Por: Carolina Posada.

17 de mayo de 2020

…a donde los pies me lleven.

Por poco saldrían de la casa como las patas de un perro

que lleva el día entero esperando para salir.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Un momento jubiloso, deseado…para ir a dónde? A “abastecerse”.  A salir a un mundo que ha mostrado sus dolidas fisuras, casi que irreparables mientras la ambición sea el motor que haga mover el sistema. Entonces entro a la casa, esperando una seguridad y me aterran cada vez más los animales encerrados, la danza de la cocina, movimientos repetitivos de limpieza, inacabables de paranoia que empiezan a desconfiar de su cuerpo. Si consideraba este receptorio de carne y huesos inconcluso, ahora siento que es mi propio enemigo. (Paradójicamente el medicamento que combate el lupus, una enfermedad autoimmune que devora a su propio cuerpo, es quizás una alternativa para este virus, dejando sin abastecimiento a quienes lo necesitan para sobrevivir.)

Creí que iba a haber un cambio, aplaudí internamente creyendo que los humanos por fin detendrían su bestial consumismo. Pero cada vez estoy más convencida que es eso, solo una pausa, para arreciar con mayor vehemencia. Mientras tanto, se lucha, se rebela, se duele, se entristece, se cree, se crea, se cambia, se transforma, y se baila en cuatro baldosas. Pero se sigue teniendo esperanza. Y espero que la danza, que se libera de su vanidad al no tener un público aplaudiendo al frente, encuentre raíces simbólicas, esenciales a su existencia, por fuera (ex) de categorías o finalidades espectaculares. La repetición seguirá siendo un lugar de sobrevivencia en su sentido virtual y físico. La creación, íntima, apartada de un público, hará sublime los encuentros físicos, dándoles un lugar al acontecimiento. Mientras tanto, desearía ver más danza volcada a entender el vídeo, no solo como un canal de comunicación, sino como una forma de arte y estaríamos en un resurgir de la danza junto al video.

Entre divagaciones y especulaciones, las ideas rotas tratan de darle un sentido a este contagio… ¿en realidad de qué? ¿Es la solidaridad lo que estamos contagiando? ¿O la desconfianza, la pauperización y los desbalances sociales lo que en realidad se propaga?

¿En este sistema de hipervigilancia capitalista donde queda la cultura?

¿Somos “esencial”, según nombran a lo imprescindible?

Me quedan los pies, quedan los pasos, quedan las voces y los cuerpos, quedan las ideas, y existe este espacio para darnos un lugar,

Carolina Posada.

Por: Carolina Posada.

17 de mayo de 2020

…a donde los pies me lleven.

Por poco saldrían de la casa como las patas de un perro

que lleva el día entero esperando para salir.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Un momento jubiloso, deseado…para ir a dónde? A “abastecerse”.  A salir a un mundo que ha mostrado sus dolidas fisuras, casi que irreparables mientras la ambición sea el motor que haga mover el sistema. Entonces entro a la casa, esperando una seguridad y me aterran cada vez más los animales encerrados, la danza de la cocina, movimientos repetitivos de limpieza, inacabables de paranoia que empiezan a desconfiar de su cuerpo. Si consideraba este receptorio de carne y huesos inconcluso, ahora siento que es mi propio enemigo. (Paradójicamente el medicamento que combate el lupus, una enfermedad autoimmune que devora a su propio cuerpo, es quizás una alternativa para este virus, dejando sin abastecimiento a quienes lo necesitan para sobrevivir.)

Creí que iba a haber un cambio, aplaudí internamente creyendo que los humanos por fin detendrían su bestial consumismo. Pero cada vez estoy más convencida que es eso, solo una pausa, para arreciar con mayor vehemencia. Mientras tanto, se lucha, se rebela, se duele, se entristece, se cree, se crea, se cambia, se transforma, y se baila en cuatro baldosas. Pero se sigue teniendo esperanza. Y espero que la danza, que se libera de su vanidad al no tener un público aplaudiendo al frente, encuentre raíces simbólicas, esenciales a su existencia, por fuera (ex) de categorías o finalidades espectaculares. La repetición seguirá siendo un lugar de sobrevivencia en su sentido virtual y físico. La creación, íntima, apartada de un público, hará sublime los encuentros físicos, dándoles un lugar al acontecimiento. Mientras tanto, desearía ver más danza volcada a entender el vídeo, no solo como un canal de comunicación, sino como una forma de arte y estaríamos en un resurgir de la danza junto al video.

Entre divagaciones y especulaciones, las ideas rotas tratan de darle un sentido a este contagio… ¿en realidad de qué? ¿Es la solidaridad lo que estamos contagiando? ¿O la desconfianza, la pauperización y los desbalances sociales lo que en realidad se propaga?

¿En este sistema de hipervigilancia capitalista donde queda la cultura?

¿Somos “esencial”, según nombran a lo imprescindible?

Me quedan los pies, quedan los pasos, quedan las voces y los cuerpos, quedan las ideas, y existe este espacio para darnos un lugar,

Carolina Posada.

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Revista Paso al Paso, 2019.

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