Cuando esto acabe, no existe

Por: Juliana Mejía.

16 de mayo, 2020

Primero la excitación de la catástrofe. Lo alcancé a confesar antes de que se hiciera real: me gustan los momentos de pánico. Disfruto pensando que algo gigante está ocurriendo.

Después, la esperanza. Las ganas de creer en un mundo nuevo, como siempre, en cada crisis. Pero ya sabiendo que para el otro lado también, ese lado del que quisiéramos deshacernos, es una gran oportunidad.

Ahora, la realidad. Ésta es la nueva era, así, tal y como estamos, seguiremos.

Hoy, encerrados, debemos pertenecer al ideal familiar para estar librados. Haber construido una casa, encontrado una pareja estable, ganado el suficiente dinero para tener un jardín y tener un hijo joven y aguerrido que vaya y compre papel higiénico, carne y pastas.

Hoy, quienes estamos solos no podemos hacer el amor sin quebrantar la ley. Han ganado. Pero seguimos creyendo en el poder de la anarquía, como cuando teníamos 14 años. Y de la poesía, desde siempre y hasta siempre. Entonces hablemos de nuestra revolución. La revolución sería entender el cuerpo, y conocer nuestras verdaderas necesidades. Sería darse cuenta de cuán poco necesitamos autos y azúcar, petróleo y zapatos, plástico y sodas. No necesitarse sino a si mismo para prevenir o aliviar un dolor, una enfermedad, seria la mas bella de las anarquías. Tocarnos, estirarnos, movernos, alimentarnos; como método de cuidado y sinónimo de salud es el entrenamiento fundamental de escucha y cuidado del cuerpo que necesitamos. Y para escuchar el cuerpo debemos aprender a bailar. Bailar es amplio y no se restringe a la técnica. La técnica es incluso una búsqueda que debería replantearse su finalidad. La danza es el momento de la búsqueda, es la conciencia del cuerpo presente y nada más. Bailar es hacerle el amor a la vida con el cuerpo. Desde lo cotidiano hasta lo puramente artístico, desde lo banal hasta la creación. Bailar es saber vivir.

Entonces reivindico mis derechos de ciudadana revolucionaria y salgo y hago el amor. No acato la ley y soy juzgada incluso por quienes también quisieran hacer el amor, por quienes ya lo hacen, por quienes no tienen familia, por quienes tienen una y ademas es ideal, por los débiles y más aún por los fuertes. Soy pirata pero no cuento mis aventuras, me da vergüenza pues estoy poniendo en riesgo a toda la nación. Que fácil nos hacen sentir culpables, que fácil se lavan las manos. Y a ellos, quien los juzga? Quien mira mal a los que no quieren parar de producir aviones, a los cazadores de ballenas, a los deforestados de la Amazonía, a los bancos nuestros dueños ? Es mas fácil cuando eres dueño, cuando inventas la ley, sea o no sea justa.

Pero no se trata de darle un valor a las faltas. Soy tan culpable como ellos. Saltarse el confinamiento resulta mas inmoral que cualquier otro daño inverosímil al cual ya nos hemos habituado. Pues finalmente somos dóciles y acatamos las ordenes y es mas sencillo ser borrego que ponerse a pensar.

Debemos empezar a dejar de creer? o reflexionamos sobre la revolución? Quienes tienen posibilidades, están de vacaciones, cocinando y escribiendo sobre el futuro. Los que no, deben buscar dinero para no dejar de comer. Somos más capitalistas que antes?

Se hace cada vez mas evidente que la civilización, tal y como la conocemos, va a colapsar. No se trata ni de dejar de creer ni de sembrar el pánico. Se trata de hacer del colapso un momento menos violento. De bailar mientras pasa, como si no tuviéramos otra opción.

Reivindico el hecho de saltarse el confinamiento para hacer el amor (tomando todas las medidas necesarias). Hacer el amor como bailar sería mi revolución. Violar la ley no significa violentar la justicia. A veces es al contrario.

Son las 8 pm. Quienes fueron a las urnas a votar por la reducción de personal en los hospitales y de presupuesto para la salud publica, como los que no, salieron a gritar «gracias». Aplauden y se emocionan  ¿Celebran que el neoliberalismo ha ganado más lugar del que tenía?  La lucha debe ser mas fuerte e inteligente que antes.

Gracias por su lectura hacedores del amor, bailarines del mundo. No anhelemos la normalidad, veámonos pronto para abrazarnos y bailar, para gritar con nuestros cuerpos la revolución.

Por: Juliana Mejía.

16 de mayo, 2020

Primero la excitación de la catástrofe. Lo alcancé a confesar antes de que se hiciera real: me gustan los momentos de pánico. Disfruto pensando que algo gigante está ocurriendo.

Después, la esperanza. Las ganas de creer en un mundo nuevo, como siempre, en cada crisis. Pero ya sabiendo que para el otro lado también, ese lado del que quisiéramos deshacernos, es una gran oportunidad.

Ahora, la realidad. Ésta es la nueva era, así, tal y como estamos, seguiremos.

Hoy, encerrados, debemos pertenecer al ideal familiar para estar librados. Haber construido una casa, encontrado una pareja estable, ganado el suficiente dinero para tener un jardín y tener un hijo joven y aguerrido que vaya y compre papel higiénico, carne y pastas.

Hoy, quienes estamos solos no podemos hacer el amor sin quebrantar la ley. Han ganado. Pero seguimos creyendo en el poder de la anarquía, como cuando teníamos 14 años. Y de la poesía, desde siempre y hasta siempre. Entonces hablemos de nuestra revolución. La revolución sería entender el cuerpo, y conocer nuestras verdaderas necesidades. Sería darse cuenta de cuán poco necesitamos autos y azúcar, petróleo y zapatos, plástico y sodas. No necesitarse sino a si mismo para prevenir o aliviar un dolor, una enfermedad, seria la mas bella de las anarquías. Tocarnos, estirarnos, movernos, alimentarnos; como método de cuidado y sinónimo de salud es el entrenamiento fundamental de escucha y cuidado del cuerpo que necesitamos. Y para escuchar el cuerpo debemos aprender a bailar. Bailar es amplio y no se restringe a la técnica. La técnica es incluso una búsqueda que debería replantearse su finalidad. La danza es el momento de la búsqueda, es la conciencia del cuerpo presente y nada más. Bailar es hacerle el amor a la vida con el cuerpo. Desde lo cotidiano hasta lo puramente artístico, desde lo banal hasta la creación. Bailar es saber vivir.

Entonces reivindico mis derechos de ciudadana revolucionaria y salgo y hago el amor. No acato la ley y soy juzgada incluso por quienes también quisieran hacer el amor, por quienes ya lo hacen, por quienes no tienen familia, por quienes tienen una y ademas es ideal, por los débiles y más aún por los fuertes. Soy pirata pero no cuento mis aventuras, me da vergüenza pues estoy poniendo en riesgo a toda la nación. Que fácil nos hacen sentir culpables, que fácil se lavan las manos. Y a ellos, quien los juzga? Quien mira mal a los que no quieren parar de producir aviones, a los cazadores de ballenas, a los deforestados de la Amazonía, a los bancos nuestros dueños ? Es mas fácil cuando eres dueño, cuando inventas la ley, sea o no sea justa.

Pero no se trata de darle un valor a las faltas. Soy tan culpable como ellos. Saltarse el confinamiento resulta mas inmoral que cualquier otro daño inverosímil al cual ya nos hemos habituado. Pues finalmente somos dóciles y acatamos las ordenes y es mas sencillo ser borrego que ponerse a pensar.

Debemos empezar a dejar de creer? o reflexionamos sobre la revolución? Quienes tienen posibilidades, están de vacaciones, cocinando y escribiendo sobre el futuro. Los que no, deben buscar dinero para no dejar de comer. Somos más capitalistas que antes?

Se hace cada vez mas evidente que la civilización, tal y como la conocemos, va a colapsar. No se trata ni de dejar de creer ni de sembrar el pánico. Se trata de hacer del colapso un momento menos violento. De bailar mientras pasa, como si no tuviéramos otra opción.

Reivindico el hecho de saltarse el confinamiento para hacer el amor (tomando todas las medidas necesarias). Hacer el amor como bailar sería mi revolución. Violar la ley no significa violentar la justicia. A veces es al contrario.

Son las 8 pm. Quienes fueron a las urnas a votar por la reducción de personal en los hospitales y de presupuesto para la salud publica, como los que no, salieron a gritar «gracias». Aplauden y se emocionan  ¿Celebran que el neoliberalismo ha ganado más lugar del que tenía?  La lucha debe ser mas fuerte e inteligente que antes.

Gracias por su lectura hacedores del amor, bailarines del mundo. No anhelemos la normalidad, veámonos pronto para abrazarnos y bailar, para gritar con nuestros cuerpos la revolución.

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Revista Paso al Paso, 2020. ISSN: 2711-4783 (En línea)

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