A quienes danzan en este día

Por: Catalina Cano.

Pies

Caldas, 22 de abril 2020

Querido amigo,

Ya llevo más de un mes dentro de la casa, salgo para comprar un par de cosas (como todos) y regreso temprano pensando todo el tiempo si alguna parte de mi cuerpo se cruzó con el virus. El panorama es igual al de todos, no voy a explicártelo con detalles porque seguro lo conoces. Lo que sí deseo decirte es que el tiempo del encierro me ha servido para revisar cada parte de mi cuerpo, entre ellas la piel, sus poros, su color y el tamaño. Veo como este músculo se extiende con gran flexibilidad y no deja de asombrarme lo mucho que determina las maneras de moverse. ¿Por qué no me habías enseñado en clases de danza que la piel también se mueve así como los miembros superiores o inferiores?, he sentido que ese contacto con el aire (que son partículas de tantas cosas pequeñas que desconozco como los poros) solo es posible mediante este órgano y que eso ha despertado las más placenteras sensaciones en todo mi cuerpo. Moverme ha sido una tarea difícil, a veces creo que me muevo y bailo cuando en realidad solo lo hacen los vellos que recubren el cuero, solo muevo fragmentos del cuerpo buscando el aire inmediato y las sensaciones de frío o calor. Sé que es una sensación que has experimentado y quisiera que me hablaras de ella. 

Dentro de esta exploración de mi piel como impulso de la sensación y por ende, del movimiento, he tenido un ejercicio en particular que me hace extrañar el mundo afuera de mi casa: este es la piel de la planta de mi pie en contacto con el piso. Deslizar las huellas por la baldosa fría, húmeda, a veces limpia a veces sucia, me hacen añorar plantarme en la tierra que tiene una textura distinta: arenosa, suave, humedecida por la lluvia o caliente y seca. La piel de las plantas de los pies tienen una manera de sentir diferente, o mejor aun, una manera de percibir el exterior intensamente pues al dejar el peso del cuerpo sobre ella o quitarla en un salto para movilizar el aire me despiertan sensaciones de movimiento diferentes. Los pies como raíces cuentan con la ventaja de tener una piel tan fina pero tan fuerte que permiten una y otra vez una especie de fusión del cuerpo con el suelo. A veces es enterrarse, a veces volarse, lo cierto es que desde allí he logrado un par de movimientos placenteros en busca de una sensación menos claustrofóbica y más tranquila. Es en resumidas cuentas, solo una manera de habitar el encierro. He tenido sueños extraños, quizás los pensamientos están buscando otras realidades para pegarse a ellas y seguir. Lo mismo me ocurre con la piel, siento que busca sensaciones agradables para seguir.

En fin, háblame de tus búsquedas, quiero conocerlas. Un saludo estimado amigo y colega, espero sientas algo al leerme y  como siempre, quedo atenta y a la escucha –o lectura- de tus palabras. 

Abrazos,

C.

Por: Catalina Cano.

Pies

Caldas, 22 de abril 2020

Querido amigo,

Ya llevo más de un mes dentro de la casa, salgo para comprar un par de cosas (como todos) y regreso temprano pensando todo el tiempo si alguna parte de mi cuerpo se cruzó con el virus. El panorama es igual al de todos, no voy a explicártelo con detalles porque seguro lo conoces. Lo que sí deseo decirte es que el tiempo del encierro me ha servido para revisar cada parte de mi cuerpo, entre ellas la piel, sus poros, su color y el tamaño. Veo como este músculo se extiende con gran flexibilidad y no deja de asombrarme lo mucho que determina las maneras de moverse. ¿Por qué no me habías enseñado en clases de danza que la piel también se mueve así como los miembros superiores o inferiores?, he sentido que ese contacto con el aire (que son partículas de tantas cosas pequeñas que desconozco como los poros) solo es posible mediante este órgano y que eso ha despertado las más placenteras sensaciones en todo mi cuerpo. Moverme ha sido una tarea difícil, a veces creo que me muevo y bailo cuando en realidad solo lo hacen los vellos que recubren el cuero, solo muevo fragmentos del cuerpo buscando el aire inmediato y las sensaciones de frío o calor. Sé que es una sensación que has experimentado y quisiera que me hablaras de ella. 

Dentro de esta exploración de mi piel como impulso de la sensación y por ende, del movimiento, he tenido un ejercicio en particular que me hace extrañar el mundo afuera de mi casa: este es la piel de la planta de mi pie en contacto con el piso. Deslizar las huellas por la baldosa fría, húmeda, a veces limpia a veces sucia, me hacen añorar plantarme en la tierra que tiene una textura distinta: arenosa, suave, humedecida por la lluvia o caliente y seca. La piel de las plantas de los pies tienen una manera de sentir diferente, o mejor aun, una manera de percibir el exterior intensamente pues al dejar el peso del cuerpo sobre ella o quitarla en un salto para movilizar el aire me despiertan sensaciones de movimiento diferentes. Los pies como raíces cuentan con la ventaja de tener una piel tan fina pero tan fuerte que permiten una y otra vez una especie de fusión del cuerpo con el suelo. A veces es enterrarse, a veces volarse, lo cierto es que desde allí he logrado un par de movimientos placenteros en busca de una sensación menos claustrofóbica y más tranquila. Es en resumidas cuentas, solo una manera de habitar el encierro. He tenido sueños extraños, quizás los pensamientos están buscando otras realidades para pegarse a ellas y seguir. Lo mismo me ocurre con la piel, siento que busca sensaciones agradables para seguir.

En fin, háblame de tus búsquedas, quiero conocerlas. Un saludo estimado amigo y colega, espero sientas algo al leerme y  como siempre, quedo atenta y a la escucha –o lectura- de tus palabras. 

Abrazos,

C.

¿Usted qué opina?

Revista Paso al Paso, 2019.

Todos los contenidos de la Revista Paso al Paso circulan bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 2.5 Colombia.