidad de la experiencias como el ejercicio, la manipulación genética, la cosmética, la sexualidad, la enfermedad,

el placer, la muerte o la escatología. Un cuerpo con mucho de antropomórfico, de autobiográfico, de orgánico o de natural, pero también de artificial, posorgánico, semiótico, construido, poshumano y abyecto,

un cuerpo que es mirado observado y penetrado por la cámara.

Elsa Borrero

Nació en Medellín, actualmente vive en Nueva York. Estudió fotografía, expresión corporal en Buenos Aires, video con Gabriel Vieira en Medellín y danza con las compañías de Alwin Nikolais y Merce Cunningham en Nueva York. Su obra ha sido una experimentación de formas entre las artes plásticas y las performativas como la danza. Pionera en la videdanza en Colombia, entre sus primeras obras de este tipo están Amazrojo (1988), Danz-agua y Sueño (1990) las cuales contienen una propuesta plástica, visual, donde usan el vocabulario coreográfico e inventan un movimiento descodificado y lo mezclan con elementos de las artes visuales: pintura, proyección de video, instalaciones.

Amazrojo

Amazrojo es un contraste entre la felicidad y la nada, es indiferencia ante la muerte en Colombia, por la exacerbada violencia de aquella época, especialmente en Medellín. “Era como si las órdenes eran para matar a los intelectuales, así que para mí, la necesidad de este trabajo se relaciona con la necesidad de llevar a cabo el horror que me causó … ‘vivimos en el cielo y en el demonios … y muchos de nosotros compartimos esta idea. Era como un grupo que conseguir esta cosa fuera de nosotros mismos” (NARANJO, María del Pilar. Emergence de la danse contemporaine a medellin, Colombie. 1984-2005, tesis universidad Paris VIII, 2005, consultado en: http://www.contemporary-dance.org/about-me.html).

Presentada también en 1994, mención en el tiempo “Amazrojo, instalación multimedia de Elsa Borrero, que incluye fotografía, danza y video se presenta en la galería principal del Centro Colombo Americano. El montaje de la artista antioqueña pretende convertir al espectador en actor. Cuenta con la actuación del bailarín Julio César Galeano”.

Título: “Video Amazrojo”
Autor: Elsa Borrero
Género: videoarte
Duración: 20 minutos
Formato original: ¾ de pulgada
Sinopsis: en el cosmos irrumpe el individuo que da paso a un rito tribal y de ahí a la palabra en movimiento, descomponiendo la frase “que pasa” para dar paso al sufrimiento.
Expuesto en: “Muestra Nacional Selectiva. Muestra Internacional del Festival Latinoamericano de Video”. Museo de Arte Moderno, Bogotá. 1988

Contexto

La relación de la tecnología como video, láser, interactividad obligan a hablar de una nueva materialidad de la obra de arte. En esta relación, el cuerpo ocupa un lugar esencial. La proliferación de imágenes del cuerpo registrada en el siglo XX es un indicador de crisis y no de conquista, es la inaccesibilidad a la figura corporal. Con la posmodernidad se asiste a lo incierto, al cuerpo como fórmula inestable, como figura que se esquiva, que se escapa. La imagen intermedial, postproducida en video, fotografía o cine, es lo actual en el arte contemporáneo. Presupone la coexistencia o rivalidad de los medios. Es una variante en la interacción entre imagen y medio. Esta interacción conlleva al enigma del ser y la apariencia. El cuerpo busca en el doble y contradictorio terreno del simulacro lo artificial, lo posorgánico de lo tecnológico, lo traumático. Es el epicentro del deseo, de las identidades, del género, de la escritura y de lo tecnológico en lo individual. En lo social es un cuerpo exhibido en un espectáculo abierto “(…) a la esfera pública de la experiencia”.

Este cuerpo expandido fluctúa en varias direcciones: el cuerpo proteico, como lo enuncia Paul Virilio, es un cuerpo obsoleto que necesita de prótesis para sobrevivir el desafío tecnológico. Nace entonces como objeto un híbrido que Donna Haraway denominó el cyborg. El cuerpo reconstruido es otra dirección en cuanto al desarrollo de la ciencia médica en especial de la cirugía; la ortopedia tecnológica y la genética. Se da por lo tanto una nueva dimensión en cuanto el cuerpo es físicamente modificable, donde la metamorfosis es posible y también la búsqueda de su eterna juventud. El cuerpo ausente entendido como entidad física y lugar de vida que Craig Owens define como una lógica de atracción por lo fragmentario, lo imperfecto, lo incompleto. En esencia es una articulación entre el tiempo y la fugacidad de la vida bajo la memoria, la huella, el resto o el fragmento. El modo en el cual deja de presentarse este cuerpo es en un no estar, una oclusión del cuerpo, pero es un cuerpo ausente que no ha perdido su contorno y que aún es identificable. El cuerpo narrativo también interesa en cuanto es el protagonista de un microrelato o de una secuencia de acontecimientos donde se da una descomposición de la acción realizada por el cuerpo o un proceso de continua transformación del mismo. No es el espacio donde se da un desarrollo argumental, sino por el contrario es un sistema de retroalimentación causal y no condicionado.

El cuerpo fragmentado entrega el cuerpo en pedazos representados a través de primeros planos o detalles de éste. Paul Virilio explica que el brutal fortalecimiento de las “tele-visiones” ha producido un desprecio por las dimensiones del propio cuerpo. El cuerpo fragmentado es por lo tanto un cuerpo derruido, desarticulado, su unidad no es más que la aglutinación de escombros, deja de poseer su carácter de unidad y se vuelve mutable e intercambiable. En el cuerpo transformado esa fragmentación se retoca a través de los efectos digitales, los morphings y repetición en la imagen del cuerpo.

Esta transformación produce otra imagen sustancialmente diferente al original.

El cuerpo era EL LUGAR, en tanto como imagen para abordar la pluralidad de la experiencias como el ejercicio, la manipulación genética, la cosmética, la sexualidad, la enfermedad,

el placer, la muerte o la escatología. Un cuerpo con mucho de antropomórfico, de autobiográfico, de orgánico o de natural, pero también de artificial, posorgánico, semiótico, construido, poshumano y abyecto,

un cuerpo que es mirado observado y penetrado por la cámara.

Elsa Borrero

Nació en Medellín, actualmente vive en Nueva York. Estudió fotografía, expresión corporal en Buenos Aires, video con Gabriel Vieira en Medellín y danza con las compañías de Alwin Nikolais y Merce Cunningham en Nueva York. Su obra ha sido una experimentación de formas entre las artes plásticas y las performativas como la danza. Pionera en la videdanza en Colombia, entre sus primeras obras de este tipo están Amazrojo (1988), Danz-agua y Sueño (1990) las cuales contienen una propuesta plástica, visual, donde usan el vocabulario coreográfico e inventan un movimiento descodificado y lo mezclan con elementos de las artes visuales: pintura, proyección de video, instalaciones.

Amazrojo

Amazrojo es un contraste entre la felicidad y la nada, es indiferencia ante la muerte en Colombia, por la exacerbada violencia de aquella época, especialmente en Medellín. “Era como si las órdenes eran para matar a los intelectuales, así que para mí, la necesidad de este trabajo se relaciona con la necesidad de llevar a cabo el horror que me causó … ‘vivimos en el cielo y en el demonios … y muchos de nosotros compartimos esta idea. Era como un grupo que conseguir esta cosa fuera de nosotros mismos” (NARANJO, María del Pilar. Emergence de la danse contemporaine a medellin, Colombie. 1984-2005, tesis universidad Paris VIII, 2005, consultado en: http://www.contemporary-dance.org/about-me.html).

Presentada también en 1994, mención en el tiempo “Amazrojo, instalación multimedia de Elsa Borrero, que incluye fotografía, danza y video se presenta en la galería principal del Centro Colombo Americano. El montaje de la artista antioqueña pretende convertir al espectador en actor. Cuenta con la actuación del bailarín Julio César Galeano”.

Título: “Video Amazrojo”
Autor: Elsa Borrero
Género: videoarte
Duración: 20 minutos
Formato original: ¾ de pulgada
Sinopsis: en el cosmos irrumpe el individuo que da paso a un rito tribal y de ahí a la palabra en movimiento, descomponiendo la frase “que pasa” para dar paso al sufrimiento.
Expuesto en: “Muestra Nacional Selectiva. Muestra Internacional del Festival Latinoamericano de Video”. Museo de Arte Moderno, Bogotá. 1988

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Revista Paso al Paso, 2019.

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