Llegó carta

Por: Jessica Agudelo (Acento – Revista de Ballet)
5 de mayo de 2020
Antes -y de esto lastimosamente no tengo constancia- las personas debían esperar meses eternos para recibir respuesta a sus cartas.
Esa lentitud, ese cariño a la espera, es un tema que me ha obsesionado desde siempre y quizá esa sea la razón por la que prefiero el ejercicio epistolar a los chats de la actualidad que me exigen una instantaneidad inalcanzable. Curioso eso, porque además soy hija de una carrera que cada vez promete más la rapidez: el periodismo. Pero esa es otra conversación.
El ejercicio de escribir me hace sentir cerca lo lejano. Contrario a eso, el maestro Andrés dice que la palabra lo ayuda a tomar distancia de lo real para entender mejor. Paradójico ¿no?, a mí me acerca y a él lo aleja, pero a ambos nos regala un instante de consciencia. Cuando quise invitarlo a que escribiera para Acento, inicié mi mensaje como una carta: Queridísimo… entiendo que son días nostálgicos, de miedos y retos. Le dije.
Ya venía él redactando varias cartas como ejercicio epistolar en sus redes sociales y quién mejor que él para que escribiera sobre las cartas (la propuesta inicial era esa: escribir sobre las cartas de Noverre) sin que ninguno de los dos supiera para ese momento que terminaría escribiendo una carta con diferentes lecciones para un aprendiz de danza.
Si a este punto quien me lee todavía no sabe de qué le hablo: Acento es una revista digital sobre ballet, un tesoro que hacemos con muchísimo amor y cuidado en la ciudad de Medellín; Andrés es un maestro de ballet, Director de una academia en Bello llamada Taglioini Ballet; y la carta es… bueno, ese gesto de complicidad e intimidad entre quien escribe y quien lee, como en este instante.
A la invitación a escribir una carta para el #movimientoepistolar lo primero que pensé fue: es Andrés quien debería escribirla, o Lizeth (la editora que conoce los textos de cada edición de pé a pá), o quizá alguno de los suscriptores que decidió leerla.  Entonces pensaba en la pregunta que me hacía la revista Paso al Paso sobre si hubo respuesta a la carta. Siempre hay respuesta a las cartas, incluso cuando creemos que no la hay: es esa la respuesta misma. El silencio.
Pero en esta ocasión no hubo silencio, el primer mensaje que recibí decía «me encantó la cartaaa» así, con triple AAA. Luego otros mensajes como «la carta me puso los pelitos de punta» o «qué bonito lo que están logrando»… a algunas personas les confesé emocionada que, cuando pensamos en el ejercicio, le dije al maestro y a la editora: si se suscriben 3 personas para recibir la carta ya estaré dichosa. Para mi sorpresa fueron 40 correos los que se suscribieron, de los cuales, según las estadísticas del proveedor de correos, el 97,4% de los suscriptores leyó las cartas; ¿acaso era un chiste?¡tanto escuché en mi carrera que las personas no leen largo en digital y que, además, poco leen boletines!
Pero sin duda la respuesta que más me conmovió fue un mensaje que decía: «gracias por brindarnos la facilidad de encontrar una motivación desde casa y apoyarnos en este proceso como bailarinas»… claro: le respondí, conversamos, le pregunté en qué academia practicaba, en fin… mentalmente me quedé en el «gracias» y lo que quise decir en respuesta fue: gracias a ti por leer, gracias a ti por las palabras.
Muchas cartas se han escrito a lo largo de la historia. A cada edición de Acento, nada más y nada menos, la acompaña una Carta Editorial. Las cartas de amor son, quizá, las más famosas, pero existen también las cartas de ruina y desprecio.
Pedro Salinas en su ensayo «Defensa de la carta misiva y de la correspondencia epistolar» dice que la carta no se dirige exclusivamente a quien la recibe sino que a medida que se van llenando las páginas quien la escribe empieza a sentirse habitando allí. Oscar Wilde le escribía cartas a su amado. Henry Miller escribió más de mil quinientas cartas a una sola mujer: Brenda Venus. Emilia Pardo Bazán le escribía a Benito Galdós. Mis cartas favoritas (después de las que me han escrito alguna vez) son las que se enviaban Sartre y Simone de Beauvoir (se dice que Simone le envió 321 cartas en 23 años a su compañero Sartre). La lista podría continuar y es bastante larga. ¡El mismisimo Noverre escribió unas cartas que, si algo tienes que ver con la danza, deberías leer!
Las cartas develan miedos, deseos, aprendizajes, manipulaciones… y la más cruda de las cartas ha de ser la que nos escribamos a nosotros mismos. ¿Lo has intentado alguna vez? si la respuesta es sí, deberías repetirlo. Si la respuesta es no, deberías intentarlo. La carta, como objeto ante la ausencia, se convierte en culto; dicen.
Por: Jessica Agudelo (Acento – Revista de Ballet)
5 de mayo de 2020
Antes -y de esto lastimosamente no tengo constancia- las personas debían esperar meses eternos para recibir respuesta a sus cartas.
Esa lentitud, ese cariño a la espera, es un tema que me ha obsesionado desde siempre y quizá esa sea la razón por la que prefiero el ejercicio epistolar a los chats de la actualidad que me exigen una instantaneidad inalcanzable. Curioso eso, porque además soy hija de una carrera que cada vez promete más la rapidez: el periodismo. Pero esa es otra conversación.
El ejercicio de escribir me hace sentir cerca lo lejano. Contrario a eso, el maestro Andrés dice que la palabra lo ayuda a tomar distancia de lo real para entender mejor. Paradójico ¿no?, a mí me acerca y a él lo aleja, pero a ambos nos regala un instante de consciencia. Cuando quise invitarlo a que escribiera para Acento, inicié mi mensaje como una carta: Queridísimo… entiendo que son días nostálgicos, de miedos y retos. Le dije.
Ya venía él redactando varias cartas como ejercicio epistolar en sus redes sociales y quién mejor que él para que escribiera sobre las cartas (la propuesta inicial era esa: escribir sobre las cartas de Noverre) sin que ninguno de los dos supiera para ese momento que terminaría escribiendo una carta con diferentes lecciones para un aprendiz de danza.
Si a este punto quien me lee todavía no sabe de qué le hablo: Acento es una revista digital sobre ballet, un tesoro que hacemos con muchísimo amor y cuidado en la ciudad de Medellín; Andrés es un maestro de ballet, Director de una academia en Bello llamada Taglioini Ballet; y la carta es… bueno, ese gesto de complicidad e intimidad entre quien escribe y quien lee, como en este instante.
A la invitación a escribir una carta para el #movimientoepistolar lo primero que pensé fue: es Andrés quien debería escribirla, o Lizeth (la editora que conoce los textos de cada edición de pé a pá), o quizá alguno de los suscriptores que decidió leerla.  Entonces pensaba en la pregunta que me hacía la revista Paso al Paso sobre si hubo respuesta a la carta. Siempre hay respuesta a las cartas, incluso cuando creemos que no la hay: es esa la respuesta misma. El silencio.
Pero en esta ocasión no hubo silencio, el primer mensaje que recibí decía «me encantó la cartaaa» así, con triple AAA. Luego otros mensajes como «la carta me puso los pelitos de punta» o «qué bonito lo que están logrando»… a algunas personas les confesé emocionada que, cuando pensamos en el ejercicio, le dije al maestro y a la editora: si se suscriben 3 personas para recibir la carta ya estaré dichosa. Para mi sorpresa fueron 40 correos los que se suscribieron, de los cuales, según las estadísticas del proveedor de correos, el 97,4% de los suscriptores leyó las cartas; ¿acaso era un chiste?¡tanto escuché en mi carrera que las personas no leen largo en digital y que, además, poco leen boletines!
Pero sin duda la respuesta que más me conmovió fue un mensaje que decía: «gracias por brindarnos la facilidad de encontrar una motivación desde casa y apoyarnos en este proceso como bailarinas»… claro: le respondí, conversamos, le pregunté en qué academia practicaba, en fin… mentalmente me quedé en el «gracias» y lo que quise decir en respuesta fue: gracias a ti por leer, gracias a ti por las palabras.
Muchas cartas se han escrito a lo largo de la historia. A cada edición de Acento, nada más y nada menos, la acompaña una Carta Editorial. Las cartas de amor son, quizá, las más famosas, pero existen también las cartas de ruina y desprecio.
Pedro Salinas en su ensayo «Defensa de la carta misiva y de la correspondencia epistolar» dice que la carta no se dirige exclusivamente a quien la recibe sino que a medida que se van llenando las páginas quien la escribe empieza a sentirse habitando allí. Oscar Wilde le escribía cartas a su amado. Henry Miller escribió más de mil quinientas cartas a una sola mujer: Brenda Venus. Emilia Pardo Bazán le escribía a Benito Galdós. Mis cartas favoritas (después de las que me han escrito alguna vez) son las que se enviaban Sartre y Simone de Beauvoir (se dice que Simone le envió 321 cartas en 23 años a su compañero Sartre). La lista podría continuar y es bastante larga. ¡El mismisimo Noverre escribió unas cartas que, si algo tienes que ver con la danza, deberías leer!
Las cartas develan miedos, deseos, aprendizajes, manipulaciones… y la más cruda de las cartas ha de ser la que nos escribamos a nosotros mismos. ¿Lo has intentado alguna vez? si la respuesta es sí, deberías repetirlo. Si la respuesta es no, deberías intentarlo. La carta, como objeto ante la ausencia, se convierte en culto; dicen.

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Revista Paso al Paso, 2019.

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