Por: Malas Compañías.

Nada que celebrar

No celebro el #diadeladanza. No celebro el mes de la danza. Me rehúso a celebrar nada en esta época pandémica signada por el Coronavirus, que se hace peor con el paupérrimo apoyo de nuestr@s gobernantes a l@s artistas en particular y a la gente en general. He leído y escuchado (desde altos cargos en adelante) elogios al arte porque los entretenemos gratis en la red. Pero no reconocen nuestras necesidades básicas reales ni con, ni sin pandemia. Los subsidios y planes de nuestros gobiernos para enfrentar esta época, no los considero ni aún humanos y menos suficientes para atravesar una enfermedad que nadie ha descifrado realmente. Ni aún lo ha hecho la ciencia. Mil veces me han enseñado que ante cualquier catástrofe siempre hay minutos claves para calmarse, mirar y pensar. Solo así se encuentra la salida de emergencia. Esa lógica no está en mi país.

He escuchado razones de muchas voces explicándome porqué hoy armar un sistema que ayude equitativamente a toda la ciudadanía, es imposible. Oigo que se deben cumplir decretos, leyes, que no se pueden destrozar sistemas, ni acabar bancos, ni estados de derecho, etc. Los he tratado de entender por todos los lados, en serio. Y no me convencen. Para mí un gobernante, un funcionario público serio debe privilegiar antes a su gente que a sus bancos, burocracias, decretos, etc. especialmente porque estamos en un estado excepcional. Y jugársela toda. Hasta el fondo. Otras naciones lo han hecho. Y no únicamente del primer mundo. El Salvador nos da ejemplo, ese centroamericano que miramos por encima del hombro.

Colombia no es un país pobre. Es intensamente rico. No veo ninguna razón humana para que aquí no se apliquen políticas de salud, manutención y protección a todo el territorio en una emergencia de este calibre. La voluntad debe ser política. Las leyes no las hace un dios omnipotente, las hacen personas. Aquí se han revocado para corromper el gobierno. Bien pueden destrozarse y volverse a hacer para atravesar esta pandemia del Covid19. Con el sueldo de un congresista, al menos habitantes de una cuadra entera podrían atravesar dignamente este momento sin poner en riesgo su salud. Creo yo. ¿Y si fuéramos capaces de hacerlo real? Colombia es aterradora y nosotros nos hemos quedado quietos mientras la ola no nos arrastre. Nos entretenemos sin mirar de frente la desgracia. ¿Somos capaces de movernos ahora?

No sé si han reflexionado (por ejemplo) que la propuesta del #SubpresidenteDuque a las pequeñas y medianas empresas, es endeudarse. Y pagar cuando pase el temblor. Por mencionar una sola (una sola) de las soluciones nacionales. Cosas así son para llorar, enojarse, pensar, sacudirse… algo. Digo yo, que soy apocalíptica.

Hermoso que celebren quienes así lo quieren el día de la danza, ni más faltaba. Desde mi alma agradezco las invitaciones que he recibido de colegas que aman la danza. Me consta que ya sea desde el salón o desde una oficina, la honran con su trabajo diario. A ustedes, salud. Los celebro todos los días del año. Con sus noches.

Yo me aparto. Para mí ahora NADA hay que celebrar.

Por: Malas Compañías.

Nada que celebrar

No celebro el #diadeladanza. No celebro el mes de la danza. Me rehúso a celebrar nada en esta época pandémica signada por el Coronavirus, que se hace peor con el paupérrimo apoyo de nuestr@s gobernantes a l@s artistas en particular y a la gente en general. He leído y escuchado (desde altos cargos en adelante) elogios al arte porque los entretenemos gratis en la red. Pero no reconocen nuestras necesidades básicas reales ni con, ni sin pandemia. Los subsidios y planes de nuestros gobiernos para enfrentar esta época, no los considero ni aún humanos y menos suficientes para atravesar una enfermedad que nadie ha descifrado realmente. Ni aún lo ha hecho la ciencia. Mil veces me han enseñado que ante cualquier catástrofe siempre hay minutos claves para calmarse, mirar y pensar. Solo así se encuentra la salida de emergencia. Esa lógica no está en mi país.

He escuchado razones de muchas voces explicándome porqué hoy armar un sistema que ayude equitativamente a toda la ciudadanía, es imposible. Oigo que se deben cumplir decretos, leyes, que no se pueden destrozar sistemas, ni acabar bancos, ni estados de derecho, etc. Los he tratado de entender por todos los lados, en serio. Y no me convencen. Para mí un gobernante, un funcionario público serio debe privilegiar antes a su gente que a sus bancos, burocracias, decretos, etc. especialmente porque estamos en un estado excepcional. Y jugársela toda. Hasta el fondo. Otras naciones lo han hecho. Y no únicamente del primer mundo. El Salvador nos da ejemplo, ese centroamericano que miramos por encima del hombro.

Colombia no es un país pobre. Es intensamente rico. No veo ninguna razón humana para que aquí no se apliquen políticas de salud, manutención y protección a todo el territorio en una emergencia de este calibre. La voluntad debe ser política. Las leyes no las hace un dios omnipotente, las hacen personas. Aquí se han revocado para corromper el gobierno. Bien pueden destrozarse y volverse a hacer para atravesar esta pandemia del Covid19. Con el sueldo de un congresista, al menos habitantes de una cuadra entera podrían atravesar dignamente este momento sin poner en riesgo su salud. Creo yo. ¿Y si fuéramos capaces de hacerlo real? Colombia es aterradora y nosotros nos hemos quedado quietos mientras la ola no nos arrastre. Nos entretenemos sin mirar de frente la desgracia. ¿Somos capaces de movernos ahora?

No sé si han reflexionado (por ejemplo) que la propuesta del #SubpresidenteDuque a las pequeñas y medianas empresas, es endeudarse. Y pagar cuando pase el temblor. Por mencionar una sola (una sola) de las soluciones nacionales. Cosas así son para llorar, enojarse, pensar, sacudirse… algo. Digo yo, que soy apocalíptica.

Hermoso que celebren quienes así lo quieren el día de la danza, ni más faltaba. Desde mi alma agradezco las invitaciones que he recibido de colegas que aman la danza. Me consta que ya sea desde el salón o desde una oficina, la honran con su trabajo diario. A ustedes, salud. Los celebro todos los días del año. Con sus noches.

Yo me aparto. Para mí ahora NADA hay que celebrar.

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Revista Paso al Paso, 2019.

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