Las danzas caleidoscópicas de Busby Berkeley

Por: Revista Paso al Paso.

Los musicales: mirar la danza para la gran pantalla

Si bien los musicales cumplieron con una función más de entretenimiento que artística en la industria del cine, encontramos algunos que exhaltan y de manera artística el encuentro entre la danza y el cine. Escenas danzadas en un corto o largometraje dramatúrgico, no necesariamente merecen inscribirse como cinedanza. Sin embargo, retomando algunos casos de musicales, especialmente aquellos realizados por Busby Berkeley, la danza es expandida, transformada y llevada a estilismos y efectos visuales, que sin el cine, no pudieran darse, pues no es un simple registro de una danza, es la exploración cinematográfica de la danza.

Alexander Shiraef fue quizás el primer bailarín/director que experimentó con fotografía y creó movimiento a partir de la técnica “stop motion” para desarrollar imágenes que generan cierta ilusión mágica. Por medio de cortos en el movimiento, disolvencias y juego en la iluminación, Shiraef logró desarrollar una técnica de animación. En este sentido, animar lo inanimado,  Charles Chaplin con Gold Rush (1925) también aportó en la construcción de movimiento coreográfico para la cámara en su escena inolvidable del baile de los panecillos. Luego, desde principios del siglo XX las películas musicales fueron un paralelo para la historia de la videodanza. El director Fred Astaire (1899 – 1987) acentuó en sus películas hollywoodenses el contacto con el público y se interesó en mostrar la danza en su esplendor con el uso de planos generales sin cortes. Gene Kelly (1912 – 1996) en cambio utilizó los trucos del cine en su película Cover Girl por medio de la sobreexposición y rupturas en el tiempo. Su obra de mayor experimentación fue Pas de deux donde mostró un harem con tratamiento de cartoon. En cambio, el director/coreógrafo que se alejó del efectismo fue Larry Ceballos (1887 – 1978) quien insistió en la simplicidad y lógica de la coreografía sin alterar los tiempos y otorgándole un mayor protagonismo a la danza. The singing fool (1929) y Tiptoe through the tupils son un ejemplo de ello con un manejo artístico.

A partir de los años 30, con el desarrollo del sonido en el cine, las películas musicales ganaron protagonismo. Warner Brosthers y Walt Disney con su película Fantasía (1940) fueron los promotores de este género que poseía un interés comercial. Si bien el objetivo era llenar las salas de cine y por ello las películas inscribieron una historia y danzas como el tap y el can-can eran las preferidas para las escenas coreográficas, los directores y coreógrafos tuvieron que pensar en función de la gran pantalla pues las dimensiones descomunales eran escenarios ajenos a los bailarines que les implicaban otra habitación del espacio por ser áreas mayores. Muchos directores se formaron entonces en los musicales. Además de los mencionados también se encuentran Ray Bolger, Ben Hecht y Bill Robinson, y no es de extrañar que los bailarines se convirtieran en actores y viceversa.

Busby Berkeley

Para resaltar entre la multitud de los musicales comerciales, Busby Berkeley director y bailarín (1895 – 1976), quien con sus obras realizadas para Warner Brothers, se destacó por sus elaborados  montajes coreográficos que incluían complejas formas geométricas y requerían un gran número de bailarinas y elementos para imitar un efecto de caleidoscopio. A diferencia de otros directores, creía que la cámara debía tener movimiento y filmó desde ángulos inusuales para el público de esa época, tomas que no podían ser obtenidas en otro tipo películas.

Su estilo cinema-óptico, provocó cambios en la realización de los musicales, y en los equipos cinematográficos, mejorando considerablemente la óptica y los movimientos de cabeza.

Comenzó en la industria del cine en Hollywood como coreógrafo de musicales, pero rápidamente no solo comprendió el lenguaje cinematográfico, sino que también se estrenó como director. Sus películas y especialmente sus escenas coreográficas, no contienen truquismos o alteraciones de la imagen en el montaje, sino que los movimientos de cámara, disposición de los elementos en la escena (bailarinas, escenografía, músicos) y los arriesgados planos, creaban las ilusiones ópticas de transformación, multiplicación y por su puesto, sus bellísimos y magistrales caleidoscopios.

..

Tanto en la videodanza como en el cinedanza, obras que funcionen ambos lenguajes, expandan ambas artes en su encuentro, son en nuestra consideración, las que ofrecen un valor estético y re-compositivo tanto de la danza como el video o el cine.

Visiones de sus fascinantes composiciones:

Por: Revista Paso al Paso.

Los musicales: mirar la danza para la gran pantalla

Si bien los musicales cumplieron con una función más de entretenimiento que artística en la industria del cine, encontramos algunos que exhaltan y de manera artística el encuentro entre la danza y el cine. Escenas danzadas en un corto o largometraje dramatúrgico, no necesariamente merecen inscribirse como cinedanza. Sin embargo, retomando algunos casos de musicales, especialmente aquellos realizados por Busby Berkeley, la danza es expandida, transformada y llevada a estilismos y efectos visuales, que sin el cine, no pudieran darse, pues no es un simple registro de una danza, es la exploración cinematográfica de la danza.

Alexander Shiraef fue quizás el primer bailarín/director que experimentó con fotografía y creó movimiento a partir de la técnica “stop motion” para desarrollar imágenes que generan cierta ilusión mágica. Por medio de cortos en el movimiento, disolvencias y juego en la iluminación, Shiraef logró desarrollar una técnica de animación. En este sentido, animar lo inanimado,  Charles Chaplin con Gold Rush (1925) también aportó en la construcción de movimiento coreográfico para la cámara en su escena inolvidable del baile de los panecillos. Luego, desde principios del siglo XX las películas musicales fueron un paralelo para la historia de la videodanza. El director Fred Astaire (1899 – 1987) acentuó en sus películas hollywoodenses el contacto con el público y se interesó en mostrar la danza en su esplendor con el uso de planos generales sin cortes. Gene Kelly (1912 – 1996) en cambio utilizó los trucos del cine en su película Cover Girl por medio de la sobreexposición y rupturas en el tiempo. Su obra de mayor experimentación fue Pas de deux donde mostró un harem con tratamiento de cartoon. En cambio, el director/coreógrafo que se alejó del efectismo fue Larry Ceballos (1887 – 1978) quien insistió en la simplicidad y lógica de la coreografía sin alterar los tiempos y otorgándole un mayor protagonismo a la danza. The singing fool (1929) y Tiptoe through the tupils son un ejemplo de ello con un manejo artístico.

A partir de los años 30, con el desarrollo del sonido en el cine, las películas musicales ganaron protagonismo. Warner Brosthers y Walt Disney con su película Fantasía (1940) fueron los promotores de este género que poseía un interés comercial. Si bien el objetivo era llenar las salas de cine y por ello las películas inscribieron una historia y danzas como el tap y el can-can eran las preferidas para las escenas coreográficas, los directores y coreógrafos tuvieron que pensar en función de la gran pantalla pues las dimensiones descomunales eran escenarios ajenos a los bailarines que les implicaban otra habitación del espacio por ser áreas mayores. Muchos directores se formaron entonces en los musicales. Además de los mencionados también se encuentran Ray Bolger, Ben Hecht y Bill Robinson, y no es de extrañar que los bailarines se convirtieran en actores y viceversa.

Busby Berkeley

Para resaltar entre la multitud de los musicales comerciales, Busby Berkeley director y bailarín (1895 – 1976), quien con sus obras realizadas para Warner Brothers, se destacó por sus elaborados  montajes coreográficos que incluían complejas formas geométricas y requerían un gran número de bailarinas y elementos para imitar un efecto de caleidoscopio. A diferencia de otros directores, creía que la cámara debía tener movimiento y filmó desde ángulos inusuales para el público de esa época, tomas que no podían ser obtenidas en otro tipo películas.

Su estilo cinema-óptico, provocó cambios en la realización de los musicales, y en los equipos cinematográficos, mejorando considerablemente la óptica y los movimientos de cabeza.

Comenzó en la industria del cine en Hollywood como coreógrafo de musicales, pero rápidamente no solo comprendió el lenguaje cinematográfico, sino que también se estrenó como director. Sus películas y especialmente sus escenas coreográficas, no contienen truquismos o alteraciones de la imagen en el montaje, sino que los movimientos de cámara, disposición de los elementos en la escena (bailarinas, escenografía, músicos) y los arriesgados planos, creaban las ilusiones ópticas de transformación, multiplicación y por su puesto, sus bellísimos y magistrales caleidoscopios.

..

Tanto en la videodanza como en el cinedanza, obras que funcionen ambos lenguajes, expandan ambas artes en su encuentro, son en nuestra consideración, las que ofrecen un valor estético y re-compositivo tanto de la danza como el video o el cine.

Visiones de sus fascinantes composiciones:

¿Usted qué opina?

Revista Paso al Paso, 2019.

Todos los contenidos de la Revista Paso al Paso circulan bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 2.5 Colombia.