Danza, Una experimentación del cuerpo y el pensamiento

Por: Bibiana Quiroz*

 La máquina abstracta de la danza (2019), Daniel Ochoa. Cortesía de la autora.

Desde una perspectiva estética y personal, quisiera abordar un tipo de experimentación corporal, poco urgente pero sí muy inquietante.

Al querer plasmar una metáfora acerca del cuerpo del bailarín, un bichito podría ser una buena semejanza. Von Uexküll biólogo de profesión describe el mundo de una garrapata, la cual se encuentra totalmente ciega y aun así, puede percibir su presa gracias a la sensibilidad que tiene su piel frente a la luz; una vez cerca de su presa, puede identificarle con el olfato la temperatura de la sangre y desplomarse encima de él. Luego, a partir del tacto, busca un lugar para hundirse en el tejido de su presa y succionar lentamente la sangre. Ella sólo extrae tres afectos en medio de la naturaleza, la luminosidad, la temperatura o tacto y el olfato; esta aparente pobreza o sencillez puede dotarla de extrema seguridad y como dice Uexküll, es más importante la seguridad que la riqueza. Según lo anterior, esta metáfora aludirá al mundo de la danza y al mundo de un bailarín refiriéndose a la escasez y reducción de elementos disponibles al momento de la exploración y experimentación con el cuerpo.

En la danza existen todo tipo de garrapatas, no solo las que chupan la sangre, sino otras y de muchas heterogeneidades; cada una con su particularidad y sus diferencias, privilegia algunas sensibilidades que las hace seguras al momento de la ejecución del movimiento. Al respecto, esa escasez en la danza equivale a un factor fundamental en las cualidades y calidades del movimiento, en su estilo, sus velocidades y ritmos que configuran gran parte de una cultura. Tales factores han sido extraídos de la naturaleza misma en la que se han constituido- aunque muchas veces saltan hacia terrenos desconocidos- y resulta casi imposible definir el elemento afectante a simple vista. Una leve vibración, un deseo, un sonido, un color, una línea, un amanecer, etc., pueden ser unos de los miles existentes. Y, ante esta búsqueda colectiva o individual de experimentaciones, valdría preguntar tal vez, sí, así como las garrapatas, ¿un bailarín extraería elementos de un medio que configuren su percepción y genere cierto tipo de movimientos?  

Esta inquietud obliga en un principio conocer el cuerpo de forma tal, que pueda eventualmente descodificar- se; ingresar en él capa por capa como si él, al tiempo, se introdujera por los poros de la piel y se abriera a diversas y desconocidas sensibilidades; extrayendo de un medio aquello que le posibilite ya sea momentáneo o de largo plazo, una percepción que lo conecte consigo mismo e inevitablemente con el mundo.

 Materia: Un juego a la exploración del movimiento y a la poesía del cuerpo sin órganos. Por Daniel Ochoa y Bibiana Quiroz. Video seleccionado en el festival internacional Videomovimiento realizado en Bogotá- Colombia

Con el objeto de realizar un viaje teórico y práctico que ayude a desmenuzar esta inquietud quisiera resaltar a los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari (1980) quienes proponen aludiendo a Antonín Artaud, una experimentación y práctica de cuerpo sin órganos.

Para Deleuze la conciencia no es un ser sustancial [1] y se dispone a crear una explicación genética de la consciencia desde la inmanencia [2], partiendo de la tesis de que no hay conciencia sino encarnada, es decir, bajo un cuerpo que la sostenga. Este cuerpo sin órganos consiste en un uso intensivo del cuerpo donde el artista pretende explorar hasta el límite sus capacidades corporales. Se efectúa en el mismo cuerpo, es decir, no se obtiene uno nuevo sino que se está en él. (Deleuze & Guattari, 198 p. 156) Esta práctica de cuerpo sin órganos no se refiere a que no existan realmente los órganos, sino a una reorganización de los mismos en un medio de intensidad [3], ya sea de luz, de temperatura, de velocidades, de olores etc., que permite que el cuerpo se forme otros brazos, otras piernas; una reinvención del tronco, las rodillas, las miradas.

A saber, el cuerpo que danza es un cuerpo de la experimentación; va creando los órganos a medida de su necesidad o inquietud, o bien por el espacio que lo excede, que contiene en sí mismo una variedad de intensidades. Esta intensidad imbricada en un medio, espacio o escenario, se despliega y esparce en un cuerpo disponible, reconfigurando y recreando movimientos en la medida que se privilegian y se ejercitan sus partes, es como una especie de transacción, vibración u ondas que lo atraviesan.

Y para dar una posible respuesta a aquella cuya pregunta sigue su curso, se podría decir que sí, el cuerpo reproduce aquellas intensidades de un medio. Éstas, siguiendo la idea de cuerpo sin órganos, produciría el órgano mismo, es decir que toda sensibilidad es un proceso de relaciones y los espacios de los sentidos se tornan diferentes a la exposición de intensidad. De este modo las percepciones -cuya tarea se expresa como el primer conocimiento de las cosas- serían escasas, sí, pero sería consciente o según Von Uexküll, sería plena seguridad.

De ello, resulta necesario resaltar el camino de Artaud (aquel del que habla Deleuze & Guattari) hacia un cuerpo sin órganos, quien pretende desmontar la idea de inercia en la escena teatral para transformarla en pasión visceral y experimental del actor; un afuera constante que permita a la vez una comunicación con el interior del cuerpo, un ejercicio de flujos y de intensidades que actúan y reconfiguran un movimiento de conciencia, un movimiento que le es propio al pensamiento.

Notas:
[1] La teoría de la sustancia en Aristóteles es la forma privilegiada de ser. La sustancia de una cosa constituye su ser o su esencia, entendida como aquello que «subyace» o «está debajo» de las cualidades o accidentes, y que les sirve de soporte.
[2] Inmanente es un término que se utiliza en la Filosofía para nombrar a aquello que es inherente  a algún ser o que se encuentra unido, de manera inseparable, a su esencia.
[3] El sistema Deleuziano tiene un concepto para designar al ser de lo sensible: la intensidad. “la intensidad es la forma de la diferencia como razón de lo sensible”.
Referencias:
DELEUZE & GUATTARI, G. D. (1980). Mil mesetas. Paris: Pretextos.
DELEUZE, G. (1988). Diferencia y repetición. Barcelona: Júcar.
WENGER. RODOLFO. 30 de octubre de 2019. El cuerpo sin órganos de A. Artaud y Gilles Deleuze. [mensaje en un blog] PERSPECTIVAS ESTÉTICAS Reflexiones y referencias acerca de temáticas estéticas, filosóficas y artísticas. recuperado de  https://perspectivasesteticas.blogspot.com/2019/10/el-cuerpo-sin-organos-de-artaud-y-g.html
*Bibiana Quiroz
Nació en Medellín Colombia. Desde pequeña tuvo interés por las artes escénicas y callejeras; durante toda su adolescencia cultivó su amor por la danza, el teatro y la música. Estudió en la Universidad de Antioquia licenciatura en Danza finalizada en el año 2014 y Magíster en Estética de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido bailarina en diferentes compañías de danza contemporánea de la ciudad de Medellín y actualmente es cofundadora del colectivo escénico Movimente danzacolectivo de danza creado desde el año 2010 que se centra en la  experimentación y exploración del movimiento, técnicas de aprendizajes desde y para el cuerpo; donde participa como directora, bailarina e investigadora de las diferentes puestas en escena.  
Por: Bibiana Quiroz*

 La máquina abstracta de la danza (2019), Daniel Ochoa. Cortesía de la autora.

Desde una perspectiva estética y personal, quisiera abordar un tipo de experimentación corporal, poco urgente pero sí muy inquietante.

Al querer plasmar una metáfora acerca del cuerpo del bailarín, un bichito podría ser una buena semejanza. Von Uexküll biólogo de profesión describe el mundo de una garrapata, la cual se encuentra totalmente ciega y aun así, puede percibir su presa gracias a la sensibilidad que tiene su piel frente a la luz; una vez cerca de su presa, puede identificarle con el olfato la temperatura de la sangre y desplomarse encima de él. Luego, a partir del tacto, busca un lugar para hundirse en el tejido de su presa y succionar lentamente la sangre. Ella sólo extrae tres afectos en medio de la naturaleza, la luminosidad, la temperatura o tacto y el olfato; esta aparente pobreza o sencillez puede dotarla de extrema seguridad y como dice Uexküll, es más importante la seguridad que la riqueza. Según lo anterior, esta metáfora aludirá al mundo de la danza y al mundo de un bailarín refiriéndose a la escasez y reducción de elementos disponibles al momento de la exploración y experimentación con el cuerpo.

En la danza existen todo tipo de garrapatas, no solo las que chupan la sangre, sino otras y de muchas heterogeneidades; cada una con su particularidad y sus diferencias, privilegia algunas sensibilidades que las hace seguras al momento de la ejecución del movimiento. Al respecto, esa escasez en la danza equivale a un factor fundamental en las cualidades y calidades del movimiento, en su estilo, sus velocidades y ritmos que configuran gran parte de una cultura. Tales factores han sido extraídos de la naturaleza misma en la que se han constituido- aunque muchas veces saltan hacia terrenos desconocidos- y resulta casi imposible definir el elemento afectante a simple vista. Una leve vibración, un deseo, un sonido, un color, una línea, un amanecer, etc., pueden ser unos de los miles existentes. Y, ante esta búsqueda colectiva o individual de experimentaciones, valdría preguntar tal vez, sí, así como las garrapatas, ¿un bailarín extraería elementos de un medio que configuren su percepción y genere cierto tipo de movimientos?  

Esta inquietud obliga en un principio conocer el cuerpo de forma tal, que pueda eventualmente descodificar- se; ingresar en él capa por capa como si él, al tiempo, se introdujera por los poros de la piel y se abriera a diversas y desconocidas sensibilidades; extrayendo de un medio aquello que le posibilite ya sea momentáneo o de largo plazo, una percepción que lo conecte consigo mismo e inevitablemente con el mundo.

 Materia: Un juego a la exploración del movimiento y a la poesía del cuerpo sin órganos. Por Daniel Ochoa y Bibiana Quiroz. Video seleccionado en el festival internacional Videomovimiento realizado en Bogotá- Colombia

Con el objeto de realizar un viaje teórico y práctico que ayude a desmenuzar esta inquietud quisiera resaltar a los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari (1980) quienes proponen aludiendo a Antonín Artaud, una experimentación y práctica de cuerpo sin órganos.

Para Deleuze la conciencia no es un ser sustancial [1] y se dispone a crear una explicación genética de la consciencia desde la inmanencia [2], partiendo de la tesis de que no hay conciencia sino encarnada, es decir, bajo un cuerpo que la sostenga. Este cuerpo sin órganos consiste en un uso intensivo del cuerpo donde el artista pretende explorar hasta el límite sus capacidades corporales. Se efectúa en el mismo cuerpo, es decir, no se obtiene uno nuevo sino que se está en él. (Deleuze & Guattari, 198 p. 156) Esta práctica de cuerpo sin órganos no se refiere a que no existan realmente los órganos, sino a una reorganización de los mismos en un medio de intensidad [3], ya sea de luz, de temperatura, de velocidades, de olores etc., que permite que el cuerpo se forme otros brazos, otras piernas; una reinvención del tronco, las rodillas, las miradas.

A saber, el cuerpo que danza es un cuerpo de la experimentación; va creando los órganos a medida de su necesidad o inquietud, o bien por el espacio que lo excede, que contiene en sí mismo una variedad de intensidades. Esta intensidad imbricada en un medio, espacio o escenario, se despliega y esparce en un cuerpo disponible, reconfigurando y recreando movimientos en la medida que se privilegian y se ejercitan sus partes, es como una especie de transacción, vibración u ondas que lo atraviesan.

Y para dar una posible respuesta a aquella cuya pregunta sigue su curso, se podría decir que sí, el cuerpo reproduce aquellas intensidades de un medio. Éstas, siguiendo la idea de cuerpo sin órganos, produciría el órgano mismo, es decir que toda sensibilidad es un proceso de relaciones y los espacios de los sentidos se tornan diferentes a la exposición de intensidad. De este modo las percepciones -cuya tarea se expresa como el primer conocimiento de las cosas- serían escasas, sí, pero sería consciente o según Von Uexküll, sería plena seguridad.

De ello, resulta necesario resaltar el camino de Artaud (aquel del que habla Deleuze & Guattari) hacia un cuerpo sin órganos, quien pretende desmontar la idea de inercia en la escena teatral para transformarla en pasión visceral y experimental del actor; un afuera constante que permita a la vez una comunicación con el interior del cuerpo, un ejercicio de flujos y de intensidades que actúan y reconfiguran un movimiento de conciencia, un movimiento que le es propio al pensamiento.

Notas:
[1] La teoría de la sustancia en Aristóteles es la forma privilegiada de ser. La sustancia de una cosa constituye su ser o su esencia, entendida como aquello que «subyace» o «está debajo» de las cualidades o accidentes, y que les sirve de soporte.
[2] Inmanente es un término que se utiliza en la Filosofía para nombrar a aquello que es inherente  a algún ser o que se encuentra unido, de manera inseparable, a su esencia.
[3] El sistema Deleuziano tiene un concepto para designar al ser de lo sensible: la intensidad. “la intensidad es la forma de la diferencia como razón de lo sensible”.
Referencias:
DELEUZE & GUATTARI, G. D. (1980). Mil mesetas. Paris: Pretextos.
DELEUZE, G. (1988). Diferencia y repetición. Barcelona: Júcar.
WENGER. RODOLFO. 30 de octubre de 2019. El cuerpo sin órganos de A. Artaud y Gilles Deleuze. [mensaje en un blog] PERSPECTIVAS ESTÉTICAS Reflexiones y referencias acerca de temáticas estéticas, filosóficas y artísticas. recuperado de  https://perspectivasesteticas.blogspot.com/2019/10/el-cuerpo-sin-organos-de-artaud-y-g.html
*Bibiana Quiroz
Nació en Medellín Colombia. Desde pequeña tuvo interés por las artes escénicas y callejeras; durante toda su adolescencia cultivó su amor por la danza, el teatro y la música. Estudió en la Universidad de Antioquia licenciatura en Danza finalizada en el año 2014 y Magíster en Estética de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido bailarina en diferentes compañías de danza contemporánea de la ciudad de Medellín y actualmente es cofundadora del colectivo escénico Movimente danzacolectivo de danza creado desde el año 2010 que se centra en la  experimentación y exploración del movimiento, técnicas de aprendizajes desde y para el cuerpo; donde participa como directora, bailarina e investigadora de las diferentes puestas en escena.  

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Revista Paso al Paso, 2019.

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