El bailaor de soledades

A propósito del reciente festival de Flamenco, El bailaor de soledades es un libro para conservar en la mesa de noche y regresar a él en cada vaivén que asome la duda o el goce de la danza. La portada, simple y desprovista de una imagen, es el umbral hacia la conmoción interior que se desencadena en evocaciones, sentimientos y conceptos de Didi Huberman hacia Israel Galván. Trascendiendo el flamenco, este texto es sobre el acto de danzar, de vivir la danza, de las detenciones por la danza, de sensibilidades ocultadas para apreciar la danza.

Estamos desgraciadamente acostumbrados a disfrutar de las artes por separado: son absurdas las galerías de arte y las salas de conciertos. Las artes absolutas son un triste vicio moderno.

-Nietzsche citado por Didi Huberman

Con los ojos de la admiración, la boca del respeto, las palabras de la sabiduría y la inocencia; con el cuidado de nombrar lo innombrable como la danza, con la delicadeza que merece, vestida de poesía, Didi Huberman entrega su “alma” en este texto.  Respetuoso e intrigado por el flamenco, el duende le inspira. Consciente, como bien enuncia, que tanto el flamenco como el ballet caen en la crítica burguesa, donde se precia de “saber”; él en cambio deja que la resonancia del bailador Israel Galván, lo guíe en sus soledades. 

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Fragmentos de El bailaor de soledades

Bailador de soledades, no por estar solo en el centro de la maestranza, sino por bailar consigo mismo y sus soledades. Bajo la piel de Nietzsche, se acerca a este acontecimiento de destellos e instantes invocando a las artes griegas y dejando a un lado la estética categorizante occidental que se afana en separar las artes y a los cuerpos del arte.

En cambio, nos convoca a dejarnos atravesar por la danza, por la imagen, por el sonido, por el espacio y por los tiempos, de manera simultánea.  

Decir que es un/el libro sublime por su capacidad de ver-sentir-percibir-apreciar-resonar la danza, en el cual cada página conmueve y remueve, y se admira como también se agradece la enorme capacidad del autor por “bientratar” la danza, no se acerca siquiera al texto mismo. A manera de ritual, de reencuentro con la esencialidad vital danzada, este libro con sus palabras justas y bondadosas, generoso en ideas y conceptos, leerlo es un regalo que se hacen, bailándose sus soledades.

A propósito del reciente festival de Flamenco, El bailaor de soledades es un libro para conservar en la mesa de noche y regresar a él en cada vaivén que asome la duda o el goce de la danza. La portada, simple y desprovista de una imagen, es el umbral hacia la conmoción interior que se desencadena en evocaciones, sentimientos y conceptos de Didi Huberman hacia Israel Galván. Trascendiendo el flamenco, este texto es sobre el acto de danzar, de vivir la danza, de las detenciones por la danza, de sensibilidades ocultadas para apreciar la danza.

Estamos desgraciadamente acostumbrados a disfrutar de las artes por separado: son absurdas las galerías de arte y las salas de conciertos. Las artes absolutas son un triste vicio moderno.

-Nietzsche citado por Didi Huberman

Con los ojos de la admiración, la boca del respeto, las palabras de la sabiduría y la inocencia; con el cuidado de nombrar lo innombrable como la danza, con la delicadeza que merece, vestida de poesía, Didi Huberman entrega su “alma” en este texto.  Respetuoso e intrigado por el flamenco, el duende le inspira. Consciente, como bien enuncia, que tanto el flamenco como el ballet caen en la crítica burguesa, donde se precia de “saber”; él en cambio deja que la resonancia del bailador Israel Galván, lo guíe en sus soledades. 

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Fragmentos de El bailaor de soledades

Bailador de soledades, no por estar solo en el centro de la maestranza, sino por bailar consigo mismo y sus soledades. Bajo la piel de Nietzsche, se acerca a este acontecimiento de destellos e instantes invocando a las artes griegas y dejando a un lado la estética categorizante occidental que se afana en separar las artes y a los cuerpos del arte.

En cambio, nos convoca a dejarnos atravesar por la danza, por la imagen, por el sonido, por el espacio y por los tiempos, de manera simultánea.  

Decir que es un/el libro sublime por su capacidad de ver-sentir-percibir-apreciar-resonar la danza, en el cual cada página conmueve y remueve, y se admira como también se agradece la enorme capacidad del autor por “bientratar” la danza, no se acerca siquiera al texto mismo. A manera de ritual, de reencuentro con la esencialidad vital danzada, este libro con sus palabras justas y bondadosas, generoso en ideas y conceptos, leerlo es un regalo que se hacen, bailándose sus soledades.

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Revista Paso al Paso, 2019.

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